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miércoles, febrero 18, 2026

Mujeres de ciencia en acción: Lynn Margulis

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Rosalía Pontevedra

Lynn Petra Alexander realizó aportaciones fundamentales al conocimiento de la vida y su historia. No es tan conocida como el que fuera su primer marido, y padre de sus dos hijos, el astrónomo Carl Sagan, si bien la magnitud de su contribución a la ciencia es de enorme valor y trascendencia.

Propuso ideas sorprendentes en su momento (1960´s) con objeto de entender el origen de las células eucariotas; así, deberían existir vínculos cooperativos, simbióticos, entre bacterias y células procariotas. Intentó demostrar que mitocondrias, cloroplastos y otros orgánulos que habitan dentro de las células eucariotas descienden de organismos más simples que existían por su cuenta.

Era común entre los biólogos evolutivos creer que la principal fuerza de la evolución entre las especies es la selección natural darwiniana; Lynn no estuvo de acuerdo. La simbiosis también es un motor poderoso.

Fue una quinceañera avezada, pues a los 16 la aceptaron en la Universidad de Chicago y se graduó tres años después. Ahí conoció al carismático Sagan, con quien contrajo matrimonio. Sin embargo, la relación no duró. Sagan pretendía mantener a Lynn atada a sus deberes maritales y, prácticamente, obligarla a renunciar a su carrera profesional. Fue una condición inaceptable para ella.

Alguna vez confesó que no era posible ser buena madre, buena esposa y gran científica. Palabras duras a las que ella se encargó de hacerles honor. Concibió a sus hijos mientras cursaba el doctorado y hoy son personas decentes, propositivas con la sociedad. Ella perseveró y se convirtió en una excelente mujer de ciencia, llegando a proponer la Teoría de Gea junto con James Lovelock, según la cual la Tierra actúa como un solo, gigantesco organismo.

Lo que no pudo fue sostener el matrimonio, dado que los intereses eran opuestos. Intentó una vez más tener una pareja con el cristalógrafo Thomas Margulis, aunque las cosas tampoco marcharon. Zapatera, a tus zapatos.

Sus brillantes ideas fueron recibidas con escepticismo, su artículo fue rechazado una y otra vez. Pero el tiempo le dio la razón. En 1978 Robert Schwartz y Margaret Dayhoff demostraron en términos experimentales que, ciertamente, las mitocondrias provienen de bacterias, mientras que los cloroplastos descienden de cianobacterias.

Experta en genética y zoología, consiguió abrirse paso en un ambiente masculino. Sin embargo, nunca adoptó una postura quejumbrosa ni feminista. Reivindicó, eso sí, y sin ambages, su condición femenina y el valor intelectual que las mujeres han sumado al conocimiento científico.

 

Rosalía Pontevedra

Escritora de ciencia, radica en Madrid.

 

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