La tensión en Medio Oriente también afecta a canchas, autódromos y aeropuertos. Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, junto con la respuesta iraní, han provocado cierre de espacios aéreos y la suspensión de competiciones deportivas en varios países de la región. El deporte internacional enfrenta un escenario de incertidumbre.
Uno de los eventos más impactados es la Finalissima, el duelo entre campeones de Europa y América entre España y Argentina, programado el 27 de marzo en Qatar. La federación qatarí suspendió todas las competiciones en su territorio hasta nuevo aviso. Desde Europa se sigue la situación minuto a minuto y no se descarta buscar sede alterna si las condiciones no mejoran.
El Mundial 2026 también se ve afectado. Irán debía jugar la fase de grupos en Estados Unidos, pero la escalada diplomática genera incertidumbre y afecta la concentración del equipo en el futbol.
Aunque la temporada de Fórmula 1 inicia en Australia sin cambios, varias competencias programadas en Oriente Medio están bajo evaluación. La Federación Internacional del Automóvil (FIA) asegura que cualquier decisión estará guiada por la seguridad de equipos y aficionados.
El impacto en el básquetbol europeo fue inmediato: un torneo juvenil en Abu Dabi fue suspendido y varios equipos permanecen varados por cancelación de vuelos. La Euroliga también aplazó partidos ante la imposibilidad de trasladar a los clubes.
En el tenis, jugadores que competían en Dubái y Doha buscan rutas alternas para llegar a Indian Wells, mientras organizadores trabajan contrarreloj para evitar ausencias de última hora.
Por ahora, federaciones y atletas esperan que la calma regrese pronto. Sin vuelos, sin garantías de seguridad y con la tensión al máximo, la competencia deportiva internacional pasa a segundo plano.

