Publicado originalmente por Elena San José en El País. Compartimos este reportaje por su relevancia e interés periodístico:
El empresario mexicano, que adeuda 51.000 millones de pesos al Estado, puede lograr una rebaja fiscal de hasta el 39% por hacer el desembolso voluntariamente.
El pleito fiscal que Ricardo Salinas Pliego protagoniza con Hacienda desde hace casi dos décadas se acerca al final. El viernes pasado se acababa el plazo para que el empresario saldara voluntariamente sus deudas, que ascienden a 51.000 millones de pesos como consecuencia de los recargos que se han ido acumulando por el retraso en el pago. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha confirmado este lunes, durante su conferencia matutina, que un día antes el magnate declaró su “deseo de pagar”, sorteando así, al menos por el momento, el desenlace más dañino para sus empresas: enfrentarse al embargo de sus bienes, el escenario previsto por la ley en caso de impago. Dado que ha mostrado la intención de hacerlo dentro del plazo establecido por el servicio tributario (SAT), podrá acogerse a una rebaja fiscal de hasta el 39%. De acuerdo con la mandataria, esta misma semana deberá quedar establecido el monto final y la forma de pago.
Lograr una disminución de ese calibre es ahora el horizonte más favorable para Salinas Pliego, que se quedó sin opciones para eludir el desembolso después de que los poderes Legislativo y Judicial terminaran de cercarlo: el primero, con la reforma al recurso de amparo que le impedía seguir dilatando el proceso; el segundo, con una sentencia de la Suprema Corte, la última instancia nacional, que validó los fallos de los tribunales colegiados, que ya le habían conminado a pagar. El empresario ha evitado hacer declaraciones en los últimos días, como había hecho en otras ocasiones, y se fue de la ciudad con su familia durante el fin de semana. Su interacción en redes, no obstante, ha sido constante y da buena muestra de su disconformidad con el cobro.
Tanto es así, que este mes el dueño de TV Azteca escaló la causa a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ante la que denunció al Estado mexicano por “persecución política”. La Comisión deberá decidir si acepta su caso y lo traslada a la Corte, un procedimiento que podría tardar años y que no le va a permitir sortear el cobro de sus deudas en México, un proceso que ya está en fase de ejecución y cuyo final es inminente.
La disputa que terminará, si todo va según lo previsto, esta semana, se arrastra desde hace 17 años y tiene su origen en créditos fiscales impugnados de ejercicios fiscales que van del 2008 al 2013. Elektra es la principal compañía afectada, pues la gran mayoría de los juicios tienen que ver con un cálculo indebido en las pérdidas de esta empresa. Ese cálculo le había permitido al empresario reducir artificialmente sus obligaciones fiscales. El SAT lo peleó en los tribunales y ha vencido al magnate en todas las instancias judiciales.
La batalla con Salinas Pliego es de vital importancia para el Gobierno de Sheinbaum, tanto en el plano práctico como en el simbólico. Siguiendo los pasos de su predecesor, el morenista Andrés Manuel López Obrador, la mandataria está tratando de cerrar todos los agujeros por los que las arcas públicas pierden el dinero con el que el Estado cuenta para mantener sus programas sociales. Es la única forma de aplazar una reforma fiscal de la que todos los Ejecutivos reniegan, aunque sea por un tiempo. Así, la persecución de los deudores fiscales permitió aumentar la recaudación pública un 4,8 % el año pasado, unos 500.000 millones de pesos. Las deudas del empresario son solo la punta visible del iceberg, pero hacerse con ese botín no solo engrosa la Hacienda pública, sino que sienta el precedente para quien quiera emprender el camino de la evasión.
No es un triunfo menor. En el plano político, Salinas Pliego se enfrenta al Gobierno casi cada día y se ha convertido en la principal cabeza visible de un espectro opositor que no logra hacerse un hueco dentro de un escenario dominado por Morena. El empresario, uno de los hombres más ricos de México, no ha dado todavía el salto a la arena política, aunque sus apariciones públicas dejan entrever que la idea no le disgusta del todo. “Es hora de sacar a los zurdos de mierda”, dijo en la celebración de su 70 cumpleaños, en octubre pasado, una expresión que resonaba en el lenguaje del presidente ultra argentino, Javier Milei. El magnate ha visitado también al presidente salvadoreño, Nayib Bukele, fuertemente criticado por los defensores de los derechos humanos, e impulsa en México un movimiento similar al que representa Trump en Estados Unidos bajo las siglas MACC: Movimiento Anticrimen y Anticorrupción.
En el horizonte político todo está abierto y es todavía incierto, pero en el plano judicial y fiscal las cartas están echadas y el final es inminente. Nada puede frenar ya el cobro de sus deudas, que se han convertido en una prioridad para el Ejecutivo. “Esta semana tiene que quedar resuelto”, ha asegurado la presidenta esta mañana. Los escenarios ya no son pagar o no pagar, sino cuánto podrá ahorrarse en el millonario desembolso.

