En la trama de la reforma electoral de la presidenta Sheinbaum, ¿quién ganó, quién perdió?
Perdieron los dueños del Partido del Trabajo y del Verde porque quedaron exhibidos brutalmente como lo que son: vulgares ambiciosos que no quieren perder sus privilegios.
Ganó la presidenta porque desde el principio fue congruente con sus promesas de campaña en el sentido de abatir los elevadísimos gastos de los partidos políticos y acabar con las plurinominales.
Al votar en contra en San Lázaro —del brazo del PRI y el PAN—, todo mundo se enteró de que los diputados federales verdes y petistas (salvo contadas excepciones) privilegian la ambición de sus jefes.
(Una ambición desbordada que ya dura décadas).
En esta trama perdió también el senador Gerardo Fernández Noroña, quien, desde sus transmisiones diarias de YouTube, sacó el pecho por el impresentable Niño Verde y por el ‘jefe’ Alberto Anaya.
(Al jefe le dicen ‘jefe’ (o ‘patrón’) en el peor estilo de los cárteles de las drogas).
Noroña, beneficiario durante años del PT, condenó el Plan A de la presidenta con los eufemismos que acostumbra escupir.
Incluso, lamentó las críticas fundadas que surgieron en contra de los ‘jefes’ del PT y el Verde.
Técnicamente, entró en un cuadro depresivo.
Y aunque el Plan B ya no contenga los polémicos puntos, la presidenta Sheinbaum salió ganando porque logró separar el verdadero proyecto ideológico de la 4T y exhibir a estos impresentables.
Como ejemplo de lo que han sido siempre (aliados del partido en el poder, sin importar ideologías), comparto con el hipócrita lector esta anécdota:
Rafael Moreno Valle tenía prisa por ver a Jorge Emilio González Martínez, el ‘Niño Verde’, y le pidió a Gerardo Islas Maldonado, ‘Gerry’, que agendara una cita con él en el sitio que definiera.
Nuestro personaje se encontraba en la Costa Azul: en Montecarlo, el distrito más famoso del Principado de Mónaco.
Hasta allá fueron a verlo Moreno Valle y Gerry.
El ‘Niño Verde’ estaba hospedado en el Métropole, un hotel cuyas habitaciones andaban en los dos mil euros la noche.
Comieron en el exclusivo restaurante diseñado por el célebre modisto Karl Lagerfeld, cuya cocina japonesa —audaz y hermosa— era obra de Didier Gómez, excantante de ópera y diseñador exclusivo de Bernard Arnault, uno de los hombres más ricos del mundo.
Luego de una larga comida —que selló un acuerdo entre el Verde y el PAN—, Rafael y Gerardo se fueron a caminar por Mónaco.
“Este cabrón sí sabe vivir la vida. Ser dueño de un partido político es mejor que ser gobernador”, le comentó entre risas.
En efecto: los dueños del Verde y el PT no van a perder por nada del mundo sus lucrativos negocios.
Para eso tienen a sus peones que los defiendan.


