La periodista Carolina Rocha captó el momento en que Jorge Emilio González Martínez —el nefasto Niño Verde— dialogaba por celular con alguien (la noche del domingo 2 de junio de 2024), cuando Claudia Sheinbaum barrió a sus contendientes llevando de la mano, entre otros, a los parias del Partido Verde y a los del Partido del Trabajo.
El gandul estaba eufórico.
“¡Soy una verga, cabrón!”, exclamó, al tiempo que se atribuía que el Verde hubiese rebasado en votos al PT.
(“¡Me chingué al PT, uey!”).
En la conversación dijo que no había necesitado a Morena para tal fin.
(¿Alguien le puede creer al bicho?).
La escena transcurrió en el estacionamiento del hotel Hilton de la Avenida Juárez, cuartel de la hoy presidenta Sheinbaum en esa elección.
Carolina Rocha lo grabó con su celular y el escándalo mediático no tardó en aparecer.
¿Qué evidenció?
La rapacidad de uno de los dueños de un partido al que la presidenta no necesita.
¿Qué le ha aportado el Verde a la 4T?
Además de los escándalos (la búlgara que cayó del piso 19 del complejo Esmerald, en Cancún, y los negocios del Niño Verde exhibidos en redes), absolutamente nada.
O sí: algunos votos en las Cámaras del Congreso de la Unión.
¿Requiere Morena al Verde o al PT para la elección de 2027?
En esencia no, porque los triunfos de estos partidos se han dado sólo cuando va en los hombros del partido mayoritario.
Quítele usted la marca de Morena a los candidatos de esos partidos y no ganan ni en la feria.
Son parias absolutos.
Quizá por eso, en una jugada audaz, la presidenta enviará este martes la iniciativa de su reforma electoral subrayando dos temas que incomodan a los citados depredadores: la disminución del número de plurinominales y el recorte al gasto público de los partidos.
De entrada, fieles a su vocación por el chantaje, los dirigentes del PT y el Verde ya amenazaron con votar en contra, lo que le daría al traste a la iniciativa, una vez que se requiere mayoría calificada para que ésta se convierta en ley.
Fuentes de muy alto nivel han filtrado a diversos columnistas que la presidenta no piensa dar marcha atrás.
Y es que prefiere que la reforma no sea aprobada a ceder ante los facinerosos.
Imagine el hipócrita lector a los diputados de esos partidos portátiles defender en tribuna que lo que quieren es mantener sus canonjías económicas y políticas.
Sería un espectáculo brutal.
Sería como si el Mochaorejas argumentara en un discurso sus razones para seguir secuestrando y matando gente.
Y esto apenas empieza.


