Es el viernes 23 de enero de 2026.
En una reunión efectuada en la sombra —su hábitat natural—, los jefes de la COPARMEX definen la ruta crítica hacia las elecciones del 2027.
Ahí están —cejas levantadas, puños cerrados—: Jorge Espina, Carlos Montiel y Fernando Treviño.
(Se les conoce como los ‘jefes’, cosa que nos les disgusta).
También está Herberto Rodríguez Regordosa, ‘Beto’, quien ha sido la punta de lanza en la operación para recuperar la dirigencia del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).
Las horas corren, y los números que tienen generan optimismo.
Los tres votos de la CANACO, encabezada hasta hace poco por Juan Pablo Cisneros, aspirante del clan a la Presidencia del organismo, están asegurados a través del nuevo titular.
La CANACINTRA, al frente de la cual está Carlos Julián Sosa Spínola, sumará otros tres votos.
Y tres votos más —los de la COPARMEX, cuya presidenta es Betty Camacho—, están en la bolsa de la dupla Juan Pablo Cisneros-Herberto Rodríguez, al decir de los ‘jefes’.
Otros organismos que juran tener bebiendo de sus manos —y que les darían tres votos en total— son la CANIRAC, la CICEPAC y la CANAGRAF.
En esa reunión privada, se habla de la guerra que iniciarán —una vez consumado el triunfo— en contra de la 4T, la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Alejandro Armenta.
“Adiós a la docilidad”, dicen.
Ha iniciado la era de la ruptura, condición básica para llegar a las urnas en 2027 a través de sus partidos aliados, empezando por el PAN.
Espina, Montiel y Treviño tienen ya la narrativa con la que buscarán debilitar el discurso de la 4T.
Son leones hambrientos metidos en la jaula.
Saben oler el miedo (el propio y el ajeno), pero también el triunfo.
Saben, igualmente, que cuando tu nombre no está en la mesa, estás en el menú.
(Tiemblan, faltaba más, ante esta posibilidad).
Espina, por ejemplo, fue una especie de vicegobernador en el sexenio de Bartlett, a quien después traicionó en la mejor tradición shakesperiana.
Saben oler, saben morder, saben hacer la guerra sucia.
Un pastelero en el CCE —Cisneros es dueño de La Zarza— será el arranque de esta trama.
(Lo mejor de Cisneros es el pastel de queso con zarzamora, aunque el pastel de cajeta no le sale nada mal).
Cisneros será el Remontel de estos tiempos, aquel francés que tenía una pastelería en la zona de Tacubaya, en la vieja Ciudad de México (1828), misma que se vio asaltada por soldados al servicio del general Antonio López de Santa Anna, quienes no sólo destruyeron el local, sino que arrasaron con los pasteles.
Los daños fueron calculados en 60 mil pesos, deuda que el gobierno mexicano se negó a pagar.
Esto generó la primera intervención francesa en México, hecho que pasó a llamarse “La Guerra de los Pasteles”.
¡Remontel está de regreso!


