Carlos Alberto Manzo Rodríguez, conocido públicamente como Carlos Manzo, nació el 9 de mayo de 1985 en Uruapan, Michoacán. Con formación académica en Ciencias Políticas y Gestión Pública por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), destacó desde joven por su activismo social y medioambiental, rasgos que marcaron de manera decisiva su trayectoria pública.
Manzo inició su carrera profesional como auditor en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde adquirió experiencia en los procesos de la administración pública. Posteriormente, entre 2021 y 2024, se desempeñó como diputado federal por el partido Morena. Durante su paso por el Congreso impulsó diversas iniciativas, entre ellas una propuesta para penalizar los disparos al aire con sanciones de prisión o multas. Aunque la iniciativa no prosperó, su énfasis en temas de seguridad pública lo posicionó como un actor político atento a las condiciones de violencia que afectan a Michoacán.

A pesar de su vinculación inicial con Morena, Manzo decidió romper con el partido previo a las elecciones municipales de 2024, en las que se postuló como candidato independiente. Enfrentando a su antigua fuerza política, construyó una campaña basada en un discurso de mano dura contra el crimen organizado, lo que le permitió obtener una victoria contundente con 66 por ciento de los votos. El resultado lo convirtió en el primer alcalde independiente de Uruapan y en una de las figuras más visibles del escenario político estatal.
A los 40 años, Manzo adoptó el apodo de “el del sombrero michoacano”, símbolo que acompañó su imagen pública durante el inicio de su mandato y que reflejaba un estilo de liderazgo directo y confrontativo.
Desde su llegada a la presidencia municipal en septiembre de 2024, se volvió habitual verlo recorrer las calles de Uruapan con chaleco antibalas y sombrero, una imagen que buscaba transmitir cercanía, determinación y compromiso con la seguridad de la población.
Uno de los rasgos que definió su gestión fue una estrategia de seguridad orientada a la confrontación directa con los grupos criminales. Manzo sostuvo públicamente que enfrentar al crimen organizado era indispensable para recuperar el orden y proteger a la ciudadanía. En ese marco, impulsó la adquisición de vehículos blindados para la policía municipal, con el objetivo de reducir la vulnerabilidad de los agentes frente al armamento de alto poder utilizado por las organizaciones delictivas.
Su enfoque alcanzó uno de sus momentos más relevantes el 27 de agosto de 2025, cuando se logró la captura de René Belmonte, alias “El Rhino”, señalado como presunto líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El hecho marcó un punto de inflexión en su lucha contra el crimen, pero también incrementó las tensiones en la región. Ante posibles represalias, Manzo activó el Código Rojo en Uruapan, exhortando a la población a resguardarse tras reportes de la presencia de un grupo armado en el municipio.

Sin embargo, el 1 de noviembre de 2025, durante un evento público con motivo de las celebraciones del Día de Muertos, Carlos Manzo fue asesinado a tiros en un ataque armado. El crimen provocó una profunda conmoción en Uruapan y en todo Michoacán, detonó protestas ciudadanas y volvió a evidenciar la fragilidad de las autoridades locales frente a la violencia criminal. Su asesinato se inscribió en un contexto de creciente agresión contra funcionarios públicos en regiones marcadas por la disputa territorial de grupos delictivos.

La muerte de Carlos Manzo cerró de manera abrupta el capítulo de un político que, en pocos meses al frente de la alcaldía de Uruapan, se ganó reconocimiento y controversia en igual medida. Su figura quedó marcada como la de un liderazgo local que asumió riesgos extremos en uno de los escenarios más complejos de seguridad del país, convirtiéndose en un referente inevitable en la discusión sobre la violencia política en México.

