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domingo, febrero 25, 2024

La Tercera Voz 31

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La semana empieza blanca. Blanca como la nieve.

Domingo:

Ella se despierta a las 4:45am para alistarse e ir dejar al
aeropuerto de Huejotzingo a K Mayúscula. Obscura la carretera. Tanto que lo es del todo. Los detiene un oficial de
tránsito. Ella se ha pasado el semáforo en rojo. Él insiste
en retirarle la licencia de conducir y que Ella pase el lunes a pagar la multa. Imposible, su vuelo sale de regreso a
Dallas a las 9:00 de la mañana. Así que negocian por doscientos pesos la multa. Las admisibilidades del sistema, le
comenta Ella a K Mayúscula, él está tan preocupado por
llegar a tiempo al aeropuerto y no perder el vuelo que no
se detiene del todo en el incidente.
Ella lo despide y se queda media. Media por la semana
de trasnocho, por la intensidad de las emociones, media
por el inevitable regreso a las Tierras del Silencio….
K Mayúscula le envía un correo electrónico a Ella. Sencillo, ajeno a cualquier pretensión escritural:
—Ella: Gracias por un maravilloso fin de semana Las
palabras no pueden expresar mi experiencia estos días.
Eres una perfecta anfitriona, Cholula es un lugar hermoso y tus amigos son bellas personas. Disfruté mucho
pasar tiempo contigo. Espero que tengas un buen viaje
de regreso. Por favor mándame el correo electrónico de
Luis, quiero asegurarme de agradecerle nuestra cena en
el Hotel Estrella de Belem la noche del sábado. Sigo sin
palabras, estuvo —estuviste— simplemente sublime. K.
Mayúscula.

Lunes:

El lunes del regreso a Frisco.
Ella parte partida, agotada, extenuada, a la ciudad de su
autoexilio. Con el universo a cuestas. El vuelo sale retrasado, hace escala en Monterrey. Demasiado tiempo para
demasiadas reflexiones. Demasiado tiempo para la nada.
La amiga Mónica los espera en el aeropuerto. Llegan a
casa. Ella se alista y va a un concierto de música navideña. Ella detesta las fiestas navideñas. Vienen acompañadas la mayoría de las veces de inmensas nostalgias de la
niñez. Salen del concierto. Ella duerme cinco horas.

Martes:

Frisco los despierta a todos con la primera nevada de la
temporada. “Nada como mirar caer la nieve” piensa Ella
tras levantar a los críos a las 6:30 am para empujarlos a
la rutina diaria. La nieve, blanca como la nueva historia.
Y también húmeda. Y blanca como K Mayúscula que no
esconde, en esa enorme corporeidad, la malicia. Es tan
blanco que casi es transparente como sus ojos verdes. Esos
ojos que despojan a Ella de su condena a la invisibilización. Esos ojos en los que Ella se ha anidado hasta el no
tiempo. El tiempo de los Dioses que es ilógico e inabarcable. Es el hoy que es siempre.

Miércoles:

Ella recibe un correo de su amigo asesor de logística existencial:
—¿Qué onda Ella? ¿Cómo estás? Espero que te estés
reintegrando a los “Texas surroundings” de manera suavecita. Qué buena onda que viniste y que al menos unos
ratos pudimos vernos. En verdad disfruté mucho haber
convivido contigo, pero más gusto me dio verte con tan
buena vibra y con la energía positiva que te ha inspirado y sostenido. Tú mejor que nadie sabes las decisiones
que irás tomando y el momento adecuado para hacerlo.
Pienso que mientras lo hagas con el corazón y sobre todo
con y desde el amor los resultados serán siempre para
bien. Deseo sinceramente acrecientes tu paz y tu alegría
estés donde —y con quien— estés. Quiero compartirte
una frase extraordinaria que me encontré en estos días
que estaba estudiando una lección de ontología de la comunicación. Estoy seguro que te va a encantar, o dicho
en traducción literal: Tú la amarás. Es, nada menos que,
de Eduardo Galeano:
“Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se
aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre
diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la
alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso
sirve: para caminar”. Ella querida, independientemente
de que en sí mismo, es decir, ontologícamente el concepto es muy bello nos inspira a perseguir perennemente la
utopía. Recibe mi abrazo, espero verte pronto.
Ella lee y relee el correo. Es profundo. Es exacto. Ella
es ella. De la que habla Galeano. Es Ella y es Él y Tú. Y
todos. Ella es todas sus voces; Rafael, Natalia, Sofía, Irina, Noré. Un fragmento del universo en toda la complejidad de su SER. Desbordada. No se detiene. Corre como
el agua. Brinca y al instante se quiebra. Brinca y respira.
Y se respira en una historia blanca. Se respira en el soplo
y aliento de K Mayúscula. Se respiran y se atisban y descubren vivos, llenos de ganas de vida.

Jueves:

La amiga Giraffe le envía a Ella un poema de W.B. Yeats:

Her Anxiety
Earth in beauty dressed
Awaits returning spring.
All true love must die,
Alter at the best
Into some lesser thing.
Prove that I lie.
Such body lovers have,
Such exacting breath,
That they touch or sigh.
Every touch they give,
Love is nearer death.
Prove that I lie.

Ella lo lee, lo canta, casi lo llora y se sumerge inevitablemente en el cuerpo de los amantes y su “aliento exacto” y el tacto que acerca el amor a la muerte. Y entonces
le escribe a Giraffe:
—Querida amiga Giraffe, desafortunadamente hemos
hecho del amor una experiencia de tragedia. Irremediable como el fin. Pero me quedo con “los alientos exactos de los amantes”. Eso experimento hoy día. Mi aliento simplemente se acopla al de K Mayúscula. Lo demás
no sé qué sea. Ni me importa. Pero nuestros alientos se
pertenecen y hasta danzan tan suaves que se acurrucan.
Malditas palabras. Simplemente nos respiramos y palpitamos. Hay quien me acusa de “sentimental”, así que
aquí la dejo. Odio la cursilería. Te abrazo y espero verte
pronto para las épocas decembrinas.
Fin de las epístolas. ¿Fin del amor?

Viernes:

Tras un par de encuentros frustrados en el transcurso de
la semana por fin Ella vuelve a ver a K Mayúscula. El pasa
por ella a las 8:00 pm hora de él que para Ella resulta ser
las 8:20pm. Veinte minutos después de la hora acordada.
K Mayúscula es además de todo el hombre de los veinte
minutos después. Ya lo va conociendo Ella. Y aunque es
altamente intolerante a la impuntualidad lo ve llegar por
fin y se le olvida la vida misma. Así que van a cenar Sushi.
Ella toma Sake y toma Sake y toma Sake. Él sólo toma un
Martini. “me pierdo en esos ojos” —piensa Ella con insistencia mientras lo escucha platicar. Él le pregunta:
—¿De qué color son tus obscuros ojos?
—Negros e impenetrables como impenetrable es el
misterio de mis noches.
—Sí y tienes un enigmático lunar en el ojo derecho,
¿qué te pasó? -replica K Mayúscula.
—Me clavé la punta de un lápiz en mi temprana adolescencia porque me dolía el mundo que veía y tuve tan
mal pulso que no logré la bendita ceguera. Ya ves, una
vulgar y muy barata imitación a Betty Blue.
K Mayúscula se queda impávido. No entiende el humor
negro. Solo entiende la dulzura de Ella y su delicadeza
pero no se asoma al lado obscuro. Bruce Springsteen entona “Secret Garden”:

Shell let you in her house
If you come knocking late at night
Shell let you in her mouth
If the words you say are right
If you pay the price
Shell let you deep inside
But there’s a secret garden she hides
Shell let you in her car
To go driving round
Shell let you into the parts of herself
That’ll bring you down
Shell let you in her heart
If you got a hammer and a vise
But into her secret garden, don’t think twice
You’ve gone a million miles
How far you get
To that place where you can’t remember
And you can’t forget
Shell lead you down a path
There’ll be tenderness in the air
Shell let you come just far enough
So you know she’s really there
Shell look at you and smile
And her eyes will say
Shes got a secret garden
Where everything you want
Where everything you need
Will always stay
A million miles away

Tras la deliciosa cena K Mayúscula lleva a Ella de regreso a casa porque al día siguiente el vuela muy temprano a
Nueva York por asuntos de trabajo. Antes de bajarse del
auto K Mayúscula le obsequia a Ella el disco “Tear Down
the Walls”. Ella entra a casa. Es la 1:00 de la mañana. No
logra, para variar, conciliar el sueño. Demasiadas escenas, demasiado pensamientos, demasiadas sombras. El
más pequeño de los críos, el sapodrilo, rie dormido, ríe
a carcajada abierta. Ella se levanta, va a su cuarto y lo
atisba. La sonrisa del sapodrilo es el remedio a todos los
males de Ella. Es la sanación, es la cura. Esa sonrisa fresca y espontánea, altamente curativa.

Sábado:

La perra Bóxer Dalila ha perseguido a un zorrillo en la noche.
Apesta. No le permiten la entrada a la casa y es una infamia
hacerla pasar la noche afuera en este invierto. Aunque le
hayan colocado un calefactor la temperatura es inclemente.
Así que Ella se da a la aventura, por primera vez en su vida,
de bañar a una perra con auténtico olor a meados de zorrillo. Así que se dispone con los tres críos, guantes en mano,a tratar de mitigarle el mal olor. Indescriptible el aroma. Se
meten todos a la regadera y la humedecen con agua casi caliente. El olor se enfatiza. Insoportable. Ella abandona la tarea. Los críos se divierten horrores y le ponen más de cinco veces shampoo. Hay olores que se anidan por siempre. Este es el caso de Dalila. Inútil el esfuerzo. La perra los mira a todos, sin embargo, agradecida. Tiene ojos de sapo. Sí la perra.
Tan saltones que hasta brincan como pelotas locas por toda
la casa como resortes y ya luego cuando nadie la mira, regresan a su lugar, al rostro agradecido de Dalila. Ese es el secreto
de Dalila. Por eso cuida tan bien el espacio, porque sus ojos
saltarines están por todos lados juguetones y vigilantes.
Es el cumpleaños de K Mayúscula. Ella tiene todo un
kit de obsequios para él. Una salsa picante roja “Cholula”, una cafetera para café espresso con cuatro diminutas
tazas de café, cuadradas las tazas y también los platos,
una crema facial para la resequedad, una edición de lujo
en francés del clásico de Antoine de Saint-Exupery, “El
Principito” y una botella de Tequila Herradura Reposado. Y es que a medida que los días transcurren ella se alimenta por siempre de los días que pasaron juntos en
Cholula. Memorias albergadas por siempre. Lo demás
viene y va. Hasta el amor es pasajero. Pero hay memorias, hay instantes, hay momentos que son el alimento
del resto de la vida. Y hay, hay también unos ojos. Hay
unos ojos verdes del color de la esperanza. Ay ojos!!!!
…Ayer te llevaste mis labios, los arrancaste con un beso
eterno. Me despojaste de mi voz y de mi habla, y de las
voces de mis ángeles y demonios. No hay nada allí debajo de las ñatas. Se me ha desdibujado la boca del rostro.
No tengo entonces tampoco el gusto, ni el tacto de mi
lengua que recorre tu espalda y tu nuca y tus antebrazos
y tus hombros y tu tórax y cada una de tus extremidades,
has hurtado también el sabor de mis papilas que degustan cada IN -TERS-TI-CIO, cada uno de los recovecos de tu piel. No hay voz. Sólo se libra el día. Sólo hay memorias. Momentos. El cuerpo todo se estremece. El soplo. El
aliento. Palpito.

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