He tenido presente que la novela de Julián Barnes, Despedidas, celebra ―y concluye― un ciclo: los ochenta años del autor y su retiro de la escritura. No sé si sea una declaración que contenga una definitiva verdad. Creo que mientras Barnes siga viviendo (quizá no publique más) seguirá el “dictado de los ausentes”, así le he llamado ahora a una manera de “decir”, de “expresarse”. De pronto me asombra la muy común experiencia de los “maniáticos” hombres y mujeres que se dedican al oficio de la escritura: unos fuman, otros toman café; lo hacen de madrugada o luego de un paseo en el parque que les queda más cercano, etcétera. De acuerdo pero hay algo en lo que muchos están de acuerdo: lo que se plasma en el papel llega de las voces internas y externas.
Es difícil entonces que alguien con tantísimo tiempo deje de tajo su tarea.
Veremos, cuando vayan transcurriendo los años, si J. Barnes da a conocer alguna otra obra para sorpresa de sus lectores que son muchos. Gabriel García Márquez declaró en su momento que no escribiría más hasta que cayera Pinochet. Ésa fue trampa y argucia, solamente. Vimos luego que muchos incautos le pidieron que no lo hiciera…
El caso de J. Barnes es distinto: lo externó convencido.
Ochenta años, su última novela. La última que publica. Vamos a esperar.
Un misterio parece cubrir todo esto, independientemente de lo que nos han hecho conocer las notas periodísticas. Despedidas apareció en Anagrama en enero pasado, el 26, día exacto. Entonces comencé a buscarla porque me interesa bastante. Me hallo con la situación de que aún no está en el mercado. La traducción castellana no aparece y no tiene para cuando.
He aprovechado la ocasión para visitar librerías que dicen en las redes que Despedidas ya está en sus estanterías. No es verdad y hay que seguir esperando un poco. Hay libros de narrativa que nadie toca muy a pesar de que los ofrecen etiquetados igual que los de autoayuda: “Más de cien mil vendidos”. Cosas de Marketing. Si no existieran los clásicos muchas editoriales estarían en quiebra.
Sólo habrá que confiar por ahora que a J. Barnes le sigan llegando los dictados y oiga voces y que Despedidas esté pronto entre sus lectores. Es un libro buscado, no se quedará solo de exhibición en los muebles de las librerías, veremos que no.

