De golpe pasaron los años y bien a bien al tiempo no lo conocemos. Lo más humano del mundo es decirnos que tenemos memoria. Lo que quedó atrás no está tan allá: es presente. Lo malo de todo esto es que seremos luego olvidados. La escritura no es la única manera de permanecer un poco más entre los demás: creo en los objetos y en las actitudes como parte de un recurso que queda porque todo tiene una historia. Por casualidad me encontré un texto ―publicado originalmente en Corre, Conejo― en el que hago un breve recuento de los que para mí, pobre lector inexperto, son los mejores inicios de la narrativa a la que he tenido acceso. Ahí los anoté pero me faltó uno que me recordó ―en su entrevista― Julián Barnes: “Hoy ha muerto mamá, o quizá ayer…”. y de ahí los personajes de la novela se meten hasta no salir en un enorme trabajo de la memoria. Se me hace ocioso agregar el nombre de esa clásica obra…
Si lo vemos desde otra perspectiva diré que la memoria duele y que ingratamente nos condena a volver sobre la muerte. Me paso varias horas en un autobús, me voy al café o a la cantina, veo cosas y no tengo más remedio que escribir en mi mente lo que no hago nunca en el papel, ahí lo dejo. Está bien, muy bien: lo transformo en el papel y no tarda todo en envejecer.
En la narrativa sobreviven las cosas y los hechos. La ficción es importantísima porque sin ella la narrativa no tiene sustento, no tiene razón. “La ficción y lo que nombra”, me dicta el invisible. Buen título de ensayo.
La novela no tendría sentido sin el ejercicio de la memoria. Es una verdad de perogrullo. Y ―regreso al inicio― la memoria no tiene sentido sin lo que nos rodea.
¿Que veinte años no es nada? Son demasiados: acumulan tanto…
En la vida cotidiana ―se dice― no podemos anclarnos al pasado. ¿Cómo lograrlo? No es posible porque es lo que hemos experimentado de mil maneras.
Importa reconocernos en las caras de los demás, en los espejos, en las calles, en la patología, en lo que podemos leer. La memoria lo guarda todo.
Llegará el tiempo en el que la imaginación nos otorgue un poco más de vida. Lo cronológico concluye, sin remedio. Estoy rodeado de objetos, aquí y allá. Tienen vida propia. Mientras a compartir en silencio lo que está aquí ahora. “La vida se nos va como la tarde”, dijo Piero. Y de seguro apostaremos más por la oscura capa del olvido que todo lo cubre, todo.

