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lunes, febrero 2, 2026

El mes que cambió Venezuela: de los ataques de Estados Unidos a la amnistía de presos políticos

El mes que cambió Venezuela: de los ataques de Estados Unidos a la amnistía de presos políticos

Publicado originalmente por Florantonia Singer y María Martín en El País. Compartimos este reportaje por su relevancia e interés periodístico:

La captura del presidente Maduro inicia en el país petrolero una incierta transición tutelada por Trump.

Venezuela está a punto de cerrar un mes de vértigo. Desde la madrugada del 3 de enero los acontecimientos se han precipitado a una velocidad desconocida: un ataque militar quirúrgico, un chavismo desposeído de su líder, un régimen que se sobrepone y coopera con el enemigo, algunos signos de apertura, la redefinición del mercado petrolero. Y, finalmente, un gesto inesperado: una amnistía general de todos los presos políticos, el primer reconocimiento explícito de que el ciclo de la violencia política debe cerrarse para abrir otro horizonte posible.

A dónde conduce este camino aún está por verse, pero la cadena de hechos del último mes ha convertido la intervención militar en un nuevo catalizador del momento político. La amnistía ha sido el gran punto de inflexión, sostienen fuentes que siguen de cerca los movimientos del chavismo. La liberación general de presos políticos ya había estado sobre la mesa en al menos dos procesos de diálogo anteriores, pero nunca llegó a concretarse: eran fórmulas limitadas, centradas en excarcelaciones puntuales que no extinguían los procesos judiciales. Esta vez ha sido distinto.

Negociadores y mediadores —antiguos y actuales— han celebrado una medida que califican de histórica. “Delcy Rodríguez, la presidenta encargada, ha sabido leer el tiempo. Podría haber continuado con las excarcelaciones individuales, pero ha sido inteligente y ha optado por la amnistía”, explica una de esas fuentes desde Caracas. Más allá de su olfato para moverse en este momento pantanoso, el fuerte contexto social a favor de las liberaciones terminó de forzar su decisión.

Hoy todos los ojos están puestos en Venezuela. La atención internacional y la aceleración de los acontecimientos han creado un clima nuevo, incierto, pero que está permitiendo reivindicaciones que hasta hace semanas eran impensables. Así han rebrotado las protestas, apagadas durante meses por el recrudecimiento de la represión. Los familiares de los presos políticos se han mantenido en vigilia permanente desde que se anunciaron las primeras liberaciones que, en seguida, se presentaron como insuficientes para edulcorar una política represiva que arrastra cerca de un millar de detenidos por razones ideológicas. La bisagra del 3 de enero desactivó algunos de los miedos más arraigados de una sociedad civil arrinconada por años de persecución y silenciamiento.

La causa de los presos políticos agrietó el miedo. Movilizó a los estudiantes y empujó también a las dirigencias de los partidos opositores, incluido Vente Venezuela, de la líder María Corina Machado, a salir de la clandestinidad y a acompañar una lucha que durante años habían sostenido madres, esposas, hermanas e hijas desde las cárceles.

El petróleo como carta de negociación

Las primeras señales tras el 3 de enero fueron confusas. Primero se pensó en el desmoronamiento del régimen, pero en seguida todo empezó a indicar que Venezuela se encaminaba hacia un reacomodo del poder con el petróleo como carta negociadora y con un aparente espíritu de reabrirse hacia dentro y hacia fuera. Hacia fuera, Donald Trump tutela Venezuela desde Washington. Desde dentro, el chavismo intenta contrarrestar las imposiciones con un mensaje interno: Donald Trump no manda. Maduro ya había pensado todo esto.

La mano de Trump dejó grietas visibles en la cúpula chavista. En un vídeo que registró una reunión de comunicadores del chavismo en el que participó Delcy Rodríguez telefónicamente, se reveló con claridad el alcance del golpe. En esa llamada con la presidenta en manos libres, Rodríguez confesó que aquel 3 de enero Estados Unidos les habría dado 15 minutos para decidir, bajo amenaza de muerte, si cooperaban.

En el mismo relato de debilidad, el chavismo es capaz de exaltar su fortaleza. En esa llamada, Rodríguez advirtió de que seguían en resistencia y pidió confianza en el alto mando político de la revolución. “Nunca hay que dudar de que la dirección política está firmemente comprometida con nuestros objetivos, aunque a veces se den pasos tácticos o acciones poco comprensibles”, dijo. El mensaje apuntaba a contener fisuras internas en una etapa de supervivencia política, la de mayor repliegue del chavismo en el poder.

Ese reajuste permanente del discurso político ha obligado a la presidenta encargada a apagar fuegos dentro de casa. Disipar acusaciones de traición y de entrega de la soberanía a Estados Unidos se ha vuelto clave para mantener el control interno. Esta semana, Elías Jaua, exvicepresidente de Hugo Chávez y excanciller de Nicolás Maduro, describió a Venezuela como un país ocupado.

Ese equilibrio inestable explica también el alcance —y las dudas— del histórico anuncio de la amnistía. Defensores de derechos humanos han advertido sobre la necesidad de que el proceso no derive en una evasión de responsabilidades por detenciones arbitrarias, torturas y otras violaciones. El Helicoide, convertido en símbolo, representa un pasado que no puede cerrarse sin memoria histórica.

El diseño de la amnistía fue encargado a Diosdado Cabello, figura clave del aparato represivo. De cómo se resuelva esa paradoja dependerá el rumbo de la transición política en Venezuela.

Nada de esto había sido posible antes. La violación del derecho internacional cometida por Estados Unidos al bombardear Caracas, con 83 muertos, para capturar a Nicolás Maduro y Cilia Flores, forzó una salida que el régimen rechazó hasta el final.

El papel de María Corina Machado queda ligado a los límites de esta transición. Convertida en enemiga central del proceso, enfrenta la amenaza de cárcel, que una eventual amnistía debería desactivar. Tras reunirse con Donald Trump, le ofreció el símbolo del Premio Nobel que el republicano buscaba.

Machado salió de Venezuela a finales de 2025 en una operación apoyada por Estados Unidos y viajó a Noruega. Ha aceptado el manual de transición impulsado por Marco Rubioestabilización, recuperación y transición— mientras aguarda su momento.

Más allá de la amnistía, la estructura represiva sigue intacta. Esta semana, Venevisión transmitió declaraciones de Machado desde Washington, pero la señal fue retirada de plataformas estatales. La transición venezolana parece haberse abierto, pero aún no están claras las reglas del juego.

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