Los tres personajes más cercanos a un paria que fue llevado junto con su esposa a una prisión lucen felices y contentos a diecinueve días de los hechos.
Y algo peor:
Obedecen todos los días a quien hizo prisioneros al paria y a su mujer.
¿En qué lo obedecen?
En todo: desde lo doméstico hasta lo que tiene que ver con la extracción del petróleo y su comercialización.
En los hechos, el personaje que se llevó a una prisión estadunidense a su querido jefe y a su esposa se jacta todos los días de que él es el nuevo presidente de Venezuela.
Y ellos no dicen nada.
No le rebaten nada.
Y con su silencio, sospechoso, confirman que lo que Donald Trump dice es absolutamente cierto.
Los personajes de esta trama son Delcy Rodríguez, sedicente presidenta interina; Jorge Rodríguez, hermano suyo y presidente de la Asamblea Nacional, y Diosdado Cabello, ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz.
Ninguno de los tres menciona a Trump de nombre.
(Tiemblan de miedo).
Ninguno de los tres ha buscado desmentir los dichos de Trump.
Desde el primer día que capturó a Nicolás Maduro y a su esposa —mediante un ataque por aire que duró unos pocos minutos—, el presidente de Estados Unidos presume que Venezuela —antes República Bolivariana— es suya, que él tiene el poder absoluto, que él manda y que sus compañías ya están extrayendo petróleo del subsuelo venezolano.
Presume también que Delcy Rodríguez y los demás —el hermano de ésta y Cabello— son muy colaborativos y obedientes.
“No tengo queja”, escupe Trump.
¿A qué lugar se fue la lealtad que le tenían a Maduro?
¿Dónde quedó la valentía de Cabello, por ejemplo, quien antes de la caída de su jefe máximo llamaba “El Pelucas” a Trump?
¿A qué cloaca fueron a parar el nacionalismo y el amor a la patria que los tres decían profesar?
El programa de televisión que conduce Cabello —“Con el mazo dando”— es una parodia.
Ya sin cojones —se les cortó Trump—, el ministro de Relaciones Interiores hace como que saca el pecho por Maduro y la República Bolivariana, aunque en realidad está muerto de miedo porque sabe que él es el siguiente en la lista de los que dormirá en una fría y pequeña celda de la prisión de Manhattan en la que se hallan, desde el 3 de enero, su exjefe Máximo y su mujer.
Esta trama, hay que decirlo, daría miedo en otro momento, pero hoy sólo da risa y pena ajena.


