🏥 TENGO DOS AMIGOS EN EL HOSPITAL. Uno acaba de salir rumbo a su casa. No salió porque estuviera sano. Su salida obedeció al hartazgo. Quizá las enfermeras (seres a las que amo) no lo trataron lo suficientemente bien. Y es que a veces son ásperas. Quienes conviven con los enfermos, como ellas, pueden volverse poco solidarias en apariencia, pues su lenguaje no es como el enfermo espera que sea. ¿Qué quiere el enfermo en su cama de hospital? Seguramente menos ruido que el que un hospital público ofrece. Pero eso es imposible. En los hospitales públicos lo que abunda es el ruido. Ah, y los cuartos compartidos con seis u ocho camas.
🦠 ESTAR ENFERMO es el equivalente de ser un marginal. La sociedad detesta esas expresiones. Es cada vez más fría y más dura con los enfermos. O los quiere sanos o los quiere muertos. No hay medios planos para una sociedad cada vez más inhumana. Será por eso, quizá, que mi amigo decidió abandonar el hospital e irse a su casa. ¿Es una buena decisión? No lo sé. Supongo que el ir y venir de señores y señoras con batas que dejan ver el culo no sea un aliciente para el que busca en su enfermedad un poco de reposo. Por cierto: ¿Por qué las batas de los enfermos en los hospitales públicos dejan ver el culo permanentemente? ¿Qué mensaje secreto hay en ese acto?
🛏️ MI AMIGO, PUES, DEJÓ SU CAMA DE HOSPITAL, tomó sus cosas y se marchó a su casa. En ese acto puede estar la historia de su vida. Siempre se está yendo hacia algún lado. Él, por ejemplo, dejó su hermoso pueblo hace algunos años para irse a otro pueblo francamente feo. Uno de esos pueblos bonitos que fueron destruidos persistentemente por los alcaldes que han pasado por su nómina. Éstos son los que abundan. Alcaldes que van a hacer negocios para aumentar su fortuna a costillas de los habitantes. Es lo de hoy.
🛌 MI OTRO AMIGO SE QUEDÓ EN SU CAMA de hospital. No se fue a su casa. Está en espera de que los médicos lo den de alta. La situación de ambos me ha tenido intranquilo en estos días. No es buena idea irse a un hospital justo cuando vamos dejando atrás la temporada navideña y el frío se estaciona en nuestros culos como si trajéramos encima, solamente, una de esas batas que lo dejan a los ojos de todos. No es buena idea. Es una idea pésima. Pero a veces, ufff, no parece haber otro remedio.

