El Plan B de la presidenta Claudia Sheinbaum en realidad era el Plan A.
Eso quedó demostrado en La Mañanera de este jueves, cuando con una sonrisa interminable —plena, auténtica— anunció el fin de los privilegios de un sector de la clase política, lo que incluye a los Congresos locales, al Senado y a los ayuntamientos de todo el país.
Ese fin de los privilegios tiene que ver con una vieja práctica que proviene del periodo neandertal mexicano (los tiempos del PRI) y que alcanzó al muy irrelevante periodo panista (cuando Calderón y García Luna descubrieron el pozole de cabeza humana) y a los aliados de Morena: el PT y el PAN.
Busca la presidenta que se reduzcan los onerosos presupuestos que benefician a los integrantes de los órganos mencionados líneas atrás, pero no en aras de que los ahorros vayan a la Federación sino que vayan al pueblo en forma de programas sociales.
O como ella dijo: a drenajes y a luminarias.
Esto es, ufff, lo que los puros y los juristas denominan una reforma de gran calado.
Desde que me dedico a tundir teclas no había visto una reforma de tal naturaleza.
Y es que la presidenta no ha dudado en acabar con los privilegios de los partidos y sus dueños para beneficiar al ciudadano de a pie (víctima ideal de muchos vampiros que se esconden en el quehacer político).
Bien lo dijo la mañana del jueves: “Hay regidores (y diputados locales) que ganan más que la presidenta”.
Y es que, en efecto, a las dietas suelen sumarse bonos de todo tipo: compensaciones, apoyo para transporte, apoyo para despensas, aguinaldos, apoyos extraordinarios, etcétera.
(En el caso del Congreso del Estado de Puebla, por ejemplo, hay quienes se benefician maquilando síntesis informativas horrorosas que tendrían que estar en la sección de embutidos de los supermercados).
Quienes desde los medios de comunicación insisten en que la presidenta sufrió un revés la tarde del miércoles (en el contexto de la votación de la iniciativa de reforma electoral) tendrían que dedicarse a otro oficio.
Simplemente no entendieron que el verdadero Plan A de la presidenta es el Plan B.
La sonrisa de hoy lo dijo todo.
Al Verde y al PT se les acabó la Ley Milpa. La presidenta Sheinbaum no acusó de traidores a los diputados federales del PT, el Verde y tres de Morena que se sumaron al PRIAN para impedir que su reforma fuese aprobada.
Bien lo dijo: “La gente se dio cuenta de quién votó a favor y quién votó en contra”.
No son traidores, agregó, simplemente votaron para que no desaparezcan sus privilegios.
¿Cuáles son éstos?
Además de las cantidades millonarias que se han embolsado sus patrones (el Niño Verde y el profe Anaya) durante décadas, el poder que les da la manufactura de las listas de candidatos plurinominales.
Por cierto: uno de los negocios que tienen los petistas y los Verdes en Puebla tiene que ver con la composición de los cabildos.
Esos espacios —intocados hasta hoy— les sirven para pagar favores o brindar privilegios.
(Con el respectivo moche, faltaba más).
Cómo olvidar que la senadora Liz Sánchez puso a algunos alcaldes de dudosa procedencia, uno de los cuales (Gerardo Cortés Caballero, de Cuatempan) terminó en prisión por sus evidentes malos pasos.
Con la reforma de la presidenta Sheinbaum, sí, todo esto se va a acabar.


