“La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”, así lo expuso el escritor suizo Louis Dumur.
El año 2025 fue declarado por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, como el Año de la Mujer Indígena. Desde entonces, cada 5 de septiembre se conmemora el Día de la Mujer Indígena. En la práctica, instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil celebran esta fecha durante el mes de septiembre con diversas actividades, como talleres, conferencias y eventos culturales.
Sin embargo, en la conmemoración del Día de la Mujer Indígena en septiembre de 2025 ocurrió algo que, en marzo de 2024, parecía inimaginable.
En marzo de 2024, Fedrha Isabel Suriano Corrales, en su calidad de dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, acompañó a Fernando Morales Martínez para señalar al entonces candidato al Senado de la República, Néstor Camarillo Medina, por supuestamente usurpar una candidatura indígena. El señalamiento se centró en cuestionar la autoadscripción indígena del priista para ocupar un espacio reservado por acción afirmativa.
¿Qué sucedió en septiembre de 2025 que resultaba impensable un año y medio antes? Fedrha Isabel Suriano Corrales, quien había participado en aquellas críticas, pactó políticamente con el mismo Néstor Camarillo, ahora exdirigente del PRI y senador. No hubo reproche, señalamiento ni repudio por los cuestionamientos previos sobre la candidatura indígena. Lo que antes fue motivo de denuncia pública quedó en el olvido, y el debate se trasladó al escaño por cuota indígena. En resumen, una evidente contradicción.
¿Qué relación guarda esto con los pueblos indígenas (in maseualme)? El 9 de enero de 2026, la diputada local Fedrha Isabel Suriano Corrales presentó una iniciativa para impulsar el desarrollo integral de las comunidades indígenas en Puebla.
La propuesta busca reformar los artículos 31, 33 y 42 de la Ley de Derechos, Cultura y Desarrollo de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Puebla. Su objetivo es establecer mecanismos que permitan al Estado y a los municipios implementar acciones de capacitación, formación y asistencia técnica para fortalecer las actividades culturales, productivas y de comercialización con identidad indígena.
De acuerdo con la página oficial del Congreso del Estado de Puebla, la iniciativa también pretende “preservar, proteger y aprovechar de manera sustentable el patrimonio cultural tangible e intangible de los pueblos y comunidades indígenas, así como fomentar el emprendimiento, la promoción de artesanías, expresiones artísticas, medios locales de comunicación y el turismo de las poblaciones, siempre con pleno respeto a los derechos colectivos y a la libre determinación”.
Precisamente esa expresión —pleno respeto a los derechos colectivos y a la libre determinación— resulta clave, ya que está consagrada en la Constitución federal. Por ello, cualquier iniciativa en materia indígena no debería plantearse de forma laxa ni con el aparente fin de atraer el voto de la población indígena. No se trata solo de un ajuste técnico, sino de una reforma que debe sustentarse en el respeto irrestricto a la autonomía de los pueblos indígenas originarios, migrantes y afrodescendientes que residen en el estado de Puebla.
El tema indígena sigue siendo abordado por personas no indígenas —o por lo que algunos l “neoindígenas”, expresión técnicamente imprecisa pero que alude a casos como el del senador Camarillo—. La iniciativa de la legisladora de Movimiento Ciudadano parece promover la mercantilización de lo indígena, sin considerar plenamente los valores sociales, espirituales, el territorio y otros elementos que las comunidades conservan a través de la resistencia, el cuidado y la protección de sus conocimientos y saberes tradicionales. Ninguna ley debería trastocar el mundo indígena ni su patrimonio biocultural sin la participación de los pueblos indígenas y afrodescendientes.
La iniciativa resulta de la legisladora Fhedra es pretenciosa por las siguientes razones:
- En 2024: acusó (o participó en acusaciones).
- En 2025: pactó con el acusado de 2024.
- En 2026: propone legislar en favor de un electorado al que, por la posición de su nuevo aliado, se le habría despojado un derecho indígena.
Mo ixpapatla significa, en las comunidades nahuas de la Sierra Norte de Puebla, “cambiarse la cara” varias veces. Se usa para referirse a quienes priorizan sus intereses personales por encima del interés colectivo. Que no se hagan ixapatla quienes, en el discurso, apoyan a in maseualme (los indígenas), pero en la realidad pactan con quienes les han hecho daño.

