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domingo, febrero 15, 2026

El presidente de la SCJN que se desacomodó la columna

El presidente de la SCJN que se desacomodó la columna

Las y los ministros de la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación llegaron bajo una narrativa poderosa: acabar con los supuestos privilegios y la arrogancia que, según el discurso oficial, definían al pasado. Se prometió austeridad republicana, humildad y una justicia con “olor a pueblo”. Se nos dijo que la elección por voto popular inauguraría una etapa de sobriedad institucional.

Sin embargo, la realidad ha comenzado a desmentir el relato. Lo ocurrido el pasado 5 de febrero en Querétaro no fue una anécdota irrelevante. Fue una imagen que recorrió el país: el presidente de la Suprema Corte con las manos en los bolsillos y gesto impasible, mientras dos integrantes de su equipo se agacharan para limpiarle el zapato en pleno acto público. En política, las formas son fondo. No se trata del accidente de haber pisado algo indebido; se trata de la escena de subordinación virreinal que proyecta quien encabeza el Poder Judicial. La humildad no se proclama, se ejerce.

La disculpa posterior no cerró el episodio; lo agravó. Mientras el oficialismo intentaba minimizar el hecho, quedó claro que la “nueva Corte” no ha desterrado el privilegio, solo lo ha cambiado de manos.

Y mientras el presidente se preocupaba por el lustre de su calzado, en paralelo avanzaba un debate igual de delicado: la evaluación de jueces y magistrados. Tras múltiples errores exhibidos públicamente y una evidente fragilidad técnica en la nueva judicatura, el Tribunal de Disciplina Judicial activó los mecanismos de desempeño. Pero lo que debería ser un filtro de excelencia terminó siendo un examen de oficial administrativo.

El cuestionario que circula en las oficinas judiciales es, por decir lo menos, una burla al rigor. En lugar de medir la capacidad de ponderar derechos o de construir sentencias complejas, se les evalúa con preguntas de “llenado de libros”. ¿En serio se mide la calidad de un juzgador preguntándole cómo se capturan los datos en el SISE o el SIGE? ¿Se busca excelencia exigiendo memorizar el número de registro digital de una tesis (la 20216905, por si tenían el pendiente) o preguntando si las sesiones previas en los Colegiados están prohibidas?

Eso no es evaluar la capacidad de impartir justicia; es un examen de oficialía de partes.

Reducir la función jurisdiccional a saber si el notario es autoridad para efectos del ISAI o a recordar artículos literales de la Ley Orgánica es entregarle un “acordeón” a la mediocridad. Evaluar no es comprobar retención de datos que cualquier buscador de internet resuelve en segundos; es analizar si el juez puede resolver una colisión de derechos fundamentales con una motivación reforzada. Nada de eso está en el examen.

Así, el Poder Judicial enfrenta un doble desafío: conductas que proyectan soberbia en lugar de sobriedad, y evaluaciones que parecen simulacros de memoria para evitar el rigor técnico. La combinación es peligrosa. La justicia constitucional no se legitima con votos ni con cuestionarios de opción múltiple, sino con técnica, prudencia y ejemplo institucional.

Lo ocurrido en Querétaro desacomodó estas líneas, pero el vínculo es inevitable. Ambos temas están conectados por la distancia que separa al discurso de la realidad. Entre la narrativa de la humildad y la imagen del poder; entre la promesa de meritocracia y una evaluación que confunde el derecho con la burocracia.

No es cómodo señalarlo, pero es necesario. Porque reconozco que en el Poder Judicial de la Federación existen elementos muy valiosos, muchos años de carrera judicial, compitiendo de buena fe, y con base a estándares internacionales en los concurso de oposición para jueces o para magistrados, debo decir que en mi vida profesional encontré diferentes opiniones técnicas diferentes a la mía, había intercambio de puntos de vista jurídicos, pero había respeto, conocimiento y honestidad, mujeres y hombres que se preparan a diario, abogados, maestros, especialistas, doctores en derecho; que fungen como secretarios y dentro de su mundo de acción, son lo único que le da valor a esta Importantísima Institución.

Nota Bene: Mi Hipócrita Columna se publica los días jueves, pero en esta ocasión, tuvimos que esperar la mecánica, convocatorias y cuestionarios de la evaluación judicial, para corroborar que la simulación será la constante en estos temas… si no al tiempo….

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