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martes, marzo 3, 2026

Respuesta a un invitado al cumpleaños de Manuel Bartlett Díaz

Respuesta a un invitado al cumpleaños de Manuel Bartlett Díaz

A propósito de mi columna sobre los 90 años de Manuel Bartlett, José Luis Flores Hernández me envió una carta para aclarar algunos puntos, misma que a continuación reproduzco:

“Mario Alberto:
“Veo que no solo eres hipócrita como sugiere tu columna diaria.
“Eres además mentiroso o, en el mejor de los casos, mal informado.
“Me dedicaste un breve párrafo en tu relato sobre la comida con Manuel Bartlett que aquí transcribo:
“‘José Luis Flores, faltaba más, es uno de los pensionados de oro de Banobras, institución que dirigió entre 1998-2000…  y es que recibe una pensión mensual de un millón de pesos’.
“Para tu información:
“-No recibo pensión alguna de Banobras.
“-Tengo pensiones parciales del IMSS y del ISSSTE como cualquier otra persona que trabajó y cotizó 24 años al IMSS y 17 años al ISSSTE.
“No es la primera vez que haces comentarios falsos sobre mi persona, pero confío que será la última.
“José Luis Flores Hernández.”

Hasta aquí la aclaración.

En unas cuantas líneas, don José Luis me acusa —en el mejor estilo de los boleros mexicanos de la época de oro— de hipócrita, mentiroso y falsario.

(Escuché de fondo musical a Agustín Lara en su canción “Perdida”).

Dice que no es la primera vez que hago comentarios falsos sobre su persona.

En un ejercicio de memoria, supongo que se refiere a la época en la que buscó ser, infructuosamente, candidato del PRI a la gubernatura de Puebla en 1998.

¿Quién le ganó en ese proceso interno?

Don Melquiades Morales Flores.

Yo ya escribía en El Universal Puebla esta columna, y cubrí en el día a día ese proceso.

Cierto: a don José Luis le disgustaban mis crónicas y mis aseveraciones en el sentido de que don Melquiades iba a arrasar.

(Cosa que sucedió).

También recuerdo que, al describir sus constantes enojos por el pésimo rumbo que estaba tomando su precampaña, solía enfrentarme con la irritación que se volvió una constante en ese período.

Y es que a nadie le gusta (como fue su caso) sentir que el fervor popular estaba muy lejos de sus mítines patrocinados, por cierto, por el gobernador de entonces: don Manuel Bartlett.

Pese a que éste puso al servicio de su precandidatura todos los recursos del gobierno (tanto humanos y materiales como financieros), don Melquiades lo rebasó por la izquierda con los escasos recursos que juntó de sus dos mil compadres.

En todo este proceso, don José Luis se molestó conmigo y me advirtió (una y otra vez) que me comería mis palabras.

No fue así.

Mis pronósticos cotidianos se cumplieron, y él, con mucho enojo, tuvo que reconocer la brutal victoria de su contendiente.

Los meses pasaron, y un día que fui a Cuetzalan, su tierra, me lo encontré en un restaurante.

Ahí hablamos brevemente y limamos asperezas.

Incluso me confió que le había pedido una cita al ya gobernador Morales Flores para cruzar fichas en aras de saber qué personajes de su equipo lo habían traicionado.

Elogié su afán de sentarse con don Melquiades en el mejor de los términos.

Incluso escribí unas líneas en la revista Intolerancia sobre su inédito gesto.

Fuera de los agravios descritos anteriormente, no recuerdo otros.

No fui hipócrita con él.

Al contrario: me pasé de sincero.

Tampoco mentí sobre el fracaso de su precampaña.

Creo que fui de los pocos que escribió lo que verdaderamente estaba pasando.

Tampoco fui falsario.

El exceso mayor lo tuve cuando dije que metafóricamente se había convertido en un pollito rostizado.

Pero ésa fue simplemente una licencia poética.

Tengo, por cierto, el mejor de los respetos hacia su trabajo.

Pocos economistas serios y profesionales hay como él.

También me parece una gran persona.

El tema de la millonaria pensión no lo inventé yo.

Tengo como fuente a una de las personas más cercanas a su entorno amistoso.

(Pero no pienso revelar su nombre).

Dicha fuente no dijo lo que dijo con mala intención.

Digamos que soltó el trascendido sin ánimo de vituperio.

Y así creo haberlo hecho yo en mi crónica de los 90 años de don Manuel.

Con todo respeto, estimado don José Luis, le mando un abrazo cariñoso y le reitero mis más generosas consideraciones.

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