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viernes, agosto 12, 2022
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La mitad de nuestra cara

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Hay una sensación muy compleja cuando vuelves a salir del consultorio y tu médico te da la buena noticia de que la has librado y puedes ponerle play a todo lo que estuvo en pausa durante los días de enfermedad. Es muy complicado porque todo lo que está fuera de ti parece descompuesto. Sales del pabellón de consulta y vas viendo rostros desencajados por la incertidumbre. Estamos todos hartos. Vas esperando que el virus no haya dejado desastres, y a contraflujo ves a esas otras vidas que van y vienen del hospital sin saber su destino. Algunas apéndices, influenzas, preclamsias, linfomas, infartos y cánceres…

A tres años y dos contagios, sigo conmovida por todo lo que ha pasado. Estoy convencida de que esto no va a parar pronto.

Ya viví un primer y segundo derrumbe y me aterra que no podamos regresar del todo a lo que teníamos antes.

Nunca antes tuve tanta claridad sobre la fragilidad de una especie que sigue desafiando al sentido común.

Somos la mitad de nuestra cara detrás de la mascarilla.

No puedo hablar de otra cosa en este momento. Soy obsesiva.

Esta vez no me hinché pero sí quedé tan agotada como si me hubiera pasado encima el simulador del tren Maya.

Una vez más, la enfermedad me cayó regresando de Europa. Todos somos más viejos ahora, pero no más sabios.

Somos “la cosa que somos” mientras la el sudor y el escalofrío no nos despierten por la madrugada.

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