23.4 C
Puebla
miércoles, abril 8, 2026

La imaginación en contra de la miseria humana

La imaginación en contra de la miseria humana

Tengo proyectos en mente pero no sé cuánto tiempo siga pa´lante. Razones obvias ―por obvias ya abrumadoras― me tienen anímicamente del lado del ring donde caían los rivales de Mohamed Alí. Aquello de seguir escribiendo historias para nadie ha quedado allá, muy atrás. A pesar de todo sigo creyendo en la imaginación ―la que no perdona, decía André Breton― porque es la única manera de confrontar la miseria del mundo. El único reducto de comunicación humana posible no lo es si carece del elemento de ficción. En efecto: así entro a casa convencido de la limpidez de la palabra, como lo quería Octavio Paz.
Leí una confesión de Alejandra Pizarnik donde argumenta que desearía escribir una novela breve y perfecta como Aurelia de Gerardo de Nerval. Y Borges, a quien he vuelto casi obsesivamente, descubre que él no estaba interesado en lo más mínimo en adentrarse en largos argumentos por el hecho de que un poema le llevaba mucho tiempo de trabajo. Indigno de crear personajes ―dijo― supe luego que valía la pena intentarlo; así escribí algunos cuentos.
Uno de sus tantos biógrafos publicó imágenes de las pruebas corregidas en linotipia por Borges y son textos que se vuelven otros textos. Oficio.

Pero la idea de la perfección es un tanto ficticia porque ésta no existe.
Ahora estoy obligado a regresar a las lecturas básicas de los surrealistas y a los principios del Freud ortodoxo. Algo me atrae de las madrugadas: las presiento y me adentro a ellas lleno de miedo. Entonces bebo café y trato de plasmar una que otra idea que desecho casi inmediatamente. Revisé una de aquellas colaboraciones que tuve en la revista Corre, Conejo, en la que hago un recuento de lo que ―para mí― son los mejores e impactantes inicios de la narrativa que he revisitado. Tuve la sensatez de opinar humildemente que habría quien tuviese su propia lista y que lo más seguro era que yo fuera injusto. Olvidé ese enorme “Hoy ha muerto mamá, o quizá ayer…” Lo anoto ahora porque me lo ha recordado J. Barnes.
Tengo una encomienda que me ha convencido de la importancia de escribir para reescribir, no tanto para publicar… Es un dictado que me llega de madrugada, en los momentos en los que todo me horroriza. Es otro día que ha concluido. Le dije: “¿Una corta novela? ¿Surrealista? ¿Policiaca?” Me contestó: adelante, ¿qué esperas? Pero no le confesé que él sería el personaje que la vida me dio… Tengo algunos inicios que habré de trabajar. Las madrugadas me confunden y ―al tiempo― me iluminan, son tan breves, tan breves y genuinas que no hay una que se le parezca a otra. Principio Zen: nadie se baña en el mismo río, nunca.

Notas relacionadas

Últimas noticias

Lo más visto