Manuel Bartlett empezaba a semblantear a sus candidatos a los diversos cargos de elección un año antes de los comicios.
Al final del primer semestre de 1994, por ejemplo, ya sabía a quiénes enviaría a la guerra al año siguiente.
Tenía una ventaja:
Carlos Salinas ya iba de salida y Ernesto Zedillo aún no llegaba.
El “efecto tequila” (también conocido como el “error de diciembre”) mantuvo ocupado a Zedillo una buena temporada, por lo que Bartlett se movió como robalo entre las aguas cálidas poblanas y las aguas frías del centro del poder.
Como gobernador, CUE territorial.
Todos los días se iba de gira al interior del estado y despachaba en Casa Puebla hasta la madrugada.
Hubo ocasiones en que convocaba a las figuras más importantes de su gabinete a las dos o a las tres de la mañana para sacar adelante algún proyecto urgente.
Su sistema de inteligencia, hay que decirlo, funcionaba como reloj bajo el mando de Óscar de Lassé, quien había estudiado en el Mosad, célebre agencia de inteligencia israelí.
Gracias a su amigo, el gobernador sabía a qué hora iban al baño sus enemigos, quiénes eran sus amantes, de qué pies cojeaban y a qué perversiones sexuales eran adictos.
Todo lo sabía.
Eso le ganó una brutal ventaja ante sus contendientes panistas, dueños de una doble moral brutal cruzada de una hipocresía básica.
En 1995 estarían en juego las 217 alcaldías y las curules del Congreso, cosa que para un ajedrecista consumado como Bartlett era un auténtico manjar.
Todos los días del 94 se metió en el juego electoral que culminaría un año después.
La gobernabilidad en Puebla era manejada con artes de cirujano, por lo que el escenario pintaba muy bien.
Nadie contaba en el 94 con la crisis económica del 95: crisis que hizo perder a miles de personas sus casas y sus autos.
Esto, sumado a una devaluación brutal (generada pocos días antes de las elecciones) impactó de tal manera en el ánimo de los electores que el Partido Acción Nacional ganó, sin merecerlo del todo, los municipios más importantes: Puebla, Tehuacán, San Martín Texmelucan, Atlixco, Huauchinango, San Andrés Cholula, San Pedro Cholula y Huejotzingo, entre otros.
Veintitrés en total.
En tanto, el PRD se llevó también un puñado de polvo.
Izúcar de Matamoros, por ejemplo.
(¿Cómo olvidar el caso Huejotzingo? Éste provocó dos cosas: un auténtico caos nacional y el desfile de las principales figuras panistas por ese municipio. Al final, Bartlett perdió en Los Pinos, pues Zedillo cedió a las presiones de Diego Fernández de Cevallos y dobló las manos).
El Congreso local tuvo también una importante presencia de legisladores de oposición (más panistas que perredistas).
Bartlett aprendió la lección y dejó de confiarse.
Su obra maestra fueron las elecciones federales de 1997, cuando puso a todos los candidatos, a pesar de Zedillo, y se llevó el carro completo.
¿Qué se espera en lo económico para México en 2027?
Un gran año.
Un año sin sobresaltos, con posibilidades de crecimiento y con un peso absolutamente estable.
“Quien le tenga miedo al fuego, que no se meta a la cocina”, diría Bartlett.
Y es que el horno electoral es una prueba de nervios para cualquiera.


