
Los tiempos cambian y, pese a que culturalmente conservamos cierto romanticismo ante la idealización del amor eterno, también es cierto que en la actualidad la desmitificación de este concepto ha develado el lado oscuro de la interacción humana y el enorme reto de equilibrar nuestras individualidades para mantener relaciones sanas.
Inmersos en esta interesante y complicada realidad de un sentimiento con múltiples aristas, cada una de las inolvidables parejas que protagonizan este artículo tienen un común denominador: por más románticas que se consideren, ninguna tuvo un final feliz.

Frida + Diego
En 1925, enamorada de su primer amor, Alejandro Gómez Arias, la entonces estudiante de la Escuela Nacional Preparatoria: Frida Kahlo, viajaba acompañada por él cuando el autobús en el que iban chocó con un tranvía. Afectada de su pierna derecha debido a la poliomielitis que padeció de pequeña, este trágico accidente -por el que tuvo que someterse a al menos 30 operaciones durante toda su vida- la confinó a la cama, convalecencia por la que empezó a pintar.

Dedicó a Gómez Arias su primer autorretrato: Autorretrato con traje de terciopelo (1926), quien no obstante devolvió el cuadro a la pintora un año más tarde, antes de ser enviado a Europa por sus padres, separándolos definitivamente. Con el corazón roto y tres años después de su accidente, Frida conoció a Diego Rivera en 1928, quien ya gozaba de cierta fama tanto de pintor como de mujeriego. Él –22 años mayor que ella– quedó impresionado con el talento y belleza de la joven, por lo que se casaron en 1929.
Su relación estuvo marcada por la infidelidad -de ambos-, la pasión por el arte que compartían y el compromiso político al que estaban abocados. Durante esta década Frida además sufrió un aborto que imprimió una herida más a su vida, cuyo dolor plasmó en sus obras. Para 1940 la pareja decidió divorciarse, aunque volvieron a casarse al año siguiente.

Un año antes de morir, tuvieron que amputarle una pierna debido a una infección de gangrena, lo que detonó en la artista una gran depresión e intentó suicidarse un par de veces. Frida falleció en 1954, tras lo cual Diego escribió: “me he dado cuenta que lo más maravilloso que me ha pasado en la vida es mi amor por Frida”. Sus cenizas fueron llevadas a la Casa Azul de Coyoacán, donde ella nació.
Por su parte, el muralista guanajuatense se casó en 1955 con Emma Hurtado; no obstante, Diego falleció por cáncer en 1957, a los 70 años de edad. Sus restos descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Romeo + Julieta
El drama teatral y la obra más conocida y elogiada del escritor inglés William Shakespeare es, sin duda, una de las trágicas historias de amor más recordadas de todos los tiempos, pues no existe una persona que al preguntarle por algún relato romántico universal, no recurra en primera instancia a evocar a esta pareja de jóvenes enamorados.
Romeo y Julieta se conocieron en una fiesta, misma noche en la que se dieron cuenta que estaban hechos el uno para el otro, jurándose amor eterno con tanta pasión y entusiasmo que convencieron de ello a todos los asistentes. No obstante, sus familias -los Capuleto y los Montesco- resultaron ser rivales a muerte, un gran impedimento para su relación que los llevó a casarse en secreto.

Ante la oposición de sus respectivas familias, tras el encarcelamiento de Romeo por defender el honor de un amigo, los Montesco aprovechan su ausencia para intentar casar a Julieta con París. Esto desemboca en el trágico final que todos conocemos: ella se toma una pócima que la hará pasar por muerta durante 40 horas, lapso en el que fray Lorenzo, el sacerdote que los casó, deberá informar dicho plan a Romeo.

Sin embargo, el eclesiástico no puede cumplir con su cometido al ser puesto en cuarentena por una supuesta enfermedad, razón por la que el bienamado joven Capuleto no se entera de la treta realizada por su esposa y, al llegar a la tumba donde ella yace dormida, se toma un veneno mortal y le da un último beso. Cuando Julieta despierta descubre a su Romeo sin vida, por lo que toma la daga que éste portaba y se suicida enterrándosela en el corazón, muriendo a su lado.
Eva + Juan Perón
La emblemática pareja presidencial argentina se conoció en 1944 durante el festival que se realizó en beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan, en el tradicional estadio Luna Park de Buenos Aires. Su romance se hizo público de inmediato y se casaron en 1945, por lo que a sus 26 años Eva Perón se convirtió en la Primera Dama de Argentina, asumiendo un protagonismo hasta entonces nunca antes visto en el rol que desempeñó.

Así, no sólo acompañaba al presidente Juan Perón en sus giras, sino que también tenía sus propias actividades como atender a los gremialistas, aunado a que promovió el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de las mujeres, entre ellos el derecho al sufragio femenino. Gracias a ello, en 1950 alrededor de 2 millones de voces le pidieron que aceptara la candidatura a la Vicepresidencia, fuertemente resistida por varios sectores del poder.
En medio de un contexto político convulso, ‘Evita’ declinó con mesura, al asegurar: “No renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores”. Sin embargo, tan sólo un año después el pueblo argentino fue testigo del cáncer de cuello uterino que la afectaba, por lo que se veía una Eva claramente deteriorada y debilitada. Su última aparición pública fue el 4 de junio de 1952, día en que su esposo juraba por segunda ocasión como Presidente de Argentina.
Aquel día de investidura, la Primera Dama soportó de pie en un Cadillac descapotable para acompañar a Juan durante el trayecto entre el Congreso y la residencia presidencial, gracias a un rígido corsé de yeso y varillas fabricado para que pudiera mantenerse erguida saludando a las miles de personas que acudieron para verla pasar, así como a un aumento en su dosis de morfina.
El 26 de julio de 1952, Eva María Duarte de Perón falleció dejando a todo un pueblo con una profunda tristeza, de tal manera que se declaró luto nacional durante todo un mes. Por su parte, Juan Perón falleció en 1974 todavía como presidente, a consecuencia de un paro cardíaco. Sus restos fueron depositados en el mismo mausoleo en donde descansaba su amada, junto a todos los grandes funcionarios de la nación argentina.
Elizabeth de Baviera ‘Sissi’ + Francisco José de Austria
La historia de la emperatriz Sissi –hija de los duques de Baviera: Maximiliano y Ludovica-, no es como la pintan en las películas de una vida digna de la realeza. A pesar de tener una personalidad fina, culta y de un físico hermoso, fue precisamente su gran vanidad la que la llevó hacia su propia tumba. Lo anterior debido a que Elizabeth vivía obsesionada por el cuidado de su cabello y mantener una delgadez extrema, llevándola a caer en la anorexia.
Nació en 1837 y se casó a los 16 años con Francisco José de Austria -7 años mayor que ella- y quien, se rumoraba, estaba perdidamente enamorado aunque Elizabeth no le correspondiera de la misma manera. Incluso, Sissi llegó a estar de acuerdo en que su marido tuviera amantes, para que en ellas quizá encontrara el cariño y apoyo que la propia emperatriz nunca pudo darle.

De hecho, los pesares de su matrimonio fueron tales, que a los 57 años -más de 4 décadas después de casarse y tras procrear a 3 hijos- expresó: “Si una no puede ser feliz a su manera, no le queda más remedio que amar su desgracia”. Incluso, sus dos hijas e hijo le fueron arrebatados por su suegra: la archiduquesa Sofía de Austria, quien nunca aprobó a Sissi para su hijo y se dedicó a hacer todavía más insoportable aquella unión.
Además de tener que lidiar con la separación de sus vástagos, su primera hija murió con apenas 2 años de edad; por si fuera poco, otro de sus hijos se suicidó a la edad de 31 años, razón por la que la emperatriz cayó en una profunda depresión. Con una trágica vida a cuestas, Sissi murió a los 61 años cuando el anarquista italiano Luis Lucheni la asesinó en Ginebra, Suiza, clavándole una daga en el corazón.
Cleopatra + Marco Antonio
A los 18 años, con la ayuda de Julio César, Cleopatra se convirtió en reina de Egipto, además de su amante, quienes procrearon un hijo: Cesáreo. Tras el asesinato de Julio César en el año 44 a.C., ella dejó Roma para volver a Egipto y se dedicó a conquistar al nuevo emperador romano, Marco Antonio. Con él regresó triunfante a territorio egipcio en el año 36 a. C., durante el cual también se casaron y tiempo después tuvieron a sus gemelos: Alejandro Helios y Cleopatra Selene.
La unión enfureció a Octavio, pues Marco Antonio había rechazado a su hermana, por lo que dedicó los años siguientes a intentar destruirlos. Así, en el año 31 una flota conjunta de Antonio y Cleopatra fue aplastada por las fuerzas octavianas y, similar al trágico desenlace de los también célebres Romeo y Julieta, Marco Antonio fue informado que su amada había muerto al envenenarse. Bajo el pacto de “seguirse hasta la muerte”, él decidió acabar con su propia vida.

Cleopatra lo entierra con un inmenso dolor por la pérdida de su amado, momento en el que Octavio reaparece con aires de grandeza, quien no la mata debido a la importancia para su triunfo político de desfilar con ella proclamando su victoria. Luego del fallido intento por repetir la maniobra y seducir a su captor, éste último inmortalizó la frase: “Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado”.

Ante el rechazo y negándose a la humillación de seguir siendo parte de la victoria de Octavio, Cleopatra le mandó un mensaje para que su cuerpo fuera sepultado junto a su amado Marco Antonio y, ataviada con sus mejores ropas, la monarca egipcia se dejó morder por una víbora.
Josefina + Napoleón
Marie-Josèphe Tascher de la Pagerie nació en 1763, quien con apenas 15 años de edad contrajo nupcias con el vizconde Alexandre de Beauharnais, de cuya unión nacieron Eugenio y Hortensia. El aristócrata fue condenado a muerte por el Tribunal Revolucionario durante el llamado Reinado del Terror, mientras que ella tuvo que vivir encarcelada durante un trimestre. Tras un periodo de recuperación física y emocional, Josefina vivió con enfado y temor los intereses de su hijo Eugenio, de entonces 15 años, por la milicia.
Un buen día, el adolescente tuvo el valor de reclamar al entonces alcalde de París: Napoleón Bonaparte, la espalda que perteneció a su padre y confiscada por la Guardia Nacional durante una redada, lo que propició el interés del general en la madre de un joven tan leal. Sin embargo, en aquel entonces, en la capital francesa circulaba el rumor de que Josefina era amante del director Paúl Barrás, por lo que Napoleón prefirió dejar a un lado su amistad con ella y concentrarse en sus tareas militares.

Pero ante su ausencia Josefina le hizo llegar el mensaje de que lo extrañaba, por lo que reanudó sus visitas y se enamoró de inmediato; aunque Josefina no le amaba, se sentía fuertemente atraída por la gran personalidad de aquel joven 6 años menor que ella, mientras que él estaba cautivado por su belleza. Finalmente, se casaron en 1796, apenas un día antes de que el general partiera rumbo al frente italiano.
Antes de irse, Napoleón externó a su amada: “No pido amor ni fidelidad eternos, únicamente la verdad, una franqueza ilimitada. El día que me digas ‘te amo menos’ será el último día de mi amor o el último día de mi vida”. Pero los problemas de la pareja empezaron por las infidelidades del emperador francés, aunado a que vivía con el temor constante de ser abandonada por no haberle podido dar un hijo. Esta fue también la razón de que la familia de su esposo nunca la aceptara, situación que los llevó a divorciarse en 1809.
Tras ello Josefina se retiró al Castillo de Malmaison, donde falleció en 1814 por complicaciones de un resfriado mal tratado, en tanto que el Emperador se encontraba exiliado. En la víspera de su muerte, Josefina dijo que “la esposa de Napoleón jamás provocó una lágrima”. Sin embargo, al enterarse de su muerte, Napoleón se encerró durante días y comprendió que sólo el deseo de un heredero para Francia había podido fracturar su amor.



