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jueves, febrero 12, 2026

¿En qué nos hemos convertido?

¿En qué nos hemos convertido?

I

¿Cuándo se jodió la cosa?

¿Cuándo nos volvimos tan miserables o ¿Ya lo éramos, sólo que ahorita nos volvimos más hijos de la chingada?

¿Cuándo nos convertimos en seres tan despreciables y deleznables?

Algunas de las tantas preguntas que me han rondado la cabeza en estos días.

II

En días recientes, en redes sociales se filtraron videos y fotografías de la fiesta de cumpleaños de Natalia Suárez del Real —Delegada del bienestar en Puebla— y en seguida comenzaron, por diversos medios de prensa, supuestos influencers y perfiles de dudosa procedencia, una serie de ataques por realizar un festejo “megalujoso”. Le han apodado la Gatsby poblana.

En seguida, los comentarios como: “Es la protegida de Nacho Mier”; que “seguro se acuesta con algún político importante” y otras linduras y calificativos se multiplicaron como virus en las redes sociales. A la par, estas voces han exigido la renuncia o despido de Natalia, pues su comportamiento atenta contra los principios de “austeridad republicana” que AMLO creó a modo de dogma.

III

Esta semana, en las “benditas redes sociales”, se filtraron imágenes de la periodista Azucena Uresti —conocida por ser una crítica constante de las políticas de los gobiernos morenistas— donde se le ve tomando vino en compañía, supuestamente, de Ricardo Zárate Sepúlveda.

Políticos, influencers, perfiles dudosos y medios de comunicación identificados con la izquierda comenzaron una especie de campaña donde dan a entender que la periodista es una alcohólica y “la protegida, querida de algún panista”.

El objetivo: desacreditar sus opiniones políticas y, sí, de paso, dar a entender que es una periodista vendida, corrupta y algo peor.

IV

Cuando a Genaro Lozano se le anunció como Embajador de México en Italia, diversos medios de prensa, supuestos influencers y perfiles de dudosa procedencia realizaron una serie de descalificaciones más por su orientación sexual que por su forma de pensar. Se han metido con su forma de vestir y llevar su vida privada.

V

El fin de semana pasado, en el medio tiempo del Super Bowl, el cantante de reguetón o reggaetón: Bad Bunny ofreció un show en español y con una presencia importante de símbolos de identidad latinoamericana. Todo esto en un contexto muy complejo para la comunidad latina que habita en suelo norteamericano.

Las opiniones se han dividido, teniendo por centro la calidad del gusto musical, a favor o en contra del Conejito Malo. Si te gusta Bad Bunny, no tienes buenos gustos musicales, eres un inculto, naco y por tu culpa el mundo se está yendo al carajo. No gustarte Bad Bunny es estar del lado correcto.

VI

Son sucesos, aparentemente, sin relación alguna; sin embargo tienen mucho en común: el discurso de polarización político-social-económico y un extraño sentimiento/pensamiento de superioridad moral e intelectual sobre el otro.

Sin importar la bandera política a la que se pertenezca, de unos años para acá, el debate y la nota se han centrado en desacreditar al contrario basado en la forma de llevar su vida privada, sin importar el fondo de nada. Sólo funar por funar.

En el caso de Natalia Suárez del Real, Azucena Uresti y Genaro Lozano, se les ha atacado partiendo de su condición: dos por ser mujer y el segundo por pertenecer a la comunidad LGBTTTIQ+. Ambos lados ideológicos, izquierda y derecha, cayeron en la misoginia y homofobia. Me parece absurdo que las personas que militan en el bando opuesto a Morena se quejen de un discurso persecutorio por parte de AMLO y compañía; y cuando ellos pueden, repiten la acción con el contrario. Resulta incongruente y falto de lógica que la izquierda tenga prácticas misóginas y tendientes a la violencia de género, cuando una de sus banderas de combate es la equidad de género y el respeto a las mujeres.

Mientras que en el caso de Bad Bunny muchas son las personas que insisten en menospreciar el gusto musical basado en la sexualización del baile, en la “mala pronunciación o modificación del español” que hace Benito Antonio Martínez Ocasio o en otros aspectos. Como si la salsa, el tango, el kizomba, la bachata, la lambada no fueran y sigan siendo consideradas danzas muy candentes o sexuales. Como si el rock u otros géneros, en su momento, no hayan sido censurados e incluso satanizados. Los censurados de ayer son los censuradores de hoy. Y como el reggaetón nació en los barrios marginales de Puerto Rico, pues claro que puede ser todo menos arte o cultura.

En todos los casos existe una relación de poder donde tiene la razón quien más fuerte grita, el que más recursos económicos tiene, el que mejor se viste o el que cuente con algunos títulos o personas que legitimen su opinión.

VII

Las precampañas y campañas electorales están a la vuelta de la esquina y urge elevar el nivel de debate.

Urge que las críticas que otros políticos ejerzan contra sus similares se centren en el cumplimiento o incumplimiento de las promesas de campañas, en el manejo de los recursos públicos, en su desempeño laboral y un largo etcétera.

Los ciudadanos requerimos campañas políticas donde expliquen: ¿Cómo harán para cumplir lo que prometen? ¿Cuánto tiempo se tardarán en realizarlo? ¿Y dónde se originó la propuesta?; entre otra clase de preguntas.

Urge que los políticos, sin importar su partido y/o ideologías, trabajen en favor de todos y no sólo de las personas que votaron por ellos.

Nos urgen políticos que sepan conciliar y opten por construir un lugar donde todos podamos vivir plenos y felices bajo el marco legal adecuado y con la seguridad de que podremos desarrollarnos libremente como seres humanos.

Es necesario que los medios de comunicación expongan con pruebas y no por medio de rumores. Necesitamos más periodismo político de investigación y menos periodismo político que se parezca a “Ventaneando” con Paty Chapoy.

Urge que todos practiquemos y garanticemos el Artículo 1ero de la Constitución mexicana:

“Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

Es cierto que las “benditas redes sociales” han “democratizado” el acceso a la información, pero también, constantemente, violan la presunción de inocencia. Se castiga, se juzga y se funa sin pruebas o sin tener la película completa; sin escuchar la voz del otro. Pocos medios otorgan el derecho de réplica y menos son los que se disculpan cuando erran la nota.

Cualquier persona trabajadora, incluyendo políticos, tiene derecho a una vida privada y a disfrutarla. Lo que hagan con su sueldo también es su derecho, pues es producto de su trabajo. Lo incorrecto y lo que debe vigilarse, transparentarse, demandarse y juzgarse es lo que hagan con el presupuesto público.

VIII

Si algo nos ha dejado ver los diversos archivos liberados del tema de Jeffrey Epstein es que el poder puede enfermar a cualquiera sin importar la ideología. Y que el sistema en general está podrido.

Por ello es importante pelear y exigir que en todos los niveles educativos retornen las clases de civismo, ética, arte y que en casa se practique la espiritualidad.

La única forma de reconstruir este mundo es desde el amor.

Nada va a cambiar si al golpe lo respondes de la misma forma.

Nada va a evolucionar si al que erra moral o éticamente lo combates con castigo y sin un proceso restaurativo desde el amor.

La sociedad necesita abandonar los extremos y comenzar a encontrar las coincidencias para construir y reconstruir desde allí, siempre teniendo a la empatía como brújula.

IX

No sé ustedes, pero pienso que todos queremos vivir en un mundo, en un México, en una Puebla donde no estemos haciendo cuentas para saber si llegaremos a la quincena, donde todos tengamos acceso a la Salud, la Educación, la Cultura, el Deporte y el Entretenimiento de calidad sin importar la clase socioeconómica, donde no haya madres y padres buscando a sus hijas e hijos desaparecidos, donde cualquiera se sienta en plena libertad para amar sin juicio por su orientación sexual, donde la vestimenta no sea una forma de identificar al género, sino a la personalidad del portante, donde el rico no menosprecie al que tiene menos y éste último no piense que el otro es el enemigo.

Urgen derribar los estereotipos socioeconómicos-sexuales y aprender a vivir en la diferencia.

El daño más grande ha sido la homogenización y generalización de la vida.

Eso es a lo que deberíamos y tendríamos que aspirar.

X

Por ello, a mí me encantó la frase que Bad Bunny proyectó en las pantallas del Súper Bowl: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.

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