“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida” (Confucio)
El trabajo significa mucho más de lo que suponemos. Todo depende de con qué ojos se mire y desde dónde se mire.
Puede ser la forma en que transformamos nuestro tiempo y energía en recursos para vivir. Esto es lo más común o es la forma más convencional de verlo o de tomarlo.
Para muchos implica sustento, seguridad y estabilidad, entre otras bondades.
Pero también es un engaño que nos hacemos a nosotros mismo y puede también ser un engaño por parte de los que requieren de nuestra fuerza de trabajo.
El trabajo nos da un rol social, dentro de una organización y en la sociedad en general.
Cuando conecta con algo interno y se vuelve pasión, el trabajo deja de ser solo obligación y se convierte en proyecto de vida, en este caso, sería una herramienta, no un fin.
Con estas consideraciones, mi propuesta, ya adelantada hace muchos años en mi proyecto de tesis doctoral es: “La Semana Mexicana” de 18 horas.
A diferencia de la semana inglesa (40 horas) esta propuesta se enmarca en el sentido de la desaparición de las horas muertas o carentes de productividad y efectividad.
Los argumentos son los siguientes: la semana sería de tres días efectivos de trabajo, de martes a jueves. Esto implica, que no es necesario ir a trabajar más allá del tiempo en el que soy más productivo (aunque se corre el riesgo de la automatización, la alienación, la enajenación y otras lindezas de la explotación de la fuerza de trabajo física y mental).
La propuesta está en función a ir a trabajar los martes, miércoles y jueves, 6 horas diarias. Porque los viernes nadie quiere ir a trabajar y si va, no trabaja, simplemente se presenta, vestido informalmente, para que pase el tiempo e ir preparándose para ese viernes “botanero”, gracias a dios es viernes, y más si es día de quincena o puente.
Por otro lado, está el “San lunes”, lo que significa no ir a trabajar el lunes, generalmente después de haber salido de fiesta, tomado alcohol o prolongado el descanso del fin de semana.
Esta expresión popular y con tono humorístico es una forma irónica de “canonizar” el lunes como si fuera un santo al que se le rinde culto… descansando.
En vez de volver a la rutina, la persona “celebra” el lunes quedándose en casa, recuperándose o simplemente extendiendo el fin de semana.
Podemos conectar esto con el significado del trabajo, porque “San Lunes” también dice algo interesante: cuando el trabajo no tiene sentido o motivación suficiente, el lunes pesa más de lo que debería.
Con estas justificaciones, tenemos que adaptarnos a la cultura nacional y dejar de atormentar a los trabajadores, que con justa razón, tratan de evitar esos días infernales y que no son necesarios para la verdadera productividad, y lejos de abonar a la consecución de objetivos, los desvirtúan y satanizan al trabajo quitándole toda esa fuerza que tiene.
La clave está en hacer las cosas bien a la primera vez: “Nunca tenemos tiempo de hacer bien las cosas, pero siempre tenemos tiempo de hacerlas dos o tres veces”.
El volver a hacer el trabajo implica costos de no calidad, es decir, gastar mayor tiempo por los reprocesos, mayor energía empleada y mayores costos económicos que repercuten en las ganancias o utilidades de las organizaciones.
Por otro lado, y es la razón de ser de esta propuesta, el fin de semana sería de cuatro días, los cuales estarían enmarcados en el sueño dorado de la mayoría de los mexicanos, esto es, al que llamamos “Una Utopía Mexicana”. Entonces, el fin de semana estaría formado por el viernes, sábado, domingo y lunes.
Esto quiere decir que tendríamos más días para ser felices, lo cual no nos cuesta mucho trabajo a los mexicanos, y nuestra calidad de vida aumentaría sustancialmente.
Desde luego que hay un solo requisito: que se planteara a cada trabajador la decisión de seguir trabajando las 40 horas de lo semana inglesa o preferir incorporarse a la semana mexicana de 18 horas (menos de la mitad a la que está acostumbrado), ese requisito es que tendría que hacer todo lo que hace en 40 horas, ahora en solo 18 horas, recibiendo el mismo sueldo o salario al que está acostumbrado.
Obviamente, sería más feliz, tendría más tiempo para estar con la familia, los amigos o utilizando de la mejor manera su tiempo libre.
En este sentido, el tiempo libre lo dividimos en tres categorías: tiempo libre para la recreación, tiempo libre para el descanso y tiempo libre para la cultura. La primera, le permite liberarse del aburrimiento; la segunda, para liberarse del cansancio y; la tercera, para liberarse del sus propias limitaciones.
“El que no tiene dos terceras partes de su jornada para sí mismo es un esclavo, sea lo que sea, político, comerciante, funcionario o erudito. (Friedrich Nietzsche).

