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miércoles, febrero 18, 2026

Mensaje del maestro Roncador

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¿Aislarse es bueno?

—No eres consciente de la repercusión de tus actos.

—Tú te crees siempre en posesión de la verdad, y se te nota que estás enamorada del Maestro Roncador.

—No es cierto, sencillamente le doy la razón cuando la tiene, que es casi siempre, mientras que tú le discutes todo lo que dice.

El aula 202 estaba dividida en los dos bandos, y los dos alumnos capitanes; el alumno burlesco y la alumna aventajada discutían mientras la clase esperaba mi llegada.

Puntual como siempre, entro en el aula pensando que tendré una clase en calma, para encontrármela dividida y vociferante.

Por eso tomo la tiza y apunto:

Problemas derivados de un excesivo aislamiento de nuestra vivienda. Los sonidos estomacales y sinoviales de nuestro edificio.

Dibujo una línea vertical en el centro de la pizarra, y a la izquierda escribo:

Voces ajenas a nuestra vivienda

Mientras que en la derecha escribo:

Voces propias de nuestra vivienda

Como veo que todavía se están sentando, creo que debo tomar a los dos cabecillas para esta confrontación.

—Si resulta que he aislado muy bien una vivienda de la calle próxima, superando incluso lo necesario, puesto que se han colocado ventanas, balconeras y acristalamientos de altísima eficacia, ¿Qué pensáis que nos puede molestar más, los ruidos de nuestros vecinos e instalaciones del edificio, es decir las voces ajenas a nuestra vivienda como he escrito aquí —y señalo la parte izquierda de la pizarra, —o los nuestros y de nuestra familia, es decir las voces propias de nuestra vivienda? —y ahora señalo lo que he escrito a la derecha.

Los alumnos se miran entre sí. La alumna aventajada, tomando la iniciativa, dice:

—Sin duda alguna serán los sonidos y ruidos de nuestros vecinos del mismo edificio, porque mis sonidos los perdonaré más debido a que soy yo y mi familia quienes los producimos.

—No estoy de acuerdo, —exclama el alumno burlesco, —precisamente los sonidos propios tomarán ahora un protagonismo, que antes de aislarnos del exterior no tenían. Es probable que puedan llegar a molestarnos mucho más que los ajenos.

—Vamos a ir escribiendo todos estos sonidos y ruidos, a ver si hacemos una lista bien completa. —Digo yo.

Le indico al alumno burlesco que coja la tiza y escriba lo que entre todos se nos irá ocurriendo.

De esta forma, hurgando aquí y allá, confeccionamos la siguiente lista:

Voces ajenas a nuestra vivienda

Sonido aéreo: Voces de los vecinos

Radios, televisores, Hifi, de los vecinos

Piano, instrumentos musicales ajenos

Electrodomésticos: lavadora, lavavajillas

Interfonos, llamador/ timbre, campanilla

Descarga WC, red colectores

Instalación agua, circulación, golpe ariete

Unidades exteriores clima

Extractores cocina

Fuentes sonoras en patios de luces y ventilación

Sonido aéreo y vibraciones: Ascensor

Impulsivos: aldaba/picaporte

Impactos: pasos, arrastre mobiliario, golpes cajones cocina vecina

Bicicleta estática

Obras de los vecinos

 

Voces propias de nuestra vivienda

Voces internas

Radios, televisores, Hi-fi, propios

Piano, instrumentos musicales propios

Electrodomésticos: lavadora, lavavajillas

Interfonos, timbre, campanilla propios

Descarga WC

Instalación agua, circulación, golpe ariete-

Unidades interiores y exteriores clima

Flujo del aire (acondicionamiento climático)

Extractor cocina

Nevera

Tic-tac o motor de Relojes

Impresora

Aire y agua en radiadores

Dilatación/retracción materiales

Goteo de grifos

 

El alumno burlesco suspira de cansancio después de apuntar tantos conceptos.

—Bueno, creo que ya los tenemos todos. —Digo yo de forma contundente.

—Perdone, pero tanto en uno como en el otro caso, faltan unos sonidos muy desagradables y muy importantes. —El burlesco parece despertarse

—¿A cuáles te refieres?

—A los ronquidos que usted produce y que tanto molestan a todos sus vecinos, y especialmente a sus amoríos.

Me quedo de piedra. Ningún alumno se ha atrevido nunca a meterse así con mis famosos ronquidos. Siempre tienen más mano izquierda. Nunca me atacan tan cruelmente. Lo tengo a escasos metros.

En la clase se ha producido un silencio sepulcral.

—¿Así, en voces ajenas he de añadir los ronquidos ajenos, y en las propias he de añadir los ronquidos propios? —Prosigue como si nada hubiera pasado

La alumna aventajada mira a su hermanastro con mirada desorbitada.

Yo debo meditar mi reacción.

“Tranquilo, respira profundamente varias veces”.

Me lo pienso bien, y adopto la solución menos agresiva.

—Pues creo que yo también encuentro a faltar algo que va muy ligado con la respuesta que te voy a dar.

Escribo la palabra en un papel, lo doblo y se lo entrego al alumno.

—Por favor, ¿puedes escribir esta palabra en sonidos propios?

Mientras el alumno desdobla el papel y empieza a escribir, yo aprovecho para encaminarme a la salida del aula.

Cuando termina de escribir cierro la puerta por fuera con gran ímpetu.

En la pizarra aparece escrita la última palabra:

Portazos

 

Maestro roncador

Experto en psicoacústica y aprendiz de lo que sea menester.

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