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viernes, diciembre 9, 2022
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El porro que defecó en un acto de apoyo a Claudia Sheinbaum

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Un porro histórico parecido a Jaime Duende llegó hasta donde el diputado morenista Fernando Sánchez aguantaba los gritos de quienes lo repudiaban por haber votado en favor del incremento en el precio del agua potable un día antes.

El porro, esposo de Rosa Márquez —calificada por Beatriz Gutiérrez Müller como Rosa Salvaje—, se acercó como los cobardes —paso a pasito— y le propinó una cachetada al diputado Sánchez.

Es la firma de la casa.

Jorge Méndez Spínola, compadre de René Bejarano (El Señor de las Ligas)  y padre de David Méndez Márquez, exdelegado de Migración, es el porro que puso en riesgo un acto de apoyo en favor de Claudia Sheinbaum.

De hecho, la particular de la Jefa de Gobierno, Esthela Damián, fue quien invitó a Sánchez y a una docena de diputados locales.

En la gresca participaron, además de Jaime Duende y su esposa, Saturnino Gómez, consejero de Morena; “René”, secretario particular de Aristóteles Belmont, sedicente líder de Morena en Puebla; Marcos Mazatle, El Vivales, y Rafael Ramírez, del PT.

Una vez que los diputados locales abandonaron la reunión de apoyo, por no haber condiciones, la gente de Claudia Rivera, expresidenta municipal de Puebla, se adueñó del acto.

¿Es real que con esos porros y esos oportunistas busca Claudia Sheinbaum hacer equipo en Puebla?

Hay que decir que no es la primera vez que Jorge Méndez hace actos de porrismo.

Es largo su historial en la materia al seno de la Universidad Autónoma de Puebla.

Desde hace años todo mundo sabe, nos recordó una de las fuentes universitarias que pidió la gracia del anonimato, que Méndez se quedó con una imprenta (propiedad de la máxima casa de estudios), entre otras cosas.

Cuando David Méndez, su hijo, estuvo al frente de Gobernación estatal, el matrimonio Méndez Márquez se asentó en las mismísimas oficinas de Casa Aguayo para despachar asuntos de su organización política.

(Una auténtica locura).

Una vez que trascendió que en la nómina oficial tenía decenas de aviadores y empleados ligados al PAN, al ayuntamiento de Puebla y a las organizaciones políticas de sus padres, David Méndez fue despedido de manera fulminante de Gobernación.

En cuanto a Rosa Márquez, todos en Puebla recuerdan aquel reportaje que Beatriz Gutiérrez Müller publicó en los noventa en El Universal Puebla acerca de ella y otros dos perredistas poblanos que cobraron jugosas becas en la Secretaría de Desarrollo Social en el sexenio de Ernesto Zedillo.

El apodo de Rosa Salvaje, que le puso Beatriz, se ratificó durante el acto en favor de Sheinbaum.

 

Santiago Nieto y algo llamado grandeza. Una vez más, como cuando salió huyendo de la Fiscalía Especializada Para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), a Santiago Nieto le faltó grandeza.

La feliz frase (cargada de un reproche amistoso) se la dijo el senador Miguel Barbosa, quien tiempo atrás lo había contratado de asesor y lo había llevado directamente a la titularidad de la citada Fiscalía.

Barbosa, y no otro, fue su impulsor principal.

Por eso a Nieto le dolió la frase que le dijo el entonces senador cuando supo que declinaba volver a la FEPADE: “Te faltó grandeza, Santiago”.

Eran los días de las traiciones y las presiones.

Y en medio de todo: el caso Odebrecht-Lozoya.

Como el hipócrita lector recordará, Santiago Nieto llevó a las cuerdas al entonces director de PEMEX, Emilio Lozoya Austin, durante una buena temporada.

Y lo hizo con excelentes pruebas y testimonios que daban fe de los delitos cometidos por el hoy huésped de una cárcel mexicana en el tema de los brutales sobornos de Marcelo Odebrecht.

Pero el gobierno de Peña Nieto se interpuso, defendió a Lozoya y terminó por defenestrar al fiscal.

Éste pudo haber regresado a la FEPADE, en efecto, pero le “faltó grandeza”.

Todo esto tiene que ver con la deuda moral de Nieto hacia el hoy gobernador Barbosa.

Éste lo hizo, lo impulsó, lo llevó a las alturas.

El pago que la semana pasada le dio —cuando salió a limpiarle la cara al diputado Ignacio Mier Velazco en el caso que Hipócrita Lector ha venido documentando— fue vergonzoso.

Y refleja que una vez más le faltó grandeza para enfrentar la trama que lo tiene como protagonista, misma que fue denunciada por él en julio de 2021 en su calidad de titular de la Unidad de Inteligencia Financiera.

Le faltó grandeza, cierto, y algo de decoro o dignidad.

Y más:

Traicionó a quien tanto lo ayudó en el pasado reciente.

La duda mata:

¿Por qué salió Nieto a defender a Mier?

Todos los caminos apuntan a su esposa: Carla Humphrey.

La consejera electoral busca relevar a Lorenzo Córdova en la presidencia del Instituto Nacional Electoral, ahora que desde la Cámara de Diputados se cocina —sin el apoyo del PRIAN— una reforma electoral que acabaría, entre otras cosas, con la permanencia de quien tendría que estar al frente del INE hasta abril de 2029.

La idea de Humphrey es que el cuartelazo prospere y que ella no sólo permanezca, sino encabece el nuevo organismo.

Claro: gracias a los buenos oficios de Morena, y, en consecuencia, el aval de quien aún es el líder de la bancada en San Lázaro.

Ésa es una de las lecturas visibles de la rápida exoneración de Nieto a Mier.

Qué falta de visión, ufff, y de grandeza.

Por cierto:

Aquella vez que terminó dejando la FEPADE, nuestro personaje se hallaba —él mismo lo narró en el libro Sin filias ni fobias. Memorias de un fiscal incómodo, (México, editorial)— sin dinero, con problemas conyugales con su anterior esposa, y lleno de deudas.

Tras varios días de presiones que culminaron con su salida, y su falta de grandeza, Nieto admite que en un momento terminó vomitando.

No fue un vómito republicano el suyo.

Fue el vómito del miedo, de la pequeñez intelectual.

El vómito que nace de una bilis opaca, amarga, llena de temores.

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