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miércoles, julio 24, 2024

Un impresentable en busca de dirigir al PAN

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Antes de la debacle del 2 de junio, Eduardo Rivera Pérez, su grupo político y la Organización Nacional del Yunque, eran unos impresentables. Aun así, el exalcalde creyó que podía hacer lo que quisiera sin ningún tipo de consecuencia y ahí están los resultados. 

Bien lo dijo la diputada federal Genoveva Huerta Villegas: Con Rivera Pérez y el Yunque, el PAN sufrió un retroceso de 25 años, a una época en la que no ganaban nada en una elección. Así fue en la pasada contienda cuando Morena y sus aliados ganaron todo: presidencia de la República, gubernatura, diputaciones federales y locales, las principales alcaldías de la entidad. 

Ahí donde Eduardo Rivera y el Yunque metieron la mano, la plaza se perdió rotundamente. San Martín Texmelucan es el mejor ejemplo. El municipio fue entregado a Pacto Social de Integración pese a que el partido no tenía ningún registro de competitividad. ¿El resultado? PAN-PRI-PSI se fueron al cuarto lugar de las preferencias, con un poco más de 5 mil votos. 

El ganador fue Morena-PT-Verde-Fuerza por México, con un total de 21 mil 398, seguido por Movimiento Ciudadano, con 20 mil 804. Incluso, hasta el candidato independiente Filemón Ramírez Sánchez sacó más sufragios que los entenados del exalcalde yunquista, con más de 12 mil.   

Otro caso: Teziutlán. Allí, PAN-PSI ocuparon el tercer lugar, al sumar un poco más de 4 mil votos. En realidad, la contienda fue una disputa entre Movimiento Ciudadano y la coalición Sigamos Haciendo Historia, que terminó por ganar con un total de 19 mil 400 sufragios, es decir casi cinco veces más que los partidos impulsados por Eduardo Rivera. 

Estos dos casos prácticamente se replican en toda la entidad. 

Si eso no fuera poco, Eduardo Rivera, antes de andar buscando la dirigencia estatal del PAN, deberá entregar cuentas ante la militancia por qué impulsó una alianza con dos partidos nefastos que, tal y como se comprobó, resultaron un cáncer para Acción Nacional. 

El PRD, por ejemplo, fue premiado con candidaturas para los hijos de los dirigentes parásitos Carlos Martínez Amador y Julián Rendón Tapia, además de que se le incluyó en cuantos espacios había disponibles en la contienda, salvo las plurinominales porque esos lugares estaban apartados para la esposa y amigos de Eduardo Rivera. 

¿Acaso no hubiera sido mejor impulsar a candidatos competitivos del PAN en aquellos lugares que se le entregaron al sol azteca? ¿Cuánto valía para Eduardo Rivera un partido que siempre fue una mochila llena de piedras que la oposición debió cargar y ahora, por fin, perdió su registro? 

La mano de Eduardo Rivera a favor del PRD trajo enormes consecuencias negativas en uno de los municipios clave: San Pedro Cholula. Primero, su aliado Néstor Camarillo Medina -responsable de siglar esa candidatura- la vendió a la alcaldesa Paola Angón Silva, tal y como quedó al descubierto en un audio que fue filtrado. 

Tras el escándalo, la presidenta municipal quedó inhabilitada políticamente para buscar su reelección e intentó moverse para obtener la candidatura a la diputación local. Eso llevó a Rivera Pérez a agandallar la plaza. Le prometió a Angón Silva que sería ungida en ese cargo -cosa que al final no pasó- si dejaba el camino a la perredista Roxana Luna Porquillo y con eso le cerrara el paso a María de la Barreda Angón, como la abanderada natural. 

Detrás de esa ridícula conspiración se encontraba la fobia de Eduardo Rivera hacia el diputado local Eduardo Alcántara Montiel, esposo de María de la Barreda. Al final, Roxana Luna perdió la elección y la pareja de antiguos panistas fueron llamados al Verde para disputar el Distrito 17, el más panista de todo el estado, y lo ganaron. 

En el caso de Pacto Social de Integración, el exalcalde yunquista deberá explicar acuciosamente por qué decidió emprender una alianza con un instituto con fuertes sospechas de vínculos con el crimen organizado. La decisión de Rivera Pérez fue dar candidaturas a diestra y siniestra a la familia Navarro Acevedo, pero nunca los obligó a que dicho partido fuera en candidatura común en todos los municipios. 

La conclusión fue que PSI ganó siete municipios jugando las contras al PAN, pero en otra docena el PAN o el PRI se encargaron de cargar al partido estatal y ahora son cogobierno. 

Antes de la contienda electoral, Eduardo Rivera y su grupo eran unos impresentables. Hoy son unos apestados. El problema es que el exalcalde y su círculo de ineptos no se han dado por aludidos e insisten en que el partido es de ellos. 

Como dijera el clásico: Su principal problema es que no saben que no saben.  

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