La presidenta Claudia Sheinbaum llegó hasta donde la esperaban pobladores de San José Chiapa, quienes habían interrumpido con gritos y consignas un acto en el que se entregaron viviendas del bienestar a numerosas familias.
Acompañada del gobernador Alejandro Armenta y varios funcionarios, la presidenta explicó (entre gritos de algunos ‘líderes’) que gente de su gobierno acudirá a una asamblea popular (a realizarse en ese municipio) para explicarles en qué consiste el Polo de Economía Circular que se asentará en la región.
Los ‘lideres’ buscaban alterar el diálogo con gritos, mientras la presidenta argumentaba que a todos se les escucharía.
No hubo regaño alguno, como, posteriormente, manejaron diversos medios.
Fue un diálogo (crispado sólo por los gritos de algunos) que culminó en un acuerdo.
Antes, durante el acto de vivienda, la presidenta tocó el tema, una vez que los manifestantes (orquestados por manos interesadas) no dejaron de corear consignas:
“A los que se manifiestan porque están en contra del parque de reciclaje: ¿Qué prefieren: un basurero a cielo abierto o una recicladora de basura limpia? ¡Que no los engañen! ¡Es un proyecto que vamos a consensar con las comunidades! No necesitan gritar porque siempre escuchamos”.
Y adelantó que al final del acto recibiría a una comisión si los gritos iban a la baja.
No fue así.
Los ‘líderes’ continuaron con las arengas y, pese a eso, ella dialogó con ellos.
Antes, el gobernador Armenta habló en favor del Polo de Desarrollo para el Bienestar en San José Chiapa, y lo calificó de “acto de justicia” ante el abandono histórico de la región.
Como la ha dicho en diversos momentos, el gobernador dijo que “el modelo económico anterior” les dio entrada a los intereses de capitales extranjeros “por encima de la fuerza productiva local, propiciando con ello una deuda social”.
En su breve discurso, señaló que estas tierras “fueron ultrajadas por los gobiernos neoliberales”.
Y más: “Estas tierras se ocuparon para empresas extranjeras, abandonando la oportunidad para los productores locales y los empresarios locales”.
Y más: “Con la llegada de nuestra presidenta, quiero decirles que aquí ya está aprobado el Polo de Desarrollo para el Bienestar. Es un gran proyecto que ya está caminando y que nosotros estaremos apoyando”.
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Seria, pero contenta, la presidenta hilvanó un discurso en el que mezcló humor con profundidad.
Y una reflexión sobre la edad movió motores.
Dijo que ella tiene 63 años y que está orgullosa de ello.
“¿Qué tiene de malo envejecer?”.
(Subrayó que es un proceso natural).
Y llamó a las mujeres a que no se avergüencen cuando les pregunten su edad.
(“Es una forma de machismo”).
Para la presidenta, llegar a una edad mayor no debe ser causa de miedo, sino un hito que debe vivirse con dignidad.
“México no sería lo que es sin sus adultos mayores. Son héroes y heroínas de la patria”, agregó.
Al final se pronunció en contra de la discriminación por edad, lo que provocó un aplauso de muchas de las mujeres presentes.
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Es la tercera vez que veo y escucho a la doctora Sheinbaum, aunque es la primera como presidenta de la República.
(Las veces anteriores, no era candidata aún).
Algo me sorprende: su claridad mental doblada de una oratoria ajena a los lugares comunes y a las frases hechas.
Habla como piensa.
Se dice fácil.
No lo es.
En este tramo de su gobierno ha logrado llenar, entre otras cosas, los zapatos de un personaje como López Obrador.
Y ha hecho algo más: crear un gobierno con personalidad propia.
Con voz propia.
Con una funcionalidad que los odiadores detestan.
La presidenta ha enfrentado como nunca antes al presidente del país más poderoso del mundo con inteligencia, paciencia y sentido del humor.
Y así, de esta manera, ha construido una relación inédita.
(Con sus vaivenes y sus fortalezas).
También está reconstruyendo la relación con España, a quien el presidente López Obrador puso en pausa.
La semana próxima estará en Barcelona participando en un encuentro de presidentes de izquierda.
Y a la par de eso, sigue abriendo espacios a la inversión, al diálogo y a la reconstrucción del Estado mexicano.
Y más: sigue enfrentado a los enemigos de la Cuarta Transformación que viven en el vientre de la misma.
Pienso en los Adanes, los Andys y los partidos satélites.
Hay mucha agenda, sí, y mucha presidenta.


