Muchas veces es mejor pasar desapercibido que tomar iniciativas como las que tomaron los administradores del equipo Puebla F.C., ojo, escribo directivos, el que haya sido y no propietario, que estoy seguro ni idea tiene de lo sucedido. Esto se debe a la única razón que toma al equipo, dueño de una gran historia, para ser un producto a su televisora. Él no tiene la culpa, es difícil comprobar si existe dolo en la explotación comercial de la institución deportiva. Simplemente se hace de los derechos de una propiedad para explotarla en favor de sus intereses.
Tengo frente a mí 3 libros que hablan de la historia del equipo Puebla: uno del escritor Isaac Wolfson, otro de Emmanuel Couttolenc Osorio y otro hecho por un hermano del propietario Carlos López Chargoy en 2015. En este tercero, resultó ser una copia burda de los dos primeros, tan burda que se brinca el ascenso del Puebla del 2007. El verbo “brincar” lo utilizo no por la omisión del hecho, el problema es la poca importancia que le da en cuanto al campeonato y a los actores, todos los inmiscuidos y que a la postre fueron los que le dieron valor a las acciones o título de propiedad, que un servidor tuvo para mal, vendérselas aún sin el consentimiento del propietario Francisco Bernat. Pero para no perdernos en el tema principal, sirvan estas últimas líneas para darle realce a lo que el Sr. Isaac y Emmanuel, que en paz descansen, hicieron por el Puebla.
Pero vayamos al tema principal. De camino a la unidad deportiva Vázquez Raña y tomando la periferia del estadio Cuauhtémoc, me percaté que 8 accesos o puertas al inmueble tienen el nombre de técnicos, directivos y jugadores que en algún tiempo dentro de la historia dieron gloria al equipo del Puebla.
Para empezar, ¿quién les dio permiso en un bien que no es de su propiedad?, que tiene el carácter de comodato, del Estado propiedad del inmueble hacia una empresa, que por supuesto no cumple con ningún punto de este comodato y que, entre muchas libertades, les dan nombre a los accesos. Ante esto solo les queda cambiar el nombre del estadio y ponerle el nombre de la empresa que tuvo para mal contratarlos.
¿Qué hizo el Puebla del 2018 a la fecha por el deporte, por la juventud, por el Estado en general? La respuesta es aprovecharse y sangrar una institución de más de 80 años, aprovecharse de la buena voluntad de los que firmaron el comodato, de los padres de familia que confiaron en ellos para el desarrollo de sus hijos, de la afición conocedora y que quiere un equipo con sello poblano, de exprimir el inmueble sin darle el debido mantenimiento, de pensar que Puebla es Ángelópolis y Lomas sin tomar en cuenta que estos lugares son una mínima muestra de la capital y que, por supuesto, los otros 216 municipios no existen.
No sé cuántos accesos tenga el estadio, sí creo que más de 8, que son los que tienen el nombre de personajes que dieron mucho por el Puebla, pero se necesitarían mil accesos para poner el nombre de los que, a través de la historia, pusieron su granito de arena. El nombre del fundador, el nombre del técnico que los ascendió en los 80’s, el que metió el gol para este suceso, el nombre de Sabater, Negrete, Lupercio, Nacho Sánchez, Langara, bueno, Luis Enrique Fernández, esta directiva, al conocer la historia ni tener la idea de dónde están parados, por supuesto que esta será la primera vez que los escuchan.
Para mí, aficionado del Puebla desde 1964, el nombre de Emilio MAURER, Manuel Lapuente y Roberto Ruiz Esparza son los únicos que tendrían que tener este honor, claro, con el debido permiso del dueño del inmueble.
Señores directivos: dejen de dar atole con el dedo y denle satisfacciones al Estado y su noble afición. Su primera acción tendría que ser vender el equipo. Muchos se los vamos a agradecer y el próximo historiador los nombrará con menos tinta de sangre que yo.
Que hablan de la historia.

