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lunes, febrero 6, 2023
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Los Políticos de Siempre y la Adoración Nocturna

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Regresemos en el tiempo a la temporada electoral de 2018, cuando muchos saltaron del PRI —sin malla protectora—a los brazos de Morena.

La política es cíclica: siempre se vuelve al mismo lugar.

Es el mito del eterno retorno.

Una mirada a esos años nos recordará que nada ha cambiado en la política mexicana.

Nosotros los de entonces seguimos siendo los mismos.

Antes de ir a ese viaje en el tiempo, vale la pena hablar de Gibrán Ramírez, uno de los nacientes intelectuales mexicanos más dotados de los últimos tiempos.

Con bigote a la Tizoc, el de la Niña María —el de “quero más a mis ojos / porque mis ojos te vieron”—, Gibrán sorprendió a la comentocracia mexicana cuando derribó a una institución televisiva: Denise Dresser.

Esto ocurrió en Es la Hora de Opinar, programa nocturno que se transmite en Foro TV.

Todos vimos cómo Gibrán le ganó un debate a la Dresser con las armas filosas de la inteligencia, el buen fraseo, la ironía punzante y las lecturas convertidas en cuchillos cebolleros de la oralidad.

A partir de entonces, Gibrán pasó a convertirse en el intelectual más fresco de la 4T.

Muy por encima, por cierto, del patético John Ackerman y del Facundo Fake: Hernán Gómez.

Los meses pasaron.

Los años.

De pronto, de manera inédita, Gibrán empezó a volverse crítico de algunos personajes de la 4T como el impresentable Mario Delgado, sedicente líder de Morena.

Esto ocurrió una vez que nuestro personaje buscó ser dirigente de ese partido.

La feroz crítica de Gibrán a los de antes empezó a desvanecerse.

Con una frecuencia sospechosa, empezó a coincidir cada vez más con Leo Zuckermann, conductor del programa.

Hasta qué dueño de una radicalidad absoluta, Gibrán se volvió el mayor crítico de la 4T.

En un programa de entrevistas de Latinus, coordinado por Fernando del Collado, el exintelectual orgánico favorito se le fue encima al presidente López Obrador.

Y no lo hizo con bisturí y agujas, sino con navajas y patadas.

¿Es válido el brutal cambio de postura?

¿Puede un intelectual cambiar sus puntos de vista de un día para otro?

Ya se ve que sí.

¿Cómo olvidar al Carlos Fuentes que denunció el asesinato de Rubén Jaramillo —en tiempos de López Mateos— con el que se volvió monaguillo del presidente Luis Echeverría?

¿Y qué decir del procubano Vargas Llosa convertido en levantamanos de la derechita cobarde latinoamericana y española?

No es malo el giro.

(Todos tenemos derecho a cambiar).

La deleznable es la prisa por hacerse colega de Carlos Alazraki, esa Paquita la del Barrio de los lavaderos políticos.

Ah, qué tiempos Señor don Simón. Vayamos, ahora sí, a 2018.

Una exmilitante del PRI, incorporada repentinamente a Morena, escupe en Twitter en contra del partido que le dio ropa, comida y sustento durante dos docenas de años.

En quince minutos aprendió a ponerse la camiseta de Morena y cree que ese partido es sinónimo de escupitajo, mala ortografía y chillidos esquizofrénicos.

Juan Carlos Natale, candidato del Partido Verde a senador en 2018, se pone un chaleco de Morena para demostrar que ya es un fiel acólito de AMLO.

Confunde la palabra mansedumbre con servidumbre, pero es feliz desde su nueva condición de adicto.

Cuando le preguntan las razones de su ruptura con el partido que le dio casas, autos de lujo y negocios sólo alcanza a responder: “México necesita un cambio. Estamos hartos de los políticos de siempre”.

En su inocencia está convencido de que él no es un “político de siempre”, y las adoraciones nocturnas que antes tenía para Peña Nieto ahora cuentan con un nuevo destinatario: Andrés Manuel.

Los candidatos a diputados federales y locales que ganaron el primero de julio de 2018 están convencidos de que triunfaron porque su carisma es arrasador y los electores tienen por ellos un fascinación abstracta.

No quieren enterarse que cualquier personaje —hasta el tonto del pueblo— podría haber ganado sólo con subirse a la ola de López Obrador.

Ignoran que son como esas adoratrices del Santísimo Sacramento y de la Caridad que existen en función de sus creencias.

Algún día, cuando decepcionen al político más popular de México, regresarán a su condición de parias.

Varios ya regresaron a dicha condición.

Otros más están en tránsito de hacerlo.

Entre más cerca estemos de las elecciones de 2024, veremos más piruetas y posturas como las anteriores.

Y todos repetirán, inevitablemente, la frase de ese clásico de la canción ranchera (Juan Carlos Natale): “México necesita un cambio. Estamos hartos de los políticos de siempre”.

Ufff.

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