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lunes, marzo 23, 2026

Temiki tlatlasojte ipan cafemili– escasez y ensueños en los cafetales

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El sector cafetalero tiene rostro de mujer, como bien señala el artículo “Mujeres cafetaleras: cosechando igualdad en el campo mexicano”, publicado el 30 de septiembre de 2024 en El Universal por Ana Laura Cárdenas.

Comparto que el sector cafetalero tiene rostro de mujer, y agregaría que tiene rostro de pobreza y desigualdad.

Tlatlasojte es la expresión náhuatl que define los períodos de escasez de comida en la mesa y de ingresos en las zonas rurales y agrícolas, donde las actividades económicas aún no se han diversificado.

Por ejemplo, en los pueblos cafetaleros (en su mayoría con alto índice de población indígena) como Amixtlán, Chicontla, Hermenegildo Galeana, Tlacuilotepec, Tlapacoya, Xochinanacatlán, Zongozotla y otras comunidades de la Sierra Norte de Puebla, inicia el tlatlasojte a principios de la primavera de cada año.

Esta situación se debe a que termina el tiempo de cosecha de café y, como consecuencia, también la oferta de trabajo.

Temiki, en su sentido literal, significa “soñar”; aunque en la conversación maseual las palabras adquieren significado desde el contexto del diálogo, en este texto le daremos el sentido de “ensueños”.

Los cafetales de la Sierra Norte de Puebla, cultivados por pequeños productores con bajo nivel escolar —quienes son los principales generadores de empleo en la región—, tienen huertas de café que por lo regular presentan cuatro floraciones principales.

La particularidad de la floración de los cafetos es un proceso biológico espectacular: llena los campos de un olor a jazmín; flores blancas que dan un toque a los arbustos como si estuviesen adornados con algodón de azúcar blanco.

A inicios de la primavera (en la fiesta de San José, para ser precisos) se da la primera floración en los cafetales de la Sierra Norte de Puebla.

La segunda floración coincide con las fiestas de San Marcos Evangelista.

La tercera, en el mes de abril, concurre con la fiesta de San Isidro Labrador.

La última floración abundante de los cafetos —que inicia el período de lluvias— ocurre en junio, en la fiesta de San Antonio.

Cada floración coincide con la festividad de algún santo y, mediante la fe, se deposita en la intercesión de cada uno la esperanza de obtener buenas cosechas.

De la floración a la cereza (nombre que se da al fruto del café por ser redondo, de color carmesí y similar en apariencia a una cereza) transcurren aproximadamente nueve meses. Por ello, los cafetos que florecieron en marzo podrán cosecharse a inicios de diciembre.

En este intervalo entre la floración y el inicio de la cosecha —como ya se mencionó—, en las fincas y huertas cafetaleras disminuye drásticamente la demanda de mano de obra (que en su mayoría es de mujeres indígenas rurales, quienes complementan el ingreso económico del hogar que aportan sus esposos durante la temporada de cosecha). En lo rural se expresa entonces: “Asha ya tlatlasojte”.

En tiempos de tlatlasojte, los hombres buscan otras formas de obtener ingresos, como la producción de frijol, chile, tomate, cacahuate y quelites (la mayoría para autoconsumo), con el fin de sortear este período de falta de ingresos económicos.

En tiempo de tlatlasojte, las mujeres —ahí encontramos el rostro de mujer invisibilizado— se dedican a la elaboración de bordados, al acarreo de leña con mecapal (la falta de dinero no les permite comprar gas, por lo que suben al cerro a recolectar leña que les servirá para cocinar, hervir café y calentar agua para bañarse). Son actividades que no generan ingresos, pero les ayudan a ir pasando la vida al día y mantener la cafeticultura.

Ante la falta de ingresos, se vuelve difícil proveer a las infancias de comida saludable, variada y suficiente; por ello, muchos jóvenes (hijos e hijas de las y los caficultores) emigran a las ciudades para trabajar como obreros o en cualquier empleo que les permita sobrevivir en lapso de poco trabajo en el cafetal y que retornarán a sus hogares cuando inicie nuevamente la cosecha.

Pese a las dificultades y adversidades, como ensueño, los cafetaleros, sus esposas y las comunidades resisten y persisten en la cultura del café, para que quienes tienen la posibilidad —y algunos, la comodidad— puedan disfrutar de una buena taza de café.

Temiki tlatlasojte trata de expresar que, aun en la escasez y las condiciones precarias en las que viven muchas familias productoras de café, en sus ensueños guardan la esperanza de lograr una buena producción y llegar a tu mesa o a tu oficina con un sabor que abraza el alma, deseándote una gran jornada de trabajo.

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