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lunes, abril 6, 2026

¿Cani tik tlalpachoski ni shik in conetl? ¿En dónde enterraremos el ombligo del bebé?

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Antes de que amanezca, en el techo de la casa se escucha el canto del shawani (sonido de la lluvia).

María Tlahcotepetl está lista, acompañada de un ehchelec (gallito) que apenas empieza a kikiriquear con su siringe y una siwacuanaca (pollita) que aún no ha puesto huevo. Ambos están amarrados con listón rojo, uno de ellos morira.

Junto a las aves, hay un tronco, un machete pequeño muy afilado, refino (aguardiente), hilos de lana color rojo y todo lo necesario para el tlatemacalistli (ritual-ofrenda).

En el piso de tierra, sobre una cama de ocopitlatl (helecho águila), se extiende la primera sección del tlatemacalistli: 12 xochipares (arreglos de flores envueltos en hoja de maíz que se lleva en el puyeño de las manos como si fuera un barquillo), 12 xochicoscatl (collares de flores), 12 velas amarillas, un refresco rojo y un refresco negro.

Al final de lo que será la ofrenda, hay 12 tamales, 12 vasos de chocolate y 12 piezas de pan de sal.

A unos metros, en el bracero, las brasas incandescentes y el copal esperan para ser puestos en el popochcaxitl (sahumador tradicional).

Junto a la cama de ocopitlatl, sobre un petlatl (petate), se encuentra en cuclillas, Aurora Xometitla en posición de tlayolitis (dar a luz). Está agarrando, como colgándose de cuerdas de ixtle amarradas en la viga de la casa de cartón. A su lado está la tetitilanki (partera) María Tlahcotepetl.

Afuera, junto a la única puerta, José Guadalupe Xochipostiki —esposo de Aurora— ha cavado un hoyo de aproximadamente medio metro de profundidad, porque hoy nacerá su bebé.

Nervioso y ansioso, José Guadalupe mira por las rendijas de las tablas de jonote lo que ocurre dentro de la casa.

Aurora ha bebido el té de hierbas que solo María conoce.

Entre gritos y esfuerzos reprimidos de Aurora y sin más sentimientos que expresar, porque le dijeron que, si se mostraba débil en el parto, su bebé no tendría fuerzas para afrontar la vida, sabe que será madre por primera vez.

Con la luz tenue del candil que cuelga en el centro de la casa, José Guadalupe alcanza a ver que el bebé ha nacido.

María levanta al recién nacido de inmediato. El bebé llora muy fuerte, María no da atención al llanto del bebé, con una manta harinera le limpia la carita, lo sostiene con una mano y, con la otra, baña en refino el machete y el tronco. De pronto se escucha un “¡chas!”: el cordón umbilical ha sido cortado.

El resto del cordón umbilical junto con la placenta se coloca en una xicali (jícara) de calabaza.

María toma el hilo rojo de lana, lo lava con aguardiente y ata con un nudo el ombligo del bebé.

Después, acuesta a la niña sobre el ocopetate. Aurora se suelta de las cuerdas y se recuesta en el petate, sin quitar la vista a su hija.

—Se ixhpocatl totolontsi —le dice María a Aurora—. Es una niña gordita.

Desde afuera, José Guadalupe no deja de observar con miedo y con asombro la maravilla de la vida.

En ese momento, María toma el popochcaxitl, le pone brasas y copal, sahúma la placenta junto con el ombligo y luego a la bebé, mientras le dice:

—Simi sancuel o tiyol, se cuali otli shickana (“Naciste muy temprano, agarra un buen camino”).

María toma a la niña y se la entrega en brazos a Aurora.

Luego llama a José Guadalupe y le dice:

—Ni shick in conetl tic tlalpachoski Cani o Tik tlalcoyoni (“El ombligo del bebé lo vamos a enterrar en el hoyo que hiciste”).

En el hoyo que cavó José Guadalupe, colocaron la jícara con la placenta y el cordón umbilical.

Taparon con tierra la jícara y, encima de esa tierra, de manera ordenada, colocaron 12 velas encendidas, el pan remojado en chocolate, los tamales, los xochipares y los xochicoscatl. Finalmente, vaciaron los refrescos sobre la tierra.

María explicó a José Guadalupe y a Aurora que el ombligo debe enterrarse cerca de la puerta de la casa porque así el bebé queda conectado con la nimilistli (vida), con su ichan (casa), con su altepetl (pueblo) y que, cuando retorne a la muerte, florecerá en el tiempo y en el espacio como un ser que oyol (nació y creció) para regresar con su verdadera madre, que es la tierra.

La ofrenda es para que la tierra recuerde a la bebé todos los días, todos los meses, todos los tiempos de que va a valorar la vida y a la tierra.

También le enfatizó que solo enterrando el ombligo en la tierra se puede regresar bien a ella.

De los pollos, el gallito fue sacrificado, su sangre se derramó en el patio de la casa y  sirvió de almuerzo para Aurora, para que tome fuerzas después del trabajo de parto; y la gallina se quedó en el corral; el sexo del bebé determinó esa decisión.

José Guadalupe y Aurora determinaron que su bebé se llamará Citlalmina (estrella que alumbra en la mañana).

El parto del día conejo del mes de marzo de 1997, fue el parto número 119 que atendió María, a la edad de 50 años.

En abril de 2026, Citlalmina dio a luz a un niño en un hospital público de Puebla, hospital que se encuentra a más de 6 horas de distancia de su comunidad. Fue acompañada por su padre, José Guadalupe.

La única pregunta de José Guadalupe fue:

¿Cani tik tlalpachoski ni shik in conetl? ¿En dónde enterraremos el ombligo del bebé?

 

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