La crisis energética en Cuba se ha profundizado en las últimas semanas y mantiene al país en un escenario cercano al colapso económico y social. La isla apenas produce alrededor del 40 % del petróleo que consume, mientras que el resto dependía de importaciones provenientes principalmente de Venezuela y México, suministros que hoy son irregulares o prácticamente inexistentes.
La escasez de combustible ha provocado apagones prolongados y generalizados en gran parte del territorio nacional, con cortes eléctricos que en algunas regiones superan las 20 horas diarias. La situación ha impactado de forma directa en servicios básicos como el abasto de agua, la atención médica, el transporte público y la actividad productiva, agravando el malestar social.
El sistema termoeléctrico cubano opera con múltiples fallas y plantas fuera de servicio, lo que limita la capacidad de respuesta del gobierno ante la creciente demanda energética. A ello se suma la falta de divisas para adquirir combustible en el mercado internacional, en un contexto marcado por sanciones económicas y restricciones financieras.
El sector turístico, una de las principales fuentes de ingresos del país, también resiente la crisis. Varias aerolíneas han reducido o suspendido vuelos hacia la isla debido a la escasez de combustible para aviación, lo que amenaza con profundizar la caída de ingresos en divisas.
Mientras tanto, el gobierno cubano ha reconocido la gravedad del panorama y ha llamado a la población a resistir las afectaciones, al tiempo que busca apoyos internacionales y alternativas energéticas. Analistas advierten que, sin un suministro estable de petróleo y sin una recuperación del sistema eléctrico, Cuba enfrenta uno de los momentos más críticos de las últimas décadas.

