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viernes, junio 21, 2024

La Tercera Voz 45

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La semana embiste tranquila. En pleno sosiego. A la espera del viaje.

Lunes:

Ella asiste muy puntual a las 9:30 a.m. a su entrevista de
todos los días a las Industrias del Ingeniero T. Este hombre es de una formalidad y puntualidad poco usuales hoy
día. Parece criado en Alemania. Charla largas horas de las
anécdotas de la Hacienda Del Valle, de los paseos a caballo, de las primeras idas al cine, de las primeras veces que
subió al tren para ir a su pueblo Atotonilco, de las abundantes viandas de la hacienda, de cómo castraban los toretes y de cómo él era inmensamente feliz en el campo, comiendo naranjos de aquel árbol donde mataran durante
la Guerra Cristera en 1929, al General Gorostieta:
—Había allí en ese árbol de naranja una cruz enorme.
Eran las naranjas más dulces de todo el huerto, yo era
feliz trepando ese naranjo —dice con tono nostálgico el
Ingeniero.
—Yo soy un hombre de campo —enfatiza.
Las largas horas de conversación con el Ingeniero son
una delicia a los oídos de Ella. Este hombre tiene una
memoria prodigiosa y una dulzura que se asoma en sus
ojos azules. Esos ojos azules, del azul agave de los Altos
de Jalisco. O verdes del valle de Atotonilco. Verde dulzura, color de la esperanza. Bien, le decía su amigo Charles
E. que no hay como conocer a los verdaderos hombres,
“los hombres duros de los Altos de Jalisco”. El Ingeniero
tiene todo el aplomo y la gallardía de un hombre de los
que tanto le ha hablado Charles E., por ende, es un hombre de palabra. De los que ya no hay, de los que ya no
existen. Extinto está ya este género. ¿Existió acaso?
Antes de retirarse de su oficina, sorprende a Ella la visita de la hija del Ingeniero. Él le explica a Ella:
—Mire usted, este es el vivo retrato de mi madre.
La hija abraza al padre, lo colma a besos. Mira a Ella y
le dice:
—Nunca podré acostumbrarme a su ausencia. Es el
único hombre que me ha dado algo en la vida. El único.
Esos ojos verdes como el agua… esos ojos verdes como el
agua… esos ojos verdes como los de K Mayúscula se va pensando Ella cuando se retira de la oficina del Ingeniero T.

Martes:

Ella recibe un correo electrónico de K Mayúscula:
—No sé cómo puedes vivir con tan pocas horas de sueño. Espero que hayas tenido un maravilloso fin de semana. Qué gusto me dará verte ahora que vengas a vernos
a todos acá en Texas. Espero que tengas un maravilloso
fin de semana.
Ella lo lee y no puede evitar la tentación de reenviárselo a su amiga Giraffe, para que desde su perspectiva
anglosajona le dé una versión más cercana de lo que la K
Mayúscula, dos por dos, gringo cuadrado quiere decirle.
Así que Giraffe responde:
—1. No sé como puedes vivir con tan pocas horas de
sueño (significa que yo soy disciplinado y duermo al
menos 7 horas al día).2. Qué gusto me dará verte ahora
que vengas a vernos a todos acá en Texas (me da miedo
decirte que muero por verte, por eso incluyo a todo el
equipo para matizar el miedo) 3. Espero que tengas un
maravilloso fin de semana (Pero no tan bueno como el
próximo cuando llegues a Frisco).
Y Ella sonríe al leer la respuesta de Giraffe. “¡Bendita
sea la traducción simultánea!”, espeta para sus adentros.
Pero Ella ya no se desfosfata en buscar el texto que subyace al texto, el metalenguaje, el metarelato, K Mayúscula simplemente escribe lo que quiere expresar y ya. Sin
artificio. No hay intersticio en su escritura.

Miércoles:

Llega su amiga La Sanchesina de ciudad de México a visitar a Ella. Le trae un regalo del pintor Armando García de
Fernando. Es un cuadro bello. En color azul. “El Reposo”,
se llama la obra. Es un óleo. Ella lo mira. Ahí se demora y
se pierde.

Jueves:

Ella recibe un obsequio por mensajería. Se trata del más
reciente libro del Kilimanjaro: “Impudorosas, Definitivas, Míticas y Afectuosas y Ponderadas Muertes”. Ella lo
guarda en el último lugar de la lista de libros que tiene
acomodados pendientes para su lectura. Barroquísimo,
el título. De todos modos abre la primera página y lee la
dedicatoria:
“Ella de mis distancias:
Bien dice el gran Espinosa que amar no es alegría, yo
con amor te devuelvo tu dolor. Y tú con tu silencio acrecientas mi locura. Como bien decía Borges: “me duele
una mujer en el cuerpo”. Quizá al igual que tú para sobrevivir habré de volverme duro e indiferente. Vienes de
un linaje de mujeres duras y sobrevivientes. Quizá. Solo
eso, un beso Kili”
Ese Kili y sus intensidades —piensa Ella. Pero ya no se
detiene. Hay amores que solo pasan, pasan como todo.
Impalpables. No se quedan. El olvido se los lleva. Pero
no deja Ella de reconocer que le tiene algo de “aprecio”.
Y hasta le cae bien, a veces.

Viernes:

Ella asiste nuevamente a la asidua entrevista con el Ingeniero T. Le lleva impresa una información sobre la Hacienda Del Valle donde él fuera criado. El Ingeniero no
disimula la emoción al ver el artículo. Abre entonces una
de las gavetas de su cómoda. Saca una botella de Tequila
Siete Leguas y brinda con Ella. Imposible decir que no, así
Ella esté en ayunas y tratamiento homeopático. Pero bien
merece la pena brindar un viernes a las 9:30 am con un
excelente tequila de los Altos de Jalisco con un caballero
de esa talla. Su mirada se parece a la de K Mayúscula, casi
tibia, casi mansa. Dulce abrigo.
Se reúnen en casa de Giraffe a una pozolesca cena de
amigos varios: el Doctor A., Caracolita Paseante y harto inquieta —por cierto—, el amigo Asesor de Logística
Existencial y Ella. Allí toman, toman, toman y también
cenan pozole. Una versión anglo-michoacana bastante
rica, por cierto. Conversan hasta las 3:00 de la mañana.

Sábado:

Ella va a desayunar barbacoa con su amigo estrógeno-dependiente:
—Odio la barbacoa —insiste Ella, me da náusea, no
me gusta.
Sin embargo, lo acompaña y se toma una deliciosa y
helada cerveza en ayunas. El amigo ED hace planes para
alcanzarla ahora que Ella se vaya al País del Silencio.
—Mira, tú te vas el sábado y yo te caigo el jueves, ¿qué
te parece? Vas por mí al aeropuerto y el sábado hacemos
un pachangón con tus amigos, yo preparo una megapaella y nos regresamos el domingo crudísimos bien temprano. Por ahí derecho me presentas a tus amigas, esas
bellezas, candidatas al pronto divorcio. —Espeta afable
ED y con esa seguridad tan de él.
En la tarde se reúnen amigos varios en el espléndido jardín de Caracolita a celebrarle su onomástico. Los
Huehues dificultan el paso por algunas calles de Cholula. El amigo Petrak y Ella llegan tarde, pero llegan. La concurrencia es más bien poca, la tarde es soleada. La
madre de Caracolita ha preparado belicosas ensaladas.
Giraffe y Ella, no obstante el trasnocho, toman vino tinto. Estrógeno-Dependiente tiene a la mesa entretenida a carcajada abierta con sus historias “policiacas”. Caracolita Paseante está feliz. Ella se retira temprano. Los críos la esperan en casa.

Domingo:

Ella va al Tianguis de Analco a hacer las últimas compras
artesanales para el pronto viaje al País del Silencio. Allí
ve a los Huehues danzar, desde pequeña siempre le han
producido fascinación, la embelezan con sus máscaras y
colores. Entonces se une al grupo y baila con ellos, buscando en vano su mirada. —Son tan bellos, si tan solo me
miraran —piensa. Quien sí la mira, en cambio, es un diablo. Con la cara cubierta de pelo, los ojos rojos, negra la
barba. Hermoso también. El diablo brinca, se aproxima a
Ella, la toma por el brazo. La invita a danzar con él. Ella se
detiene. Recuerda que quien baila con el diablo se acuesta
con él. Entonces se sale del desfile. Se encamina al estacionamiento. Toma su coche y regresa a casa.
En la noche Ella recibe una llamada del Kilimanjaro:
—Hola perdona que te hable a tu casa, quiero que escuches esta canción en la voz de María Dolores Pradera…
Y acerca la bocina del teléfono donde Ella escucha “Ciudades” de José Alfredo Jiménez. Ella le corresponde el llamado con la canción “Morning Blue” de Giant Rooks,
It’s not worth the mention, the way I feel
Oh, I just kinda hope it wasn’t real
Starting the engine every single day
But everywhere I go I couldn’t stay
It’s just a daydream
It’s not what it seems
Intoxicating, hallucinating
I keep on changing
To make a statement
I gotta go (I gotta go, I gotta go)
You know I’ll be on my way-ay-ay-ay to you
I wanna feel like I’m supposed to
Sending shivers down my spine
I’m on my back, you’re on my mind
Get away-ay-ay in the morning blue
But I can’t get over you
(But I can’t get over you)
I can feel the tension
Running through my veins
Oh, I been feeding myself to the flame
If I pay close attention
I can make it last
But I can’t form a thought inside my head
Too much at stake here
I cannot stay here
I gotta go (I gotta go, I gotta go)
You know I’ll be on my way-ay-ay-ay to you
I wanna feel like I’m supposed to
Sending shivers down my spine
I’m on my back, you’re on my mind
Get away-ay-ay in the morning blue
But I can’t get over you
But I can’t get over you
Oh, we have come so far, but couldn’t reach the stars
Oh no, we’re still too far, too far away
Oh, we have come so far, but couldn’t reach the stars
Oh no, we’re still too far
I’ll be on my way-ay-ay-ay to you
I wanna feel like I’m supposed to
Sending shivers down my spine
I’m on my back, you’re on my mind
Get away-ay-ay
You get away-ay-ay in the morning blue
But I can’t get over you
(But I can’t get over you)
But I can’t get over you
Oh, we have come so far, but couldn’t reach the stars
Oh no, we’re still too far, too far away
Oh, we have come so far, but couldn’t reach the stars
Oh no, we’re still too far
Too far away-ay-ay-ay, ay-ay
Too far away-ay-ay-ay, ay-ay

Poco conversan Ella y Kilimanjaro, entre ellos ya todo
está dicho. Se ha agotado la palabra y también la historia. Ella duerme. Saborea la certeza de su próximo encuentro con K Mayúscula.
…Se desdibuja, el tiempo. No existe. Se detiene el reloj, tic-tac-tic-tac-tic-tac ante el encuentro. Cierro los ojos. Tu mirada verde. Nos atisban los Dioses. Marionetas danzantes, somos. Tan frágiles que casi rotas. Me respiro en tu soplo. En tu mirada verde está el refugio, es un pozo cálido, luminoso, de aguas mansas y transparentes.
Ahí me anido. No me detengo, me adentro. No te sé. Te
intuyo, acaso te adivino. No te espero. Ya estoy ahí contigo. No hay tiempo, no hay zozobra, no hay promesa, solo el verde de tu mirada. El color de la esperanza. ¡Ay!,
en esos tus ojos me descubro. Reencarno. Me reinvento.
Existo en ellos. Para ellos existo. Para esos tus ojos y tu mirada casi tibia.

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