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lunes, abril 6, 2026

La ropa sucia de san Julio Scherer García

La ropa sucia de san Julio Scherer García

🧠 SIEMPRE HE CREÍDO QUE LOS PERIODISTAS somos parte de la clase política. Algunos somos correos del zar, en el sentido que le daba Julio Verne en la novela “Miguel Strogoff”. Otros somos voceros de mesías que buscan el poder a costa de cualquier cosa. Desde nuestros santones periodísticos hasta los reporteros más modestos, el periodista es un paria —junto con el abogado y el artista— que obedece al jefe del partido. Esto no lo digo yo: lo escribió Max Weber hace casi un siglo, pero sigue teniendo cierta vigencia.

 

 

💵 LA PRENSA SIEMPRE, INEVITABLEMENTE, HA IDO DE LA MANO del poder y el dinero. Pensemos, por ejemplo, en uno de nuestros santones máximos: Julio Scherer García. (Este martes cumplirá cien años de haber nacido). Todos los años, desde que murió, le prendemos veladoras y lo ensalzamos a niveles delirantes. Scherer mismo rompió el mito de que era un santo cuando publicó (cuando menos en dos libros) algunas confesiones que tenían que ver con las camisas de seda que cotidianamente le enviaba el presidente Díaz Ordaz, y los autos y camionetas que le regaló el profesor Carlos Hank González y que alimentaron el júbilo familiar.

 

 

👁️ SAN JULIO SCHERER, HAY QUE DECIRLO, CORRESPONDIÓ en parte esas canonjías al reducir la masacre del 2 de octubre de 1968 a una polémica conclusión: “Grupos de huelguistas, desde el tercer piso del edificio ‘Chihuahua’, de la Unidad Tlatelolco, dispararon contra soldados y policías”. Además, publicó en primera plana la versión del jefe de prensa de Díaz Ordaz. El periodista, pues, tardó varios años en descubrir la verdad histórica. “Scherer —escribió en un ensayo Carlos Ramírez— fue un producto del poder. En los sesenta los periódicos no solo formaban parte de los aparatos ideológicos del Estado priista, sino que funcionaban como pernos del sistema político también priista. (…) Díaz Ordaz nunca confió en Scherer, pero apostó a la necesidad de un medio grande como Excélsior, que podía caer en manos de la derecha. El mecanismo de estabilización era la publicidad oficial”. Más allá de eso -incluso, por encima de eso—, don Julio fue quien cambió la forma de hacer periodismo en México. Casi nada, pero casi todo.

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