La presidenta Claudia Sheinbaum arrancó la semana con un posicionamiento claro en su conferencia matutina: México mantendrá su apuesta por la paz internacional, al tiempo que busca recomponer, sin olvidar el pasado, su relación con España.
Desde Palacio Nacional, la mandataria respaldó el llamado del Papa León XIV, quien en los últimos días ha cruzado declaraciones con el presidente estadounidense Donald Trump en medio de la tensión en Medio Oriente. Sin rodeos, Sheinbaum celebró la postura del pontífice y la definió como congruente con su papel: insistir en frenar la escalada de conflictos bélicos.
“El Papa ha estado llamando permanentemente a la paz”, dijo, al destacar que su mensaje no se limita a una sola nación, sino que alcanza a todos los actores involucrados en la agenda internacional de paz. Para la presidenta, se trata de una voz con peso no solo religioso, sino también político, al representar al Estado Vaticano en el ámbito internacional.
Las declaraciones llegan después de que Trump arremetiera contra León XIV, a quien acusó de ser débil y de opinar indebidamente en política exterior. El pontífice, por su parte, respondió desde su gira en África: la Iglesia —dijo— tiene una obligación moral de oponerse a la guerra y no cederá ante presiones.
En otro frente, Sheinbaum se refirió a la relación entre México y España, marcada en los últimos años por diferencias en torno al pasado colonial. Aseguró que, pese a los desencuentros, nunca ha habido una ruptura diplomática formal, aunque sí reconoció un cambio reciente en el tono del diálogo bilateral entre ambos gobiernos.
La presidenta confirmó que el próximo 18 de abril viajará a Barcelona, en el marco de su agenda internacional. No será una visita de Estado, aclaró, sino un encuentro con líderes de corte progresista como Pedro Sánchez, Gustavo Petro, Luiz Inácio Lula da Silva y Yamandú Orsi, en un foro de líderes progresistas internacionales.
Más allá de la agenda internacional, la mandataria volvió sobre un tema constante en su gobierno: la revisión histórica de la Conquista de México. Rechazó las narrativas que la presentan como un simple “encuentro de dos mundos” y la describió como un proceso violento contra los pueblos originarios.
En ese contexto, consideró como un avance el reconocimiento del rey Felipe VI sobre los abusos cometidos durante ese periodo, aunque dejó claro que no es suficiente. “Hay que seguir trabajando”, señaló, al insistir en la necesidad de una memoria histórica más completa entre ambos países.

