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jueves, abril 25, 2024

El día que Marcelo Ebrard perdió la Presidencia

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Juan Carlos Natale recibió una llamada la noche del martes 5 de septiembre.

Marcelo Ebrard le pedía que reuniera al equipo compacto en sus oficinas de Paseo de la Reforma.

Su voz sonaba oscura.

En el trayecto al lugar, el excanciller recibió una llamada de Dante Delgado, dirigente de Movimiento Ciudadano.

—Ya me enteré, Marcelo. ¡Te engañaron otra vez!

—¿Crees que yo no lo sabía, Dante? Entré a este proceso sabiéndolo.

—¿Qué sigue ahora? ¿Les vas a hacer el juego aceptando la presidencia del Senado?

—Claro que no. Estoy viendo mis alternativas.

—Aquí tienes al partido para lo que tú quieras. Ya me quiero jubilar. Vente primero de candidato y, si no ganas, te quedas como dirigente del partido.

—Déjame pensarlo. Me llevo a la cama tu propuesta.

—¿Ya hablaste con Andrés?

—Ya me citó en Palacio Nacional. Pero no voy a ir. Tengo una reunión con mi equipo cercano para ver opciones.

Ebrard encontró un mar de caras largas en el salón de juntas de su oficina.

Le pidió a Malú Mícher que hiciera una crónica de lo que vio en la reunión de los representantes de los aspirantes con la dirigencia de Morena.

—Pues, como te dije, jefe, nos dieron a conocer el resultado de las encuestas pero con detalles farragosos y tediosos que no venían al caso. Lo que buscaban era cansarnos. Citlali Hernández fue quien al final leyó el dictamen de las encuestadoras y la decisión final del Consejo Nacional y de la dirigencia del partido. Cuando dijo que la ganadora era Claudia Sheinbaum, Alfonso Durazo y Mario Delgado voltearon a verme. Parecía que estaban en un funeral. Todos tenían caras largas.

—Como las nuestras —bromeó Ebrard sin sonreír.

Algunos rieron.

La senadora Mícher continuó su relato:

Por supuesto, los representantes de Adán Augusto, Noroña y Velasco casi aplaudieron. Dijeron que estaban encantados con la decisión. Toño Álvarez Lima dijo que Claudia estaba en la mejor posición de generar diálogo con todos y cumplir los acuerdos marcados por el presidente López Obrador.

En ese momento le dije que cómo era que Claudia ya estaba abriendo las puertas del diálogo cuando los sobres apenas habían sido abiertos. Todos se quisieron justificar y argumentaron mil cosas, pero quedó en el ambiente de que antes que nadie Claudia se había enterado del resultado.

—Son unos cínicos y mentirosos —dijo Ebrard sin levantar el tono de la voz.

Malú Mícher agregó que por supuesto no había firmado el acuerdo final.

Ebrard narró el diálogo que tuvo con Dante Delgado y les preguntó a sus colaboradores si estaban o no de acuerdo con la ruptura.

La mayoría se manifestó en contra de romper con Morena, pues era equivalente de romper con el presidente.

Ebrard dijo que si jugaba por Movimiento Ciudadano quedaría en tercer lugar en la contienda presidencial con 15 puntos.

—Quince puntos y el partido. Yo sería el dirigente nacional para ganar la elección en 2030 —acotó.

Las voces en contra de la ruptura se multiplicaron.

Todos preferían la negociación que la salida de Morena.

La reunión terminó con la promesa de volver a verse y replantear alternativas.

Al salir rumbo a su casa recibió la llamada de Carlos Loret.

Lo invitaba a su programa de esa noche en Latinus.

—Hoy no puedo, Carlos, pero mañana ahí estaré —prometió.

Su particular le dijo que había recibido nuevas llamadas de Palacio Nacional.

—Diles que no estoy en disposición de ver al presidente. Andrés tiene que saber que no quiero escuchar promesas y justificaciones.

Al llegar a su casa de la colonia Condesa vio un movimiento inusual: miembros del ejército mexicano se movían de aquí para allá hablando por guoquitoquis.

Reconoció a lo lejos a Daniel Asaf, jefe de la Ayudantía del presidente.

Y a unos metros de éste, vio a López Obrador a bordo de un Jetta blanco.

Parecía hablar con alguien por celular.

—¿Qué hacemos, señor? —le preguntó el chofer.

(Segunda parte de tres de un ejercicio de periodismo ficción).

 

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