El pasado domingo, tuve la oportunidad de ir al clásico de Madrid en el estadio Bernabéu en la capital de España. Mi propósito no es el de comparar, que al final es fácil caer en ese simplismo.
Desde la compra del boleto. El 90% de los asistentes traen su boleto impreso en el teléfono y con el QR, pasado en la máquina de acceso te da entrada. El mío costó 5 mil pesos y estaba atrás de una portería en lo más alto del estadio. Me gusta ver los juegos atrás de una portería, se aprecian más claros los espacios sin cubrir, entre otras muchas situaciones. El problema era cuando atacaban la portería más próxima a mi lugar, me tenía que poner de pie porque toda la grada hacía lo mismo. Enfrente estaban dos pantallas sobre la estructura, a la altura de mi asiento, pero no es lo mismo ver la jugada en el campo que por la pantalla. Recordé cuántos partidos hice para mi cadena ESPN por TV y hace cuánto no acudía a un estadio; es más, creo que la última fue en el mismo escenario, un juego de Champions vs el Manchester City en compañía de mi nieto grande, mismo lugar pero un poco más abajo.
La entrada sin problema, 80 mil personas buscando su puerta en completo orden. Se hace fila y en grupos de 30 van entrando, de repente se frena la entrada para que esos 30 no formen un cuello de botella y sigan su camino. A continuación, otro grupo de 30. Para subir a cualquiera de los 6 niveles, escalera eléctrica. De la entrada a tu lugar, nivel 600 haces 5’. De asistentes, policías, ayudantes, etc., ni hablamos; todos con una función. Pasé al baño, perfectamente limpio, no comparas pero sí te das cuenta de que los pequeños grandes detalles hacen una diferencia de la puesta de un espectáculo.
Salen los jugadores y todo mundo de pie. En las pantallas y sonido ponen el himno del Madrid y sea o no tu equipo, la piel se te pone de gallina al escuchar a todo el estadio cantando el himno. Un pequeño sector de 150 personas, aficionadas al Atlético, silban, pero nadie les hace caso, es más importante tu canto que la insignificante desaprobación.
El desarrollo del juego, por grandes momentos, parece otro juego, pases con velocidad, controles precisos, movimientos constantes, bloques defensivos ordenados que dan la apariencia que son impenetrables, pero con la velocidad del pase, el control y los movimientos, se cruzan esas 3 líneas hasta poner la pelota en posición previa al área, lugar donde se definen los juegos. El rival, de manera diferente, aprovechando los espacios que dejan los que ofenden, también llegan al área rival y es cuando la estrategia toma forma; siempre existe una manera de ganar. Con una llegada el visitante se fue arriba 0-1, pero siguiendo lo planeado se empata y lo remontan. Para no hacer una narración del juego, a falta de 10’ el Madrid lo va ganando 3-2 pero con un jugador menos y veo como Mbappé tiene que jugar de interior izquierdo, jugador que de media cancha para atrás nunca se le ve. Con disposición y trabajo en equipo, cualquier situación es superable.
En esos 10’ más la compensación de 6’ el portero del Madrid, que fue el suplente, saca 3 de gol. Como un jugador tiene que estar preparado siempre, aun sabiendo que el ser titular será muy eventual, pero tu preparación día a día, tiene que ser como si fueras el titular. La hipótesis de que los porteros, al no jugar, pierden tiempo y espacio queda denegada en este ejemplo.
Llegó el final y el público y los jugadores lo celebran, unos agradeciendo el apoyo y los otros agradeciendo el esfuerzo traducido en victoria.
La salida del estadio es espectacular. La Castellana, avenida principal que te lleva al estadio, cerrada un km al norte y otro al sur. La gente camina en las dos direcciones ya sea para subir a su coche que tuvo que estacionarse a esa distancia, la entrada al metro, tomar un taxi o sobre los camellones tomar su motocicleta.
Ningún problema de ninguna especie. A lo largo de la avenida, una cantidad grande de bares, todos repletos, imposible dar cabida a la gente que viene caminando.
Esta experiencia que se ofrece previa al juego, el juego mismo y el posjuego, me provocan el título de este escrito; el motivo pueden ser muchos y no hay caso de enumerarlos, la realidad es una: Madrid es la capital mundial del fútbol y no hay que inventar nada, solo copiar.

