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lunes, febrero 2, 2026

La historia como clave del Humanismo mexicano, Celina Peña y Fritz Glockner

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La historia de manera personal construye e inventa nuestra memoria. O, dicho de otra forma, selecciona, antologa los olvidos y recuerdos de nuestra vida y le dan sentido a nuestro rostro, pero también a las arrugas. Con voluntad o sin ella todos somos beneficiados o afectados y podríamos afirmar que toda relación que tenemos se encuentra en armonía con las historias que compartimos. Sin embargo, cuando la hacemos parte de nuestra vida y, más aún, como parte de nuestra profesión –como acto de fe–, nos obliga a comprender de manera más amplia nuestra circunstancia y sobre todo proporciona una especie de sello de antigua que es manifiesta en nuestros actos y pensamientos.

Tiene la historia una condición interesante, nos descubre a personas aun sin conocerlas y en esto no hay límites. Podemos amistarnos con ellos más allá de la presencia.

Esto acontece aun cuando nunca la hayamos comprendido así, ahora imaginemos que hacemos de ella parte de nuestra vida y la estudiamos. Resultado: vemos todo de diferente manera, yo creería que hasta podemos vivir plenamente la vida, en el sentido antiguo, como exigía la condición política.

Sin embargo, es complicado escribir cuando la admiración y cercanía por sus actos, que sabemos desde el pensamiento antiguo, es la única manera de mostrar lo que realmente somos y ahora lo hago porque de esa manera se puede comprender la dimensión política, en este caso, de un par de nombramientos, dentro del gobierno poblano. Ambos unidos por un elemento, en cierta manera, extraño dentro de la clase política: ser historiadores, pero antes, ser buenas personas, que, aunque muchos dirán que desde el florentino crearon el mito sobre que deben dividirse, en el fondo sabemos que nunca pasará. Diferentes caminos de una dirección única.

Sobre la historia, el humanismo mexicano concibe sus bases, y es ella quien otorga sentido al presente, pues aprende a mirar no solo la Soberanía y el interés de poner los ojos en el bien nacional, sino que, en su práctica, aunque es el camino difícil, se empeña en el conocimiento y sus esfuerzos.

Celina Peña actual secretaria de Ciencia y Tecnología y Fritz Glockner, recién designado secretario de Cultura, son muestra, no solo de su trabajo de años, en pro de la cultura sino en su puesta en escena; la dra. Peña desde sus estudios regionales sobre el Complejo Hidroeléctrico de Necaxa y otros aspectos del patrimonio industrial, además de su inquietud natural, tanto por la cultura como la comunicación y su divulgación, así como su vocación por la docencia y sensibilidad abierta hacia las artes; mientras que Glockner, integrante de una genial familia y su preocupación por la cultura y la crítica. Con preocupaciones sobre la memoria histórica y desde ahí perfila su experiencia familiar que proporciona una postura muy clara: la defensa de los derechos humanos, la crítica a la impunidad, y el rechazo al olvido oficial. Para él, la memoria, lejos de ser una nostálgica recolección de datos: es una obligación moral hacia su familia y hacia miles de familias parecidas.

Escritores en ambos casos, apasionados por los libros, el patrimonio, la divulgación cultural con sentido humano: ambos saben que son clave en la construcción de un proyecto tanto estatal como nacional.

Ambos intachables servidores públicos poseen su mirada sensible, conciben la historia como una manera para conservar conocimientos, que otorga sentido a éstos, conocen la ruta para generar identidad e imaginar futuros posibles.

Cuando pensamos que por sus obras se conoce a las personas, estamos pensando en la forma cómo se conectan con la cultura viva y que implica varias cosas, entre las que alimentan la investigación científica, influyen en políticas públicas, que sin duda fortalece a las identidades y genera pensamiento crítico: el trabajo de Celina y Fritz no es la historia como pasado muerto: es energía social. Es real Humanismo mexicano puesto en práctica.

Quizás ambos podrían pensar en Benjamin cuando piensa que “la historia es un conjunto de narrativas interconectadas”, sobre las que debemos de caminar y creo que la dirección es la correcta.

 

 

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