La presidenta Claudia Sheinbaum ha enloquecido a los columnistas mexicanos y a quienes participan en los programas de opinión.
No entienden éstos que la iniciativa de reforma electoral que recientemente envió a la Cámara de Diputados (como Cámara de Origen) es un tema de congruencia con lo que se comprometió en su campaña a la Presidencia.
(Ese término (la congruencia) se extravió hace décadas entre los miembros de la clase política nacional. Quizá por eso no la entienden).
La iniciativa golpea brutalmente a las cúpulas de los partidos políticos en donde más les duele: en el bolsillo y en el poder.
Se han acostumbrado a ser los machuchones que ponen y quitan.
Al extirparles ese privilegio, pierden, notablemente, el poder.
Y eso es lo que no aceptan.
Por eso han dicho que votarán en contra de la reforma.
Pero lo dicen con más mentiras.
Juran que (la reforma) atenta contra la democracia que se ha venido construyendo.
Falso.
Atenta contra sus privilegios, mismos que de ninguna manera forman parte de democracia alguna.
Todo lo contrario.
Dichos privilegios en verdad atentan contra lo que ellos dicen defender.
La presidenta los ha logrado exhibir en toda su mezquindad y miseria humana.
Y pronto serán exhibidos en tribuna, cuando suban a defender lo que en realidad quieren: la conservación absoluta de sus privilegios.
Todo esto que estamos viendo es inédito.
La presidenta sabe que, así como está, la iniciativa no tiene posibilidades de ser votada a favor.
Lo que ella quiere —y así lo ha venido fraseando— es ser congruente con sus promesas de campaña y no negociar los principios de su movimiento.
Los otros, en cambio, no conocen la congruencia ni de nombre.
Y qué decir de los principios.
En tanto, los columnistas y opinadores que siguen sin entender lo que en realidad busca la presidenta, creen que si la iniciativa es rechazada significará una derrota para ella.
Craso error.
La presidenta saldrá ganando en esta trama porque no sacrificará valores.
Esto es inédito en un país donde la costumbre es negociar los principios, los valores y la congruencia.
Faltaba más.

