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domingo, enero 11, 2026

El pretexto de Estados Unidos de Norteamérica del Narcotráfico y posesión de Armas de Nicolas Maduro para quitarle el petróleo y el Oro a Venezuela y sacar a China de ese país

El pretexto de Estados Unidos de Norteamérica del Narcotráfico y posesión de Armas de Nicolas Maduro para quitarle el petróleo y el Oro a Venezuela y sacar a China de ese país

Por años, el petróleo venezolano ha sido una pieza clave en el tablero geopolítico mundial. En 2025, en medio de sanciones, bloqueos financieros y presiones diplomáticas, China se consolidó como el mayor comprador de crudo (petróleo) de Venezuela, absorbiendo entre 60 % y 80 % de las exportaciones mensuales, con volúmenes que oscilaron entre 600.000 y 900.000 barriles diarios. En algunos meses, como noviembre de 2025, cerca de 750.000 barriles diarios terminaron en refinerías chinas, de forma directa o a través de intermediarios, China es o era hasta el 3 de enero de este año el mayor comprador de crudo a Venezuela.

Ese dato es clave, porque explica buena parte de lo que ocurrió después.

Mientras Venezuela mantenía a flote su economía gracias a ese flujo petrolero hacia Asia, Estados Unidos —bajo el liderazgo de Donald Trump— intensificó su discurso y sus acciones contra Caracas, acusando a Nicolás Maduro de narcotráfico, de ser el “líder del Cartel de los Soles” QUE NO EXISTE y ya se cambió ese término en la Corte de Brooklyn, New York y de posesión de armas de guerra QUE COMO PRESIDENTE PUEDE TENER ARMAS en su país donde tiene jurisdicción y soberanía Venezuela, esta segunda acusación suena absurdamente sin sustento legal. La narrativa fue presentada como una cruzada contra el crimen organizado y el narcoterrorismo.

Sin embargo, el contraste entre el discurso y la realidad despierta dudas legítimas.

El llamado Cartel de los Soles no es una organización criminal formalmente constituida, con jerarquía, estructura financiera y control territorial como los grandes carteles mexicanos o colombianos. El propio sistema judicial estadounidense ha tratado ese término más como una descripción política o mediática de corrupción y vínculos irregulares, que como un cartel existente demostrable en términos jurídicos clásicos. Aun así, se utilizó como eje central de una acusación de enorme peso simbólico: señalar a un jefe de Estado como líder de un cartel internacional que no existe.

El momento tampoco fue casual. China había desplazado a Estados Unidos como principal destino del petróleo venezolano, debilitando la capacidad de Washington para influir sobre uno de los mayores reservorios de crudo del planeta. Venezuela no solo posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo (300 mil millones de barriles de reservas comprobadas, colocándola en la primera posición a nivel global) por encima de Arabia Saudita, sino también importantes reservas de oro (más de 8,000 – 10,000 toneladas de oro) equivalentes a 20 – 23 mil millones USD al precio actual del oro, riquezas naturales estratégicas en un contexto global de tensiones financieras y la desdolarización, recordemos que Donald Trump dijo que: “perder la batalla de la desdolarización seria como perder una Guerra Mundial para Estados Unidos de Norteamérica”.

Desde esta perspectiva, el argumento del narcotráfico funciona como un pretexto políticamente útil, ilegal por la invasión y secuestro (llamado extracción), pero útil: legitima sanciones, bloqueos, confiscaciones de activos y, eventualmente, intervenciones más directas. No es la primera vez que Estados Unidos utiliza una narrativa moral —la lucha contra las drogas, el terrorismo o la corrupción— para justificar acciones cuyo trasfondo real es el control de recursos estratégicos como el petróleo, el oro y las tierras raras.

El resultado práctico es claro:

China pierde acceso privilegiado a crudo venezolano.

Empresas y refinadores estadounidenses aparecen como beneficiarios potenciales de una reconfiguración del comercio energético.

Venezuela ve amenazada su soberanía sobre el petróleo y el oro, pilares de su economía.

Nada de esto implica negar que exista en Venezuela corrupción, crimen o tráfico de drogas —problemas reales y graves—, pero convertirlos en la justificación central de una invasión y ofensiva geopolítica resulta, como mínimo, cuestionable. Más aún cuando países aliados de Washington con historiales similares o peores jamás enfrentan medidas equivalentes.

En el fondo, la disputa no es moral ni judicial: es energética y estratégica. El petróleo venezolano y su oro siguen siendo el verdadero botín. Todo lo demás —carteles, acusaciones y discursos pomposos de democracia y juicio de Maduro— parece ser, para muchos analistas geopolíticos y observadores, el relato conveniente para encubrir el robo más grande del siglo veintiuno de USA a Venezuela.

Gracias por leernos. Su amigo Daniel Conde

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