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jueves, marzo 5, 2026

‘Llamarse Olimpia’, un tras bambalinas a la creación de un movimiento social y político contra la ciberviolencia sexual en México

‘Llamarse Olimpia’, un tras bambalinas a la creación de un movimiento social y político contra la ciberviolencia sexual en México

Publicado originalmente por Andrés Rodríguez en EL PAÍS, compartimos este reportaje por su relevancia e interés periodístico:

El documental de la realizadora Indira Cato, ganador de múltiples premios, sigue el camino de la activista Olimpia Coral Melo en su búsqueda de justicia contra la difusión de fotos y vídeos íntimos sin consentimiento

A Olimpia Coral Melo no le gustaba su nombre cuando era niña. Cuenta la activista poblana de 35 años, originaria de Huauchinango, que su madre se lo puso en honor a su bisabuela, una mujer que ninguna de las dos conoció, pero que despertaba un sentimiento de amor en su progenitora. Ya en la escuela, al ser un nombre fuerte o poco conocido, sus compañeros le hacían bullying. Sin embargo, lo peor llegó a sus 18, cuando su expareja divulgó un video privado con contenido sexual sin su consentimiento, en el que solamente ella se vio afectada. Al buscarse en Internet, según recuerda, lo primero que aparecía era “Olimpia la puta”, “la zorra” o imágenes de ella hipersexualizada, sin importar el servidor. Con el apoyo de su madre, se dio cuenta de que la violencia digital que estaba sufriendo no era su culpa y que ella fue la víctima.

Ese abrazo fue el impulso que la llevó a encabezar una batalla de siete años para crear y promover un conjunto de reformas legislativas en México, conocida como la Ley Olimpia, contra la ciberviolencia y los delitos que violen la intimidad sexual de las personas. La vergüenza cambió de bando y Llamarse Olimpia, como la realizadora Indira Cato tituló a su documental sobre las vicisitudes que enfrentó la defensora, se convirtió en sinónimo de acción social y lucha política.

La cinta comienza su recorrido comercial en dos de las Cinetecas, Cine Tonalá, Cinemanía y La Casa del Cine, en Ciudad de México, además de otras salas independientes en ciudades como Guadalajara, Monterrey, Aguascalientes, Tijuana, Playa del Carmen, San Luis Potosí, Tepic, Culiacán, Mérida y San Cristóbal de las Casas. Asimismo, la película forma parte de la programación de la Gira de Documentales de Ambulante, el festival de cine de no ficción de mayor alcance en México y que se realiza en la capital hasta el 14 de marzo.

Olimpia Coral en la Cineteca Nacional.
NAYELI CRUZ

Indira Cato, de 35 años y nacida en Ensenada, Baja California, cuenta que en 2020 empezó a escuchar historias y entrevistas sobre Olimpia Coral Melo, sobre cómo su madre fue un factor influyente para que tomara fuerza y no se avergonzara por lo que le sucedió. Ese trasfondo le pareció “sumamente conmovedor” para desatar lo que se convirtió en un movimiento político tan grande. Su primer detonador como documentalista fue buscarla para conocerla más a fondo y desde otro ángulo. “Para mí era importante abordar la historia desde la empatía y desde la actualidad de lo que estaba pasando y, por supuesto, también registrar cosas que iban a ser históricas y que no estaban siendo registradas en el cine. Retratarlas en su trabajo de día a día escuchando historias que resuenan con la suya propia”, afirma la realizadora en una entrevista para promocionar la película en la Cineteca en Ciudad de México.

Ese proceso le tomó cinco años a Cato. Terminó casi al filo la película, con lo justo para estrenarla el pasado año en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, donde se hizo con el Premio Mezcal a Mejor Película. Pero sus reconocimientos no terminaron ahí. En la cita cinematográfica de Morelia, una de las más importantes del país y del continente junto a la de la capital de Jalisco, obtuvo el reconocimiento a Mejor documental. “Lo más desafiante fue tener esta conciencia de que estábamos trabajando con personajes que habían sido violentados con una cámara. Era algo que nos exigía mucha más delicadeza que en otros casos. Lo que hicimos fue, por supuesto, crear un vínculo muy fuerte con ellas. Hicimos un equipo de puras mujeres para que se sintieran cómodas, para que pudiéramos fundirnos en sus espacios, pero también trabajamos muchísimo con el consentimiento”, explica la realizadora.

La Ley Olimpia fue aprobada a nivel federal en México en abril de 2021 para castigar la violencia digital y la violación a la intimidad sexual. Tipifica como delito la difusión, grabación o intercambio de contenido íntimo sin consentimiento, con penas de 3 a 6 años de cárcel y multas, elevándose la pena si el agresor fue pareja de la víctima.

Melo ha recorrido un camino largo. Apenas en enero, fue de su conocimiento que la Organización de Estados Americanos (OEA) tomó a la Ley Olimpia como base para la nueva Ley Modelo Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Digital contra las Mujeres. Tener a las cámaras todo el tiempo con ella representó un reto, ya que fue volver a vivir la sobreexposición de su vida privada, de lo que no se dice o no se habla. De lo que hay detrás de la noticia o lo público que se conoce sobre este conjunto de reformas legislativas. “Me da miedo la reacción. Incluso a mí me dio conciencia de entender que lo que habíamos logrado juntas y que seguimos luchando juntas vale la pena”, dice la activista durante la promoción del filme en la Cineteca.

Cato se propuso, con su documental, elaborar un retrato íntimo de Olimpia Coral Melo. Uno que parece no tener las fronteras tan marcadas sobre dónde acaba la activista y dónde empieza su vida personal, que ha construido a base de confianza y cercanía tras varios años de seguirla. “Me parece que ambas han crecido a la par [Olimpia como activista y persona]. Son a la vez una lucha personal y una lucha social, como una sanación que se ayudó una de la otra. Me parece que encontrar estos momentos más personales, reflexivos, solo se logran cuando llevas mucho tiempo con tus personajes. Cuando empiezas a ser parte de su cotidiano y empiezan a olvidar que estás grabando”, afirma la directora.

Indira Cato en la Cineteca Nacional.
NAYELI CRUZ

Melo fue reconocida como una de las 100 personas más influyentes del mundo en 2021 por la revista Time, pero eso, admite, no significa que no haya días en los que no quiera levantarse, que no quiera seguir o se cuestione si esta lucha ha servido. Según cuenta la activista en un fragmento del documental, cada día recibe entre 300 a 400 mensajes diarios en sus redes sociales en los que le piden ayuda o consejos. A veces puede ser frustrante para ella, según admite, no poder alcanzar a dar cobijo a todos al momento, aun con el Frente Nacional para la Sororidad o las Defensoras Digitales, las células de activistas en México que se unieron para impulsar la Ley Olimpia en sus Estados.

“Hay días devastadores, hay buenos y hay malos. Yo no soy la Ley Olimpia. La Ley Olimpia es mi lucha y la colectiva que tenemos, pero yo soy otra persona que eligió como camino el activismo, la lucha desde mi posición como sobreviviente de violencia digital, aspirando a que esto sí funcione, sí sirva y que vaya más allá de una ley y haga conciencia para crear espacios digitales libres de violencia y concientice a las empresas dueñas de estos espacios para que se hagan responsables de la violencia que está pasando en contra de las mujeres y de las niñas”, agrega Melo.

De acuerdo con la información del documental, dos de cada tres mexicanas mayores de 15 años han sufrido algún tipo de violencia en su vida. En este marco, también detalla que más de 9 millones de mujeres en México han experimentado ciberacoso en alguna de sus formas. Para la activista es importante no olvidar la utopía que es seguir creyendo que las mujeres pueden salvarse entre ellas mismas, como el feminismo lo hizo con ella tras tres intentos de suicidio.

“El feminismo termina siendo una lucha no solamente que beneficia a las mujeres. Beneficia incluso a la vida, al planeta, a la existencia no solo humana, sino también a la de otras especies. La Ley Olimpia hace hincapié en la importancia de no permitir la deshumanización de los espacios digitales, que es responsabilidad de un algoritmo patriarcal. No sabemos qué más nos tocará vivir después de la inteligencia artificial, pero sí pusimos una base para entender que lo virtual es real y que no es culpa de las víctimas. Esto sirvió para hablarle al mundo no desde Europa, no desde Estados Unidos, sino desde nuestros territorios y nuestros lenguajes”, sentencia Melo.

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