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miércoles, marzo 18, 2026

Actualidades del Mercurio: Orígenes del habla y del lenguaje escrito humanos

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¿Cuándo empezaron nuestros antepasados a articular un lenguaje hablado y en qué momento comenzaron a escribir? En los más remotos vestigios donde se manifiesta una conciencia acerca del acontecer existe cierta relación atávica, prosaica, entre la necesidad de dejar huella literaria y matematizar el mundo. Pensamientos, percepciones, sensaciones, volición animan los textos literarios, si bien responden a un orden subyacente, de índole numérica. Así, se pondera “el ángulo” que adopta un escritor al abordar su asunto. Es probable que la idea de ángulo surgiera de notar los dobleces del muslo y la pierna, así como del brazo y antebrazo humanos.

Vestigios antiguos de escritura son las tabletas con signos cuneiformes, los cuales no forman propiamente un alfabeto, pues no son letras. Esta primitiva escritura se servía de entre 600 y mil caracteres, con los que se formaban sílabas y palabras o partes de ellas. Los dos sistemas preponderantes en su tiempo, y los más antiguos que se conocen, son el sumerio y el akkadiano, que se usaba en el antiguo Irak.

Hacia 3400 ane (antes de nuestra era) se usaba esta clase de escritura, incluso para registrar sonidos. En Mesopotamia se llevaron a cabo experimentos progresivos, incipientes, de combinar signos y números, en busca de soluciones a los callejones sin salida que planteaba el querer describir algo, una suma, una resta, la llegada de desconocidos, y no poder hacerlo de manera fehaciente.

Landesmuseum Württemberg / Hendrik Zwietasch.
Figurilla de mamut con proto escritura (cruces y puntos). Cuarenta mil años de antigüedad.

Las escrituras cuneiformes, quizá una docena, fueron consideradas antecedente de los jeroglifos egipcios, escritura más fluida que pudo superar los límites de aquéllas. A pesar de su rudeza, las escrituras sumerias y akkadianas siguieron utilizándose hasta entrado el siglo I dne (de nuestra era). Hay quienes hacen notar que el tiempo que nos separa del momento en que se elaboró la última tableta cuneiforme conocida es un poco más de la mitad del lapso que separa a ésta del primer objeto descubierto.

El soporte de la escritura cuneiforme es una mezcla de barro y juncos, a fin de formar una pasta gruesa y moldeable. En las zonas ribereñas de Mesopotamia, hoy en día Irak y el este de Siria, podían conseguirse con facilidad estos materiales y la gente podía expresarse. De hecho, cuneiforme viene del latín cuneus, esto es, objeto en forma de cuña, mediante el cual el escribano moldeaba en tres dimensiones las formas precisas para expresarse o representar lo que otros deseaban comunicar. La mayoría de las tabletas cabían en la palma de la mano y eran temporales, a veces duraban unas horas, por ejemplo, aquellas que se utilizaban para tomar una clase escolar o finiquitar una transacción comercial.

Algunas llegaban a guardarse algunos años hasta que cumplían su propósito; tampoco estaban hechas para perdurar, de manera que las que han llegado hasta nuestros días son puros accidentes afortunados. Es una escritura harto complicada, pues un signo podía tener varios significados y pronunciarse de distinta manera.

Paleografiar resulta una tarea casi imposible, ya que, primero, hay que aprender las lenguas antiguas extintas que se hallan grabadas en dichas tabletas y, luego, los miles de esta clase de poli–signos. Cabe hacer notar que muchas de las tabletas antiguas que se conservan pertenecieron a niños en edad escolar. Mediante su uso espacial y temporal aprendían a leer textos más complejos. Se ha visto, curiosamente, que los niños que asisten a los talleres del Museo Británico prefieren fabricar sus propias tabletas de barro y tallos, y luego meter la cuña, en lugar de dibujar con manguillos sobre papel (biro).

Tal vez una de las enseñanzas más claras de la escritura cuneiforme es que los conflictos humanos no han cambiado mucho en los últimos 4000 años. Quienes han estudiado las tabletas que aún se conservan expresan su profunda emoción al leer las opiniones, angustias, deseos, promesas, triunfos y fracasos no solo de reyes y poderosos, sino de personas comunes, adultas e infantes, quienes se manifestaron a través de un medio delicado y, al mismo tiempo, firme, empleando una escritura elaborada para transmitir sus pensamientos.

¿Dónde da inicio el relato humano?

En 1960, en la región africana del Congo, se halló una fíbula de babuino que presenta marcas talladas intencionalmente con una antigüedad de unos 20 mil años. Es el llamado hueso de Ishango. En fecha reciente se dio a conocer un estudio (publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences), donde se da cuenta del descubrimiento de objetos intervenidos de manera propositiva en cuevas de Baden–Württenberg, al sur del territorio alemán, cuya antigüedad es mayor, pues datan de unos 45 mil años.

Tales manifestaciones de pensamiento abstracto y numérico despejan todas las dudas de que los humanos de la Edad de Piedra eran tan inteligentes como nosotros. Ahora sabemos que los cazadores–recolectores del Paleolítico desarrollaron un sistema de símbolos y datos comparable con las tabletas proto–cuneiformes realizadas en la antigua Mesopotamia 40 mil años más tarde.

Otro aspecto aún más difícil de dilucidar es la fecha aproximada de la aparición del lenguaje hablado, pues a diferencia de los objetos hallados, que dicen algo, los huesos son silenciosos. Aun así, los investigadores se las han arreglado para encontrar indicios en la anatomía de los aparatos que permiten a alguien articular sonidos con un significado. Y los resultados han sido sorprendentes, ya que permiten suponer una antigüedad mucho mayor que lo que se creía hasta ahora.

Staatliche Museen zu Berlin, Vorderasiatisches Museum / Olaf M. Tesmer.

De hecho, se cree que nuestra capacidad de emitir sonidos articulados, contrastantes debido a un significado y no aleatorios, cosa que compartimos con los babuinos, apareció hace unos 27 millones de años, rasgo ancestral, muy anterior a la aparición de nuestro linaje. Investigadores del Museo de Historia Natural de París recrearon sonidos que probablemente empleaban humanos de la prehistoria para comunicar emociones e información. Puede escucharse el podcast “Retour vers la Préhistoire” en France Culture.

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