Denise Maerker le hizo a Julio Scherer Ibarra una entrevista muy superior en todos los sentidos a la que dio pie al libro “Ni venganza ni perdón”, maquilado (con todo y mano negra) por Jorge Fernández Menéndez: un periodista de origen argentino, mal lector de Borges y dueño de un antilopezobradorismo galopante.
(Dueño también de una residencia brutal y unos autos de lujo que ya quisieran muchos políticos).
Durante casi dos horas, la periodista de Televisa llevó a su entrevistado a todos los terrenos que quiso: terrenos fangosos, la mayoría.
Scherer le dijo a Maerker lo que no le dijo a Fernández Menéndez.
Y es que la periodista lo fue cercando hasta sitiarlo.
Una vez ahí, Scherer adoptó una postura física que denotaba incomodidad.
Como asombrado espectador de la entrevista, pensé que en algún momento el hijo de don Julio Scherer botaría la charola (con todo y cubiertos) y daría por terminada la entrevista.
Denise Maerker suavizaba en apariencia sus preguntas para no incomodarlo por completo, pero luego arremetía con dos elementos brutales de las buenas entrevistas: datos duros y elegancia.
En dos o tres momentos, “Julito” le dijo textualmente “estás mal informada, Denise”.
No fue suficiente.
La bien informada periodista le concedió esas expresiones para que respirara, en aras de que continuara con ese ritual de confesión pública.
Un cursi diría que ese ejercicio fue una partida de ajedrez.
Fue mucho más que eso: la extraordinaria entrevista tuvo dosis de esgrima, de buen boxeo clásico (el que combina la técnica con la dureza de los golpes) y de artes marciales.
(La fuerza y el ímpetu de Scherer fueron aprovechados por Maerker para lograr la máxima eficiencia con el mínimo esfuerzo).
En varios momentos, el exconsejero jurídico del presidente López Obrador se desequilibró y terminó confesando aspectos confidenciales de su exjefe (y al parecer examigo), entretelones palaciegos y desencuentros brutales.
Sin perder la forma, Denise Maerker lo llevó a la zona fangosa de los negocios privados y los acuerdos mustios.
También lo evidenció como un traficante de influencias.
(Sobre todo en la trama de Interjet).
Ufff.
El hipócrita lector tiene que ver la multicitada entrevista para conocer el lado más oscuro de quien terminó confesando (entre líneas sutiles, pero reveladoras) que López Obrador traicionó su amistad de décadas, y que eso le generó agravios tan hondos que tuvo que publicar un libro para exfoliar (eliminar, en consecuencia) las células muertas de su rencor.


