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martes, febrero 17, 2026

El último obradorista mexicano y el último neandertal (Óleos sobre tela)

El último obradorista mexicano y el último neandertal (Óleos sobre tela)

🐻 AL MOMENTO DEL CIERRE DE ESTA COLUMNA, Marx Arriaga ya llevaba, ¡ay!, más de cien horas sin bañarse, durmiendo mal, severamente estresado, atrapado en una oficina que ya no le pertenece y malcomiendo Barritas Marinela. Si Kafka viviera, le daría un abrazo, pues se ha vuelto todo un personaje suyo. Un personaje surrealista que podría interpretar una película de Luis Buñuel: aquélla en la que varias personas invitadas a una cena en la calle Providencia, de la colonia del Valle, quedan atrapadas (por un extraño maleficio) en la sala y el comedor de la residencia a la que acudieron. Esa película se llama El Ángel Exterminador.

 

🐨 EN CUATRO DÍAS, NUESTRO JOVEN MARX acabó con todo su capital político. (No le importa). Sus seguidores, quién lo dijera, lo han empezado a abandonar. Aquella joven promesa del obradorismo ha terminado convertido en un paria. Incluso, Beatriz Gutiérrez Müeller, su protectora y promotora, ha terminado por hacer un discreto mutis, cosa que no le favorece a él. En sus historias de Instagram (las de ella) se ve que se la ha pasado viendo los Juegos Olímpicos de Invierno (en particular a Donovan, joven patinador mexicano) y pasajes exóticos del lejano Oriente (en particular los relacionados con los muy tiernos osos panda). Ternurita. Pero sobre Marx, ni un gesto. Nada. Así terminan los valientes, así anda hoy por hoy el último obradorista mexicano.

 

 

 

 

🐽 HAY UN PERSONAJE QUE SE LLAMA ALFREDO CHÁVEZ OLIVIER del que no puedo dejar de hablar. (Hice una promesa que hoy romperé). Y es que es el heredero del humorismo blanco de Lalo el Mimo y el Caballo Rojas. En una historia reciente, publicada en Facebook, este señoro (quiere ser alcalde de Tehuacán) llegó a la conclusión de que sus odiadores le pegamos porque él está arriba y no abajo. (Ah, pinche Newton). Y dejó escritas estas líneas para la posteridad: “Si no tienes haters o detractores, es porque tu comunicación no está provocando lo suficiente y estás pasando desapercibido. Por eso valoro a mis haters: son la prueba de que estoy marcando agenda, la señal de que voy por el camino correcto y, aunque no lo quieran, mis seguidores más atentos, fieles y constantes”. Este señoro es la prueba viviente de que los neandertales —oh, sí— siguen poblando la tierra.

 

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