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lunes, marzo 9, 2026

Nuremberg: el juicio que legitimó la victoria

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“La única pista de lo que el hombre puede hacer

Es lo que el hombre ha hecho.”

R.G. Collingwood.

Tal parece que uno atrae lo que piensa, incluso si se trata de esparcimiento fuera de las presiones cotidianas del trabajo. En esta ocasión, me tocó constatar la veracidad de la frase anterior este fin de semana al ver la película “Nuremberg”, de James Vanderbilt, una adaptación cinematográfica de lo que fue conocido a mediados del siglo XX como “el juicio del siglo” o lo que, a mi juicio, consistió en el “juicio para legitimar la victoria de los vencedores”. Pero primero, un poco de contexto.

Como el lector podrá recordar, la Segunda Guerra Mundial, esa en la que participaron las potencias del Eje (la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini y el Japón de Hirohito) y los Aliados (liderados por Gran Bretaña, Estados Unidos de América, la extinta U.R.S.S., Francia y China), no finalizó en el campo de batalla, sino que la guerra terminó en un tribunal. En efecto, mediante la Carta de Londres, los Aliados delinearon lo que sería una serie de procesos judiciales en las que se juzgó a altos mandos militares supervivientes del régimen del Tercer Reich, así como a doctores y abogados que, con su conocimiento, ayudaron al Führer a legitimar sus “fines”.

Nuremberg, la película, retoma exclusivamente el proceso para erigir el primer Tribunal Penal Militar Internacional, los esfuerzos del juez de la Suprema Corte de Estados Unidos de América Robert H. Jackson (interpretado por Michael Shannon, como lo recordará en “La Forma del Agua”) para lograr el juicio en contra del alto mando militar nazi encabezado por Hermann Göring (bajo la actuación del genial Russell Crowe, inolvidable en “El Gladiador”) y los esfuerzos de un joven psiquiatra militar (caracterizado por Rami Malek, véase “Bohemian Rhapsody”) para conocer más de los antecedentes personales de los acusados y, de paso, mantenerlos con vida evitando que la “ley cicuta” llegara antes que la ley del hombre.

El filme está lleno de referencias históricas, políticas, sociales, legales y filosóficas que, bajo una mirada aguda, destacan y hacen que la experiencia sea profundamente enriquecedora.

En cuanto a las referencias históricas, tenemos la precisión del momento en que se llevan a cabo estos juicios, justo después de la rendición del mando militar nazi.

Políticamente se destaca la labor que Robert Jackson intenta al visitar al papa Pío XII en el Vaticano con la finalidad de conseguir su apoyo político para impulsar el proceso judicial, a lo que el Papa se opone por estar convencido de que corresponde a Dios el juicio final; sin embargo, en un acto casi de chantaje, Jackson revira al Papa y le recuerda que fue el Vaticano el primer Estado en reconocer al Tercer Reich.

Desde el punto de vista social se destaca el papel que estos juicios tuvieron para con la sociedad, es decir, la sociedad occidental no esperaba un paredón de fusilamiento, sino que esperaba que el sistema legal y la ley ejercieran su peso sobre los acusados y, solo después de ser oido y vencido en un juicio se declarara su culpabilidad y, en consecuencia, la condena a muerte del alto mando castrense.

Cambiando del lente al legal cobra relevancia la forma en que el juicio contra Göring se desarrolla: un juicio con un panel de cuatro jueces seleccionados, uno por cada potencia Aliada; el equipo de fiscales acusadores presidido por Robert Jackson de Estados Unidos de América y David Maxwell Fyfe de Gran Bretaña; la defensa y los acusados. Destaca el hecho de que el juicio es de corte acusatorio y oral, como lo que hoy vemos en nuestro país, solo que con clase y buen gusto. Fun fact: hay una escena en pleno interrogatorio directo de Jackson a Göring en donde el primero se queda sin preguntas (algo desastroso para quien domina la técnica del interrogatorio directo) y, en ese momento, el fiscal británico sale al quite en el contrainterrogatorio y logra hacer pedazos la estrategia discursiva de Göring logrando que reconociera su participación activa en las labores del Tercer Reich. Cobra sentido lo anterior si tenemos en cuenta que Gran Bretaña lleva, al menos, quinientos años más de práctica del Common Law que los Estados Unidos de América y ese fragmento de la película deja en claro la experiencia.

Finalmente, la filosofía y, agregaría la psiquiatría, se hacen presentes en la película a través del psiquiatra de la prisión, quien en diferentes ocasiones se hace la pregunta de qué es lo que impulsó al régimen nazi a llevar a cabo las atrocidades que todos conocemos. Invariablemente esto nos lleva a dos obras que surgieron de la reflexión del holocausto: Eichmann en Jerusalem y los Orígenes del Totalitarismo, ambos de Hannah Arendt, cuyo eje central de estudio es el origen del mal o la banalidad del mal.

En fin, Nuremberg es una gran película para disfrutarla, reflexionar y sobre todo que conste que el pasado nos enseña los límites conocidos del ser humano, pues cuando se piense que algo es demasiado oscuro para que sea real, basta con echar un vistazo al pasado y verificar que ya se ha hecho. Como dice la cita de hoy: “la única pista de lo que el hombre puede hacer es lo que el hombre ha hecho”. Juzgue usted mismo.

 

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