
Y mientras tanto, el águila a la expectativa…
Hago un paréntesis en los capítulos del América (los retomaré la próxima semana) para abordar lo que sucederá esta semana.
Grupo Salinas, hasta esta temporada era propietario del Mazatlán FC y, extraoficialmente, también propietario del Club Puebla en un 100% de ambos.
Por una fuente bastante confiable me han informado que un grupo interdisciplinario de abogados y contadores del más alto nivel del grupo sostuvo, durante toda la semana anterior, reuniones con personal del más alto nivel del SAT, con el objetivo de atender el pago de los 51 mil millones de pesos que el grupo adeuda al erario.
También me informan que las pláticas son muy diferentes a como se han manejado en medios y redes sociales.
Estas conversaciones se dan de manera institucional y en buenos términos; al final, cada quien juega su propio juego.
Hasta donde se sabe, la postura del grupo es apegarse a los ajustes técnicos y legales que permite el Código Fiscal de la Federación, buscando una reducción de aproximadamente 39% del adeudo, lo que lo llevaría a alrededor de 32 mil millones de pesos.
Lo que me comentan es que los abogados de Grupo Salinas también buscan combinar este esquema con un pago en 36 mensualidades, con un pago inicial y el resto “en abonos chiquitos”, un esquema que el grupo conoce muy bien.
En teoría, ambos esquemas no procederían; sin embargo, debido al tamaño del crédito y a su envergadura política, podrían llegar a concretarse.
Con voluntad de las partes, todo puede suceder.
Grupo Elektra y TV Azteca son los deudores; no lo es Ricardo Salinas Pliego, ni tampoco los dos equipos de fútbol de su propiedad.
Otra fuente, un poco más “beligerante”, me señala que Grupo Salinas seguirá desafiando a la autoridad, no pagará los adeudos y continuará en pie de guerra contra las medidas que tome el SAT, defendiendo en tribunales los actos de cobro.
Viendo el panorama con cabeza fría y desde afuera, considero que la primera opción es la que terminará ocurriendo, por el bien de ambas empresas, del erario y, sobre todo, de los proyectos personales que Ricardo Salinas Pliego tiene para el futuro (según lo que ha dejado ver).
Este lunes (26 de enero) podríamos tener información por la mañana tanto del Grupo Salinas como de la Presidencia de la República, y antes del mediodía veremos todo lo que hará estallar las redes sociales sobre este tema.
Al final, Salinas Pliego tiene una estrategia bien definida y una cosa es segura:
NO PERDERÁ esas dos joyas de su corona.
Desde hace tiempo ya se blindaron para estos momentos y sus activos estarán en fideicomisos o bajo otras figuras. Pero como eso no es asunto de esta columna —y aquí no mezclamos política con deporte— solo lo menciono para dar contexto a lo del Atlante y Mazatlán.
Como les informé semanas atrás, el señor Emilio Escalante, propietario del Atlante en la Liga de Expansión, compraría al Mazatlán FC al término del Clausura 2026 para ocupar su lugar en la Liga MX.
En octubre de 2025, la razón social Equipo de Fútbol Mazatlán, S.A. de C.V. se transformó en una SAPI de C.V., es decir, se preparó para recibir capital de otros inversionistas —distintos a los actuales— y aportaciones en especie, todo dentro del marco legal que esta figura permite.
Sin embargo, en los documentos que tengo en mi poder no aparece por ningún lado el señor Escalante. Es más, todo el Consejo de Administración está presidido, al momento, por altos directivos de Grupo Salinas.
¿Será entonces que el señor Escalante no será el único propietario del Atlante en Liga MX? ¿Y que lo único que aporte sea el logotipo, el nombre y las instalaciones de su Centro de Alto Rendimiento de cuatro hectáreas en el Ajusco, mientras que el empresario David Martínez Guzmán —conocido como el “inversionista fantasma” o el “tiburón de Wall Street”— sea el otro propietario?
Martínez Guzmán gestiona un gran patrimonio de inversionistas de Norteamérica, Sudamérica y Europa; rehúsa entrevistas y no le gusta ser mediático. El bajo perfil es lo suyo.
Por lo tanto, sería el inversionista ideal, mientras que la parte mediática y de relaciones públicas recaería en Emilio Escalante.
Entonces, ya no sería Escalante el único jinete de los Potros de Hierro del Atlante; habría otro jinete más. Y aquí surge mi duda: por los movimientos realizados en la razón social del Mazatlán FC en octubre pasado, ¿no será que Grupo Salinas también se quede como tercer jinete del Atlante? Tal como ya ocurre con Atlas y Orlegi.
Una persona muy bien enterada y cercana a los protagonistas me dijo:
“GAVILÁN QUE SUELTA NO ES GAVILÁN”, y Ricardo Salinas tampoco.
¿Será que el futuro de Grupo Salinas esté en ser accionista minoritario en varios equipos, sin injerencia en el día a día, pero con presencia en los consejos de administración y en la toma de decisiones?
Quizá ese sea el futuro…
Lo único que sí me aseguran es que, en cualquiera de los dos escenarios, el accionista minoritario será Emilio Escalante. Algunas fuentes dicen que solo le alcanza para el 8% del Atlante en Liga MX; otras, más benévolas, aseguran que logró negociar hasta un 20%.
¿Cuál será el escenario real? Pronto lo sabremos, ya que la operación no está finiquitada y, aunque hay acuerdos, hasta que no se pague y se firme, nada está escrito, porque…
“Gavilán que suelta no es gavilán”,
y mientras tanto, el águila se mantiene a la expectativa, viendo que las cosas sucedan de la mejor manera para sus intereses.
En esta situación, todos ganan, porque aun con el 8% o el 20% del Atlante en Liga MX, nadie le quita a Emilio Escalante el mérito de haberle ganado la partida a los otros dueños de ese “tobogán sin salida” que es la Liga de Expansión y de haber salido en el menor tiempo posible.
SELECCIÓN SIN ILUSIÓN

Por otra parte, todos estamos muy preocupados por los paupérrimos resultados y el rendimiento de la Selección Nacional rumbo a la Copa del Mundo del próximo verano. Algunos me dicen que algo similar ocurrió con la Argentina de Bilardo en 1986, que no convencía ni gustaba y terminó siendo campeona. Pero seamos realistas: ni Aguirre es Bilardo, ni Gilberto Mora es Maradona, ni mucho menos.
El problema pasa por otro factor: LOS JUGADORES.
Déjeme explicarle. Si hacemos un recuento histórico:
México 86 se jugó con jugadores de la generación Baby Boomer (Hugo Sánchez, Tomás Boy, Miguel España).
Estados Unidos 94, Francia 98, Corea-Japón 2002 y Alemania 2006 correspondieron a la Generación X (1965–1980).
Juzgue usted y haga memoria del tipo de jugadores que había entonces: Aspe, Campos, Zague, Hermosillo, Márquez, Guardado… y lo que se podía esperar de ellos.
En Sudáfrica 2010 hubo cambio generacional y entraron los Millennials (Vela, Chicharito, Giovani, entre otros), quienes también estuvieron en Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022.
Y así llegamos a 2026, con jugadores de 25 años en promedio, es decir, Generación Z (1997–2012), también conocida como la generación de cristal.
Ante este escenario, ¿qué podemos esperar de esta nueva selección nacional?
La cuestión radica en los jugadores y en cómo han sido formados y educados. Por eso las expectativas van a la baja. Pero no solo es culpa de los jugadores: también influyen los padres de familia, los entrenadores y los formadores.
De esto hablaré en la próxima columna, sobre la “MBP School of Coaches” y el gran daño que está causando al fútbol —especialmente al fútbol mexicano— e incluso al periodismo.
Ya verá los monstruos que están creando: muy buenos en la teoría y en la pizarra, pero sin lógica ni sentido común futbolístico, creyendo que el fútbol fue descubierto en Barcelona… no por el Barça, sino por impostores que se colgaron de la fama del club en la era Guardiola, sin tener realmente nada en común más allá de la ciudad.
Pero esa ya es otra historia.
Y, desgraciadamente, las fuerzas básicas y divisiones inferiores están llenas de estos aprendices.
Nosotros, como siempre, seguiremos en línea.
Hasta la próxima.
Sígueme en redes:
X: @pepehanan
Instagram: @pepehanan
Threads: @pepehanan
Facebook: pepehanan
TikTok: @pepehanan1
YouTube: enlineadeportiva

