Descubrí el movimiento antipsiquiátrico cuando yo era demasiado joven. Mi frustrada carrera, la medicina, no se me dio porque mi preparatoria era de Ciencias Sociales. Tuve la única oportunidad de conocer personalmente a Franca Ongaro Basaglia hacia 1979, aproximadamente. Ella había dado una serie de conferencias en el Salón Barroco de la UAP y entonces supe que estaba dispuesta a ofrecer una entrevista colectiva en el lobby de un céntrico hotel a los medios. Me acreditó Crítica ―el órgano oficial del consejo universitario― a través de su generoso director de aquel tiempo Humberto Sotelo Mendoza.
Franca O. Basaglia respondió a mis preguntas y dijo que las otras respuestas las tomaran de las conferencias que impartió. De ahí se publicó el libro Mujer, Locura y Sociedad, una serie de brillantes textos que jamás fueron reeditados.
Ese día la activista italiana nos indicó que interrumpiría la entrevista porque le reportaron que Franco Basaglia, su esposo, estaba mal de salud.
Definitivamente yo me hallaba influenciado ―y lo sigo estando― de las lecturas de R.D. Laing, de David Cooper, de Michael Focucault y su Historia de la locura en la época clásica. Sabía de la lucha que Franca O. Basaglia por los derechos civiles de los llamados “locos” o con trastornos mentales, La ley Basaglia logró cerrar los hospitales psiquiátricos en Italia y el hecho quedó para la historia de la psiquiatría. Ella nació y murió en Venecia (1928-2005) y su determinante papel nadie lo ha superado.
Nos habló de la conciencia trágica de la locura, nos dio una verdadera cátedra nunca olvidada.
Ha pasado el tiempo pero mi concepción de la locura no ha cambiado. Descubrí, en los escritos de Carlos Castilla del Pino que el lenguaje de los enfermos mentales es absolutamente metafórico. Aunque Franca O. Basaglia y su esposo se enfocaban más hacia lo institucional (Cooper definió a los manicomios como “Instituciones de la violencia”), también compartían esa sensible creencia que tiene que ver con el lenguaje y con la imaginación.
Y sí, los años se van. Trato de seguir un poco los rastros hacia atrás y no dudo en afirmar que llegué al tema desde que era un niño porque en el colegio en el que estudié la barda de uno de los patios servía para dividir al manicomio de San Juan de Dios. Trepado a los ladrillos podía ver a los confinados paseándose y anudando las manos a su espalda. En una de mis pasadas crónicas lo he contado. Luego llegaría a la teoría de los surrealistas y ya después a la de los antipsiquiatras.
El haber tenido la oportunidad de entrevistar a Franca Basaglia me llenó de una felicidad que aún mantengo y que sólo es mía…

