Solo aquellos que se arriesgan yendo lejos pueden encontrar lo lejos que pueden llegar (T. S. Eliot.)
Para encontrar nuestro verdadero potencial es necesario atrevernos a salir de nuestra zona de confort, con la única condición de intentar desafíos o cuestiones difíciles.
La seguridad nos detiene, muchos buscamos seguridad sin darnos cuenta que es la forma más fácil de detener nuestro crecimiento y desarrollo, porque nunca sabremos hasta dónde podemos llegar. Si nos quedamos en lo que conocemos nunca conoceremos nuestros propios límites.
Friedrich Nietzsche lo dijo muy claro en su célebre frase: “Solamente quien construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. El progreso, el crecimiento personal y los grandes logros, por lo general, requieren riesgo, esfuerzo y valentía.
Empecemos dilucidando las fronteras entre estos conceptos:
Cuando estamos conscientes de nuestra capacidad para tomar decisiones y orientar nuestra conducta hacia nuestros objetivos o propósitos es cuando podemos hablar de la Voluntad.
Esto implica actuar con intención propia, elegir entre distintas opciones y asumir la responsabilidad por esas elecciones. Es por eso que las acciones realizadas bajo coacción o sin plena lucidez no se consideran voluntarias.
La Voluntad está relacionada con la intención, la motivación y la determinación.
Por otro lado, El Libre Albedrío es la capacidad de los seres humanos para elegir entre distintas opciones de manera libre, sin estar completamente determinados por fuerzas externas o internas. Esto quiere decir: que podemos decidir nuestras acciones.
Por lo tanto, El Libre Albedrío es la libertad de elegir, mientras que La Voluntad es la fuerza interna que nos impulsa a realizar la elección, ejecuta o sostiene la decisión
“Los obstáculos son esas cosas espantosas que ves, cuando apartas la vista de tu objetivo” (Henry Ford).
Por otro lado, está La Perseverancia, entendiéndola como la capacidad de mantenerse firme, constante y enfocado en alcanzar una meta u objetivo, superando obstáculos, dificultades y desánimo. Implica esfuerzo sostenido, paciencia, resiliencia y la voluntad de aprender de los errores para seguir adelante sin rendirse; es la capacidad de seguir intentando alcanzar un objetivo aunque haya dificultades, errores o fracasos.
En este sentido, La Constancia, por su parte, es la capacidad de mantener el esfuerzo, la disciplina y la dedicación de forma continua para alcanzar una meta.
Así, hay que asumir la responsabilidad de cumplir con las tareas aunque no tengamos ganas, tener la paciencia de entender que los resultados no siempre son inmediatos, establecer un plan o rutina para cumplir los objetivos, continuar trabajando aunque el progreso sea lento, mantenerse firme con la meta propuesta y trabajar de forma regular sin abandonar fácilmente.
La Constancia y La Perseverancia son valores parecidos aunque no significan exactamente lo mismo.
Mientras La Constancia es la capacidad de mantener un esfuerzo de forma continua y disciplinada para lograr algo, La Perseverancia es la capacidad de seguir intentándolo a pesar de las dificultades, fracasos o problemas.
Finalmente, La Abulia es la falta de voluntad o motivación para hacer cosas, incluso actividades simples o importantes.
Cuando las personas no tienen ganas de hacer actividades que antes hacía normalmente, estamos hablando de La Abulia, porque padecen una pérdida de interés por estudios, trabajo o actividades recreativas. Incluso, el hecho de elegir cosas simples puede resultar complicado.
Necesita que otros le digan qué hacer porque no toma la iniciativa ya que se tiene la sensación de agotamiento. Aunque no haya hecho mucho esfuerzo físico, hace las cosas muy despacio o las pospone.
Hay una diferencia imperceptible entre La Abulia y La Pereza, pero eso lo vamos a tocar en otra ocasión porque La Pereza ya se está apoderando de mi Voluntad.

