La arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, fue entronizada como la primera mujer en asumir el liderazgo primado de la Iglesia anglicana, en una ceremonia celebrada en la histórica Catedral de Canterbury, símbolo espiritual del cristianismo en Inglaterra.
El acto, realizado en Canterbury, reunió a representantes de distintas religiones y figuras internacionales, incluidos los príncipes de Gales, Príncipe William y Catherine, Princesa de Gales. La ceremonia destacó el carácter global del anglicanismo, con cantos en lenguas africanas, una oración en urdu y la lectura del evangelio en español a cargo de una obispa mexicana.
Durante su primer mensaje, Mullally evitó pronunciarse directamente sobre las tensiones internas que atraviesa la iglesia. El anglicanismo enfrenta presiones por un posible cisma, impulsado por sectores conservadores, especialmente en África, donde existe oposición a reformas como la ordenación de mujeres y el reconocimiento del matrimonio igualitario.
La Iglesia anglicana, fundada en 1534 tras su separación de Roma durante el reinado de Enrique VIII, cuenta actualmente con cerca de 85 millones de fieles en el mundo, aunque su práctica religiosa ha disminuido notablemente en Reino Unido. El crecimiento más dinámico se concentra en Asia y África, donde también se ha consolidado una corriente tradicionalista que cuestiona el rumbo doctrinal de la institución.
En este contexto, el movimiento encabezado por el arzobispo ruandés Laurent Mbanda se proclamó recientemente como la “verdadera” representación del anglicanismo global, lo que evidencia las fracturas internas aún sin resolverse.
Pese a ello, Mullally optó por un tono conciliador. En su homilía, hizo un llamado general a la paz en regiones en conflicto como Medio Oriente, Ucrania, Sudán y Birmania, sin referirse a disputas internas. También aludió de forma indirecta a los casos de abusos dentro de la iglesia, que han impactado su credibilidad institucional.
La nueva líder anglicana, quien anteriormente ejerció como enfermera, subrayó su intención de asumir el cargo con un enfoque de servicio y vocación, inspirada en pasajes bíblicos sobre la humildad y la entrega.
Al concluir la ceremonia, recibió una ovación prolongada, particularmente de mujeres asistentes, en un hecho considerado histórico para la representación femenina dentro de la Iglesia anglicana.

