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miércoles, febrero 25, 2026

Construir las madrugadas

Construir las madrugadas

Dicen los neurólogos que, a medida que pasan los años, los humanos dormimos menos. He dicho, lo he escrito, que últimamente duermo mucho menos y que he vuelto a leer a Jorge Luis Borges. Madrugadas silenciosas, de lecturas. No sé qué entendí de él o que no entendí de él cuando lo descubrí en mi primera juventud. Lo que sé ahora es que Borges no puede ser interpretado ―o reinterpretado― sin uno de sus indispensables referentes, el filósofo Arthur Schopenhauer.

El  mundo: una dualidad, una representación, pero también una voluntad: la cosa en sí, un impulso ciego e irracional. No me abandona aquella reflexión de Borges: Schopenhauer acaso descifró el universo…

Entonces parto de suposiciones, no tengo más asideros. Descubrí las bifurcaciones y sus misterios desde que tuve conciencia de que corría el riesgo de perderme en la oscuridad de una calle. J.L. Borges describe a las sombras que se presentaron ante sus ojos como intrincados y estrechos espacios en los que a él le habían ya negado la luz. No era tan trágico porque todo fue paulatino: se compensó porque imaginaba mucho más, lo dijo él.

Imaginación, lo que me gusta de ti es que no perdonas, una consigna surrealista.

¿Cómo construir o reconstruir las madrugadas? Pensando ―y sólo así―en lo que vendrá.

Curioso: nunca he hallado en los textos de J.L. Borges su concepción del psicoanálisis. Tampoco en sus entrevistas o en los ensayos que de su obra se han escrito. Es un vacío importante. Podrán tacharme de ignorante los estudiosos del tema, no me importa. Hace pocos meses, casi al tiempo de integrarme a este diario, le confié al director que las madrugadas llegan despejando la oscuridad y que son el momento en el que logro redactar un poco más. Bebo café, me admito en mis limitaciones, escribo sobre lo que reescribí la otra madrugada; hablo ―y me responden― con quienes amé y ya ya no podré ver nunca e imagino si las madrugadas representan para los demás el peso y la conciencia de que ha terminado otro día. No sé cómo actúan esas horas en los otros, imposible saberlo. Debo suponer que he retomado a Borges ―al #DespuntarElAlba— porque es un escritor que logró la unión verdadera entre lo onírico, lo conceptual y lo metafórico: vida y poesía, imaginación que no perdona…

Es probable además, que toda la concepción de J.L. Borges sobre la escritura haya llegado entre las sombras que no fueron trágicas, que al final son Golem y espejos temibles porque multiplican a los hombres. Sólo es probable. Mientras, habrá que continuar construyendo y reconstruyendo las madrugadas inquietas por aquello que vendrá…

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